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Tu me manques

El alegato de Bellot —opina el autor— toca las fibras íntimas del espectador

Escena del film 'Tu me manques'

Escena del film 'Tu me manques'

La Razón (Edición Impresa) / Pedro Susz - crítico de cine

00:00 / 04 de septiembre de 2019

La reivindicación de la diferencia, específicamente la defensa homo del derecho de cada quién a optar por la identidad sexual de su preferencia asomaba ya, todavía con cierta timidez, en una de las tres historias entrelazadas en Dependencia sexual (2003) la ópera prima de Rodrigo Bellot. Aquel trabajo del todo atípico en la producción fílmica local exhibió por lo demás las virtudes del realizador para la puesta en imagen, al igual que las fragilidades de su tramado dramático. En la oportunidad, resuelto a entrarle al asunto sin medias tintas es como si Bellot hubiese tomado no solo la decisión de salir con toda franqueza del clóset, sino hacerlo con un volapié a la puerta del mismo a modo de provocación a un entorno todavía acalambrado con la temática LGTB, según dejan constancia las periódicas agresiones a quienes tienen la osadía de hacer públicas esas sus orientaciones sexuales. Cabe recordar que el propio realizador fue víctima de una brutal agresión física en La Paz en 2009.

La sinceridad se agradece siempre, claro que sí, aun cuando deba desconfiarse en principio de cualquier relato precedido de la muletilla: “inspirada en una historia real”, etiqueta recurrida demasiado a menudo a guisa de paraguas antes de la lluvia, como si cualquier yerro narrativo quedase de antemano excusado con la coartada de echarle el fardo a la siempre zigzagueante realidad. Por añadidura, en la ocasión, pudiera presumirse que la advertencia está apuntada a poner atajo a cualquier tentación por parte del espectador, o del crítico, a incurrir en el pecado de incorrección política.

Inspirada en vivencias propias del realizador y de amigos cercanos, la génesis de este proyecto centrado en la historia de Gabriel, su avatar, fue originalmente materia de la breve pieza para las tablas escrita por Bellot respondiendo a una invitación del director de teatro Eduardo Calla, resuelto a conjuntar varias propuestas dramatúrgicas bajo el título de Excepciones: 12 reglas de amor. La obra fue estrenada en 2014 con inopinado suceso de público y elogiosos comentarios.

Desde entonces, hablamos de un quinquenio, Bellot perseveró en la idea de convertir aquel manifiesto autobiográfico en materia de una película, a cuya estructura narrativa terminó incorporando la recreación de la puesta en escena teatral a modo de uno de los ejes en torno a los cuales está articulada esta reflexión concerniente a las dificultades humanas para zafar de moldes y prejuicios heredados, máxime cuando el contexto engorda estos últimos dando a entender que cualquier cuestionamiento a los primeros amenaza echar por tierra con todas las certidumbres a las cuales necesita aferrarse para dejar intactos todos los paradigmas sobre los que sustenta su ordenamiento.

Un tenso intercambio de acusaciones, vía digital por supuesto, pone de inicio sobre el tapete la médula argumental del filme. De un lado, Jorge, tipo de tener y padre de Gabriel, interpela a Sebastián, pareja de este último, haciéndolo responsable de la reciente muerte de aquel —después se sabrá que fue suicidio—. En verdad está más preocupado por las abolladuras que algunos mensajes de Sebastián en el Face podrían provocar en la imagen, la honorabilidad familiar. Por el otro, desde Nueva York —donde Bellot pasó parte de su juventud—, el interpelado devuelve gentilezas pasando factura por la negativa del acongojado progenitor a admitir que en el fondo desconocía a su hijo y que las presiones familiares enraizadas en las suspicacias acabaron arrinconándolo contra las cuerdas.

Jorge no ha sido empero indiferente a las invectivas de Sebastián. Decide emprender una suerte de viaje iniciático al encuentro de ese retoño al cual, la duda ha quedado sembrada, efectivamente desconocía. Es una inmersión, desprovista de toda sorpresa dramática y con un resultado-final predecible, en los ambientes frecuentados por Sebastián, abriendo espacio a una variopinta galería de personajes que en primera impresión podrían gestar el rechazo, pero a quienes, luego de intimar, se acaba no solo aceptando, en algunos casos inclusive admirando, tal el caso del cura que perfora unas cuantas de las aprensiones de Jorge a pura cita bíblica.    

En sus mejores momentos, Tu me manques se sostiene en el lenguaje gestual, pero como si Bellot desconfiase de la densidad emocional de tales secuencias rompe a cada momento el clima incluyendo innumerables diálogos sobrecargados de impostación didáctica.

