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¿Por qué hablar hoy de la imagen?

Se abrió el portal www.imagendocs.com, un espacio para la reflexión sobre lo visual en Bolivia y el mundo.

Cultura de la imagen en Bolivia

Cultura de la imagen en Bolivia

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

00:00 / 29 de mayo de 2019

Este mes nació Imagen Docs —www.imagendocs.com— plataforma de crítica y recursos para la producción de pensamiento en la cultura de la imagen en Bolivia. Mary Carmen Molina (crítica de cine y editora) y Sergio Zapata (crítico de cine y comunicador) son los editores de la plataforma, mientras que José Manuel Zuleta (diseñador gráfico y comunicador visual) es director de diseño y editor de contenidos visuales y Manuel Seoane (fotógrafo) edita la sección de ensayos visuales.Con la experiencia del portal Cinemascine y el programa radial La mirada incendiaria (Radio Deseo) el equipo promueve la escritura, discusión, difusión y articulación de imágenes, textos, obras, autores, pensamientos y procesos del cine y la cultura de la imagen en Bolivia.

Las discusiones se proponen desde la página web, el programa de radio, publicaciones sobre cine boliviano y la programación, organización y gestión de actividades para difundir el cine y las imágenes en Bolivia.

Acá, dos integrantes de Imagen Docs responden a la pregunta ¿por qué hablar hoy en Bolivia de la imagen?

Organizar y reorganizar las miradas

Mary Carmen Molina Ergueta

Hace falta deslizar el pulgar solo un poco a través de una red social para recoger, con un poder selectivo —a veces torpe, a veces muy preciso—, las imágenes que componen una realidad. Es un ejercicio cotidiano y, como todo ejercicio, moviliza una virtualidad que se sostiene en una ilusión: la realidad. La de ese momento, el del scroll de un usuario, pero también las realidades de los momentos que estuvieron antes y seguirán después, en la acumulación aglutinante de lo inmediato y la cadena de hechos a la que se encadena. La simultaneidad de las composiciones virtuales de millones de usuarios, todos ellos trabajando sobre terrenos lo suficientemente diferenciados y particularizados, se asientan en las imágenes y lo que se hace con ellas.

Reaccionar, por ejemplo, es un verbo que aparece con insistencia en las notificaciones de Facebook e Instagram, y que revela mucho acerca de las relaciones que establecen los usuarios con los contenidos que consumen, comparten o comentan, en su mayoría, contenidos visuales y audiovisuales. Así, ver una imagen se ha convertido —incluso cuando no hay marcas (likes, screenshots, inbox, etc.)— en reaccionar a ella, ante su presencia y, sobre todo, su aparición en la realidad que compongo. Todo este proceso de usos y virtualidades —alojados en redes sociales, plataformas de streaming, cine, publicidad y televisión— moldea identidades y relaciones a partir de las imágenes que nos convocan constantemente.

Este escenario es el más fértil para no mirar. O, a la inversa, este escenario es el más fértil para mirar entre las luminosidades que cruzan las imágenes, en lo que hay entre una y otra imagen, en lo que queda fuera de foco, fuera de campo, fuera, en lo que está oscuro, qué es lo que sucede ahí y sostiene, desvía, complejiza, expande o retrae todo aquello que circunda, que brilla. Mirar así partiría necesariamente de un punto, también fértil, en el que las imágenes no solo son vehículos —de sentidos, de conceptos, de emociones, de experiencias— sino composiciones, formas de organizar algo y muchas cosas, vehículos de las realidades que ellas mismas configuran para sí y para quienes reaccionan a ella y la transforman.

