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Cuando los payasos ríen (y lloran)

El Cuervo publica las crónicas del  autor boliviano- español Álex Ayala.

La crónica de Álex Ayala 'Ser payaso'

La crónica de Álex Ayala 'Ser payaso'

La Razón (Edición Impresa) / Alejandra Hübner - literata

17:00 / 07 de agosto de 2019

Cuando conocí a mi esposo me llamó la atención (y enamoró) una canción que había compuesto con unos amigos cuando era adolescente. El personaje principal de sus líricas era nada más y nada menos que el payaso Cosquillas o Cosqui, miembro del elenco estelar del programa Sábados Populares que se emitía en RTP. La canción trataba (y en gran medida lo lograba) de poner en evidencia la vida repleta de tragedias de un payaso que tenía que salir a trabajar todas las mañanas en medio de la infinitamente deprimente vida que le había tocado solo por ser payaso. La crónica de Álex Ayala Ser payaso es cosa seria que nos trae la editorial El Cuervo plantea la misma temática: los payasos son en Bolivia un gremio olvidado por la sociedad y por el Estado. El texto parte de la premisa de que como grupo social los payasos no son tomados en serio, literalmente, su trabajo no es apreciado ni remunerado de manera justa y no cuentan con ningún tipo de beneficio o seguridad social por realizarlo. La vida de un payaso es, sin duda, una llena de sacrificios y obstáculos. Ayala nos pone la situación en escena a través de una larga lista de payasos urbanos, hombres y mujeres que han dedicado sus vidas, muchas veces desde niños, a este no siempre grato oficio. El libro es entretenido y rico en anécdotas y detalles sobre la vida de sus protagonistas. La crónica se divide en 38 capítulos que sin problema alguno pueden leerse individualmente. Cada uno de ellos ilumina uno o varios aspectos, ya sea de la vida de algún payaso en particular o de la historia de la risa y el entretenimiento.

La desgracia del payaso parece ser un tópico recurrente. Nudito Crocante, uno de los entrevistados, afirma que “a veces, los que nos contratan desprecian a los payasos antiguos”, poniendo en evidencia la fragilidad de una carrera o vocación que sigue esos pasos. La canción de la que hablaba al principio tenía un corillo pegajoso que decía “te hago reír, te hago reír, pero lloro por las noches...”. De manera similar, el texto pone en evidencia la precariedad, la miseria y la dureza de la vida de los payasos e incluso menciona una película india (Mera Naam Joker, 1970) cuya trama es la sucesión de infortunios que acaecen en la vida payasil. La crónica de Ayala es precisa en dos objetivos: presentar a cada uno de estos protagonistas, nombrarlos, hablar de cómo y por qué se convierte uno en un payaso y, a través de estos relatos individuales, construir un panorama general acerca de una situación histórica concreta. Es también lo que mueve al autor a presentarnos en un par de capítulos el contexto histórico en el cual surge la figura del payaso. Hace esto para resaltar este caso en particular. El texto se detiene en las descripciones de los espacios en los cuales estos payasos paceños y alteños (y Pestañitas en Cochabamba) se mueven para que el lector no pierda de vista la especificidad del escenario en el cual surge esta crónica. Se dan algunos detalles de las miradas de los payasos, se nombran algunos objetos significativos que Ayala ve en las muchas veces diminutas y recargadas habitaciones que visita. El contraste entre la actitud de los entrevistados y la situación económica y social en la que se desarrollan sus vidas es un punto que el autor no se cansa de señalar. En algún momento un payaso entrevistado le dice al autor que tiene campo de sobra en su cuarto para guardar todas sus cosas mientras éste informa a los lectores que el espacio era más que minúsculo.

Ayala no es un simple entrevistador y testigo que amasa informaciones para transcribirlas, es también un miembro del público al que entretienen estos payasos. Por un lado, asiste a varios eventos y es también, mientras entrevista, partícipe de los actos y chistes de su objeto de curiosidad. En sus encuentros es como si los payasos siempre representaran un papel, pues en todas las anécdotas los payasos se comunican en gran medida con chistes. También nos da referencias lectoras sobre el mundo de los payasos y cómo se los ha percibido históricamente y en el presente. El hilo que une todo viene a ser, otra vez, el hecho de que la salud no es un derecho para los payasos sino un castigo. La crónica se abre así con el relato del accidente que tiene un payaso llamado Perchita cuando, en plena fiesta de cumpleaños, se cae y se rompe el húmero. Ayala le llama en algún momento “historias dramáticas” a los relatos de los que es testigo. En efecto, uno puede encontrar en todas las vivencias de estos sujetos la recurrencia de la orfandad, la pobreza, el trabajo infantil. Podemos preguntarnos por qué la mayoría de los payasos entrevistados crecieron en la orfandad o por qué tantos tienen deudas médicas, lo que nos lleva a preguntarnos por la sociedad boliviana en general. Los payasos aparecen como un grupo particularmente anacrónico, se reúnen en sus propios bares, comparten y se copian sus bromas, intercambian narices, pero también se mueven por una lealtad, honor y pasión muy pocas veces vista en otros grupos sociales. Es el caso, por ejemplo, de los payasos que vendieron gelatinas para ayudar a Zalapín, el payaso con un tumor en el brazo. “El hábito no hace al monje pero sí al payaso”, asevera Miguel Chávez, más conocido como Pinturita. Y, en efecto, Ayala busca mostrarnos cómo se hace y vive un payaso. Además reflexiona sobre el futuro de los payasos en la actualidad, menciona brevemente otras vertientes actuales en la figura monstruosa, atemorizante y peligrosa de los pares de nuestros maquillados entrevistados.

Ser payaso es cosa seria nos enseña acerca de la infinita imaginación de los payasos bolivianos para sobrevivir en un medio no siempre amable ante sus bromas, cantos, disfraces y ocurrencias. La crónica hace visible a un grupo muy unido de individuos que dedican sus vidas y encarnan en su día a día a personajes alternos que muchas veces se sienten más reales y honestos cuando usan zapatos gigantes y ropas chillonas. Y nos muestra, como diría un personaje de la película de Charles Chaplin Limelight (1952), que es un negocio triste el ser gracioso.

Evento

El Cuervo

El cronista Álex Ayala Ugarte presentará su libro Ser payaso

es cosa seria el jueves 8 de agosto en la sala Rubén Vargas a las 20.00.

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