Podría en principio sospecharse que algunos malabares formales: el desdoblamiento de Gabriel en múltiples personajes, afecten la contextura del relato, pero en cambio terminan fortaleciendo la puesta en imagen, enriquecida, asimismo, por el óptimo trabajo fotográfico de Noah Greenberg así como por la no menos ponderable tarea de montaje encargada a Rafael Bergamaschi. Ni se diga la banda sonora de Julia Kent, de lo mejor oído de buen tiempo a esta parte. Los tres recursos técnicos contribuyen significativamente a espesar y tensionar el  abordaje de un argumento en modo alguno exento de escollos. Por lo demás, la deliberada crudeza de ciertas escenas focalizadas en la relación entre los amantes se justifica por la necesidad de arremeter contra el negacionismo impostor de quienes asumen que no hablar de un reto basta para eliminarlo.

Desde luego amerita subrayado especial la faena interpretativa del experimentado actor argentino Oscar Martinez en el rol de Jorge, orillando la sobreactuación en algunas instancias, riesgo gambeteado en base a su dilatada experiencia, que le permite llegar al límite sin resignar en ningún instante credibilidad, ni comprometer la empatía buscada por ese hombre encarado a una revisión a fondo de las certidumbres que hasta entonces, al igual que buena parte de la platea —de la sociedad entera en verdad—, tenía por absolutas y en su áspero autoaprendizaje para entender que los demás son como son resultando un desatino mayúsculo, trágico en definitiva, pretender que sean como nosotros quisiéramos que fuesen.

La presencia de Rossy de Palma, una de las “chicas Almodovar” no es tampoco tan solo un homenaje al director manchego; su presencia en pantalla —más bien breve— y la figura que compone tienen un efecto catalizador en momentos clave del relato, en los cuales da la réplica justa para mantener, o recuperar, el equilibrio. El resto del elenco —se advierte un muy cuidado proceso de casting— mantiene la parada no obstante las ya anotadas demasías en algunas réplicas; se apuntó, innecesariamente enfáticas y/o embebidas de un afán esclarecedor propiciado, pareciera, más por las vacilaciones del realizador que por las necesidades dramáticas de la narración.

En ese “resto” sobresale el actor cochabambino Fernando Barbosa. Su Sebastián, criatura clave a la hora de enfrentar descarnadamente a Jorge con las interrogaciones que flotan en el dolor abismal de la pérdida, nombrado por el curioso título adoptado de un galicismo a objeto de connotar en todo su alcance el vacío sobreviniente a la ausencia, así como con el imperativo, para sobrevivir, de la redención de sus faltas, mantiene a lo largo de la trama, una fuerza mechada de ternura, imprescindible para ahuyentar el estereotipo en favor del espesor humano del personaje.

Que el alegato de Bellot toca las fibras íntimas del espectador, a tiempo de zarandear sus pruritos, pudo constatarse escuchando las risitas nerviosas de la esmirriada platea en la función a la que me tocó asistir, repetidas, presumo en todas las demás. Era, adicionalmente, la validación de que el obstinado esfuerzo de su cine para abrir espacios a cuestiones todavía clandestinizadas tiene sentido en tanto hace las veces de un espejo que nos replica la cabal imagen de nuestra desfigurada compostura, reticente empero a enfrentar tales realidades tercamente vigentes, así nos emperremos en asordinarlas, o en descalificarlas para no plantarles cara.

Ficha técnica

Título original: Tu me manques

– Dirección: Rodrigo Bellot

– Guión: Rodrigo Bellott

- Fotografía: Noah Greenberg

– Montaje: Rafael Bergamaschi

- Diseño: Avram Finklestein

-  Arte:  Alfredo Roman, Christopher Kelley

- Música: Julia Kent

- Efectos:  Iván Emilio Sánchez Álvarez

-  Foto fija: Jeong Park, Juan Pablo Richter

- Producción:  Kaolin Bass, Rodrigo Bellott,

Uri Bleier, George Chinchilla, Gerardo Guerra, 

Elisa Lleras, Rodrigo A. Orozco, Thomas Pierce,

Axel Shalson, Jayne Baron Sherman,

Ron Simons, Jack Turner Alvaro R. Valente

-  Intérpretes:   Rossy de Palma, Oscar Martínez, 

Fernando Barbosa,  Rick Cosnett,  Dominic Colón, 

Jose Duran, Ben Lukovski, Quim del Rio,

Patricia García, Ana Asensio, Angela Bilkic, 

Pamela Bruno Cronenbold,  Hugh Cha,

Dale Dymkoski, Max Emerson, Luis Gamarra,

Tommy Heleringer, Mike Heslin, Frank Huerta, 

Modesto Lacen, Steven Mendez, Dimitri Meskouris,

Nakai Mirtenbaum, Enrique Quintero,

Glenda Rodríguez, Robb Sherman,

Babak Tafti - BOLIVIA-USA/2019

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