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El legado cultural de los Mesa Gisbert

El archivo donado por la familia Mesa Gisbert contiene piezas de gran valor histórico y documental.

Los arquitectos e historiadores del arte José de Mesa Figueroa y Teresa Gisbert

Los arquitectos e historiadores del arte José de Mesa Figueroa y Teresa Gisbert Foto: Flia. Mesa

La Razón (Edición Impresa) / Ignacio Vera de Rada - escritor

00:00 / 13 de marzo de 2019

Los arquitectos e historiadores del arte José de Mesa Figueroa (1925 - 2010) y Teresa Gisbert (1926-2018) habían reunido a sus cuatro hijos, en 2001, para pedirles que cuando ellos murieran donaran los cuadros, las esculturas, los documentos, las fotografías que habían tomado y los más de 10.000 volúmenes que habían llegado a reunir en una larga vida de bibliófilos al Estado boliviano, en provecho de las generaciones estudiosas e interesadas en desentrañar nuestra historia y nuestra identidad en el arte. La noche del jueves 14 de febrero de este año, en una emotiva ceremonia llevada a cabo en el Museo Nacional de Arte (MNA), finalmente se hizo cumplimiento de aquella petición hecha en 2001.

El material bibliográfico causa fascinación no solo al amante de la historia y el arte, sino también al archivista y bibliófilo, y es que en esa ingente colección de libros hay joyas que valen tanto por la antigüedad del objeto en sí mismo, además de por la información que hay en ellas. Y para comprender mejor el valor de este legado, es importante conocer la vida de quienes construyeron y luego donaron este conjunto de bienes culturales a los bolivianos.

“Eran dos personas de un carácter muy fuerte pero que escuchaban, con las que se podía dialogar y que, al hablar, te enseñaban. Doña Teresa era muy analítica. Don Pepe, en cambio, un memorión”, recuerda con nostalgia la gestora cultural Norma Campos Vera, quien compartió mucho tiempo y de manera muy estrecha con ambos intelectuales. “Han sido dos grandes maestros en esto de la cultura en Bolivia. Todo lo que ellos hablaban y escribían, ya era material de una publicación”.

Fue así que criaron a sus hijos respirando cultura y arte y yendo de una iglesia a otra para estudiar las pinturas que había en ellas y tomar fotografías desde varias perspectivas.

Hasta 2017, Teresa Gisbert siguió recolectando material valioso como parte de una colección que había comenzado a formarse en 1954. Después de 63 años de paciente labor, el material ha sido preservado de la corrosión y el deterioro gracias al cuidado de Mesa y Gisbert.

Ambas fueron vidas dedicadas a la investigación y al estudio. “Estos dos grandes profesionales de la cultura boliviana se complementaban”, resume Campos. Y es que los dos eran arquitectos, historiadores e investigadores del arte. Se inmiscuyeron con la misma pasión en la defensa del patrimonio cultural y defendieron la preservación del material histórico. Él y ella fueron, para Campos, “los más importantes historiadores del arte de los siglos XVII y XVIII; hicieron una investigación profunda de las técnicas y procesos artísticos y revalorizaron las iglesias antiguas del área rural, donde había concentrada una riqueza valiosísima de obras, además de las iglesias en sí mismas”. Juntos dieron la forma definitiva al concepto de barroco mestizo.

“Ha sido un rescate de toda una vida”, agrega Campos refiriéndose al proceso en que se fue engrosando el archivo. “Es un material de consulta que ha permitido, tanto a profesionales bolivianos como extranjeros, descubrir muchas cosas de nuestra identidad”.

La escritora de literatura infantil Isabel Mesa Gisbert, hija de los historiadores, recuerda la importancia de este legado: “Me acuerdo que en 2001, cuando mi hermano Andrés que vive en Barcelona llegó de visita, mis padres nos reunieron (a los hermanos) para pedirnos que, cuando ellos murieran, donáramos al Estado el archivo y la biblioteca que habían recolectado a lo largo de sus vidas”. Isabel dice que ésa era una forma de retribución al país por lo que Bolivia había dado a la vida de ambos investigadores. No es exageración el llamar reliquias a las piezas de esta donación, pues incluye desde tomos de historia nacional hasta ejemplares raros de historiadores universales; desde libros de teoría iconográfica del arte hasta ensayos y tratados modernos de arte pictórico. La cantidad es oceánica. Y casi todos los elementos tienen valor tanto por su contenido informativo cuanto por su misma cualidad de objetos antiguos.

Cergio Prudencio, presidente del directorio de la Fundación Cultural del Banco Central (FCBCB), asegura que esta donación es importante porque “permite a estudiantes e investigadores acceder a todas esas fuentes que la pareja Mesa Gisbert acumuló a lo largo de su trayectoria de investigación y de estudio sobre cultura boliviana”. La donación es, también, un incremento al patrimonio de la FCBCB, que como institución tiene como objetivo el resguardo de capitales culturales. Prudencio informa que la FCBCB se encargó de hacer el inventario de todos los libros, fotografías y bienes culturales.

¿A quién le puede interesar el contenido de este legado? Isabel Mesa Gisbert afirma que la biblioteca no es una colección que tiene de todo, sino más bien que se trata de material de consulta especializado. Es una colección técnica, digámoslo así, que abarca temas de arquitectura, arte, antropología y algo de arqueología. Son aproximadamente 10.000 volúmenes los que han pasado a ser parte del patrimonio estatal.

“En cuanto a obras de arte pictóricas —indica Mesa—, mis padres tenían obras tanto coloniales como contemporáneas. Hay Holguines —obras de Melchor Pérez de Holguín (1660–1732)— hay pinturas de los siglos XVII y XVIII…”. La colección es variadísima, pues también hay pinturas sobre metal y dibujos de Gil Imaná (1933) y María Luisa Pacheco (1919-1982), entre otros.

Otros elementos importantes son los textiles, las cerámicas precolombinas, las esculturas y los retablos populares con imágenes de santos. En total, entre pinturas, textiles, cerámicas y retablos, se cuentan más de 260 piezas donadas al MNA.

Pero esta ofrenda cultural o legado investigativo de los Mesa Gisbert no estaría completa sin el archivo fotográfico. “Mi padre tomaba las fotos y las revelaba con un tío que teníamos, y eran ésas las que iban a los primeros libros de historia que escribieron”, recuerda Isabel. Las imágenes eran todas en blanco y negro. Son algo así como 30.000 fotografías. Pero además, la familia está preparando la donación de unas diapositivas a color, que más o menos contienen unas 15.000 imágenes.

Aunque los resultados que obtenga la sociedad gracias a esta donación los dirán el tiempo y los años, ya podemos entrever que será inmenso y provechoso. Un archivo, un repositorio, son siempre una piedra del cimiento que sostiene a la cultura de un lugar o de una sociedad, según el caso.

“En casos especiales —destaca Prudencio—, el investigador podrá acceder al material fotográfico en formato físico, pero la digitalización permitirá que el material esté disponible en el sitio web de la fundación”. Los investigadores podrán acceder fácilmente al material bibliográfico dado que, según Prudencio, “el Archivo y Biblioteca Nacionales Bolivia es seguramente el repositorio de mayor libre acceso en el mundo. Nosotros tenemos toda nuestra documentación digitalizada en nuestra página web. Eso sí, antes de subir el material, debemos completar los procesos técnicos (proceso de catalogación hecho por especialistas y expertos)”.

Así, el legado de los dos esposos ganadores del Premio Nacional de Cultura (1995) no se apoya solamente en sus indagaciones sobre el arte y la historia, sino en ese pequeño mar de objetos recolectados y salvados. José y Teresa son el punto de partida del concepto del barroco mestizo: la simbiosis y la mezcla. En este obsequio a Bolivia se incluye la imagen del apóstol montado en su caballo blanco, Illapa (dios del trueno), la Virgen Cerro, la sirena y el charango y una rica colección de libros en cuyas páginas se inscriben los anales de la patria y el sentido del pueblo que somos.

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