En el terreno concreto de las imágenes del cine y la producción audiovisual en Bolivia hoy, las composiciones interpelan por las condiciones no solo particulares y ambiguas sino, del otro lado, originales y poco susceptibles a ser replicadas, aisladas y cerradas, inquietas y expansivas. En la composición del relato histórico tradicional, caben con dificultad las carreteras paralelas a los modos de producción y circulación convencionales. Es difícil ver por fuera de una mirada que en la segunda mitad del siglo XX estableció la hegemonía en el sujeto y los modos de producción acordes a una clase social y sus diversos (muchas veces, opuestos) intereses. Es difícil porque en realidad no se puede y lo que hace falta es imaginar otras composiciones que encuentren en el cruce con la línea histórica ya trazada una tensión fértil y útil.

Montar las articulaciones entre uno y otro camino, los señalados y cuantos más sugiere la producción audiovisual en Bolivia en los últimos años no haría otra cosa que vitalizar la mirada crítica, esa idea con la que a veces todos nos llenamos la boca sin llegar a llevarla a obra. Y es justamente la manera en que se alimenta esta mirada crítica lo que nos interesa, como proyecto y como equipo. Circular de manera libre herramientas, en diferentes formatos, con temas y posturas diferentes, para abrir preguntas acerca de cómo organizar y reorganizar una mirada y varias miradas, y reaccionar, haciendo, a las imágenes.  

La visualidad

Sergio Zapata

Frente al desborde de las imágenes, que permean y circulan por la sociedad, modificando las formas de ver y las formas de ser visto, el estudio de una especificidad visual, como una ilustración, una pintura, un frame o una película puede ofrecerse insuficiente, pues las imágenes circulan por diferentes medios, plataformas y formatos.

Estos desplazamientos, conjuntamente el consumo de imágenes en diferentes dispositivos y soportes, van configurando un lenguaje, el cual puede resultar inaprehensible. En este contexto surge la premisa de pensar las imágenes, ya sea desde el archivo, la memoria, las relaciones mirada y objetos, agenciamiento de las imágenes, materialidad, modos de producción, consumo, etc., etc., además de ser atendidas por disciplinas, las cuales reformulan ciertos presupuestos para comprender las imágenes y sus relaciones. De tal suerte los campos institucionalizados de lo sensible intentan comprender el fenómeno, reinventando el museo, galerías, festivales y muestras entre varias estrategias que intentan pensar este presente desbordado e iconográficamente envolvente.

Pero la visualidad puede ser entendida como un objeto sensible en disputa, no solo por ser comprendido sino por su empleo y posibilidad semiótica y comunicativa; por ello, más que describir fenómenos e intentar valorarlas, las imágenes demandan y requieren ser atendidas como imágenes, en relaciones de exclusión, oposición e inclusión. De esa manera, se establecerían jerarquías disputadas por la hegemonía no solo de consumo sino del significante, privilegiando la mirada y la imagen como un problema cultural y social. Siempre orientados bajo la premisa de que la imagen, como la mirada que le dota existencia, es una construcción social, por tanto es susceptible de ser estudiada, analizada y resquebrajada en sus mismos cimientos.

La crítica de cine

La crítica de cine en el actual contexto no da cuenta del universo prolífico e incesante de producción de películas, sino que ofrece un panorama sobre las imágenes en el contexto cinematográfico y social. Este situacionismo debe comprender las condiciones materiales de producción y distribución e incluso consumo para poder comprender qué universo social y cultural configura la imagen película, y qué mirada se construye desde esas imágenes.

La crítica de cine, disuelta en las redes sociales o pertrechada en periódicos, reclama para sí un espíritu ilustrado burgués, que instrumentaliza el cine y sus imágenes para el despliegue de gestos espontáneos de sociología y antropología, más próximos al comentario de actualidad que a la crítica de arte. Haciendo artificios para no identificar uno de los problemas fundamentales del cine y de las imágenes en la actualidad, que es su pertenencia a un espacio, el de las visualidades.

El cine como un problema visual debe ser comprendido como un espacio de reproducción de códigos visuales, los cuales se adscriben a un sentido común de lo visual, por ello se asocia de manera diáfana con un orden y establecimiento hegemónico significante de lo visual.

Debido a ello el cine, como otros dispositivos narrativos visuales, habitan y coexisten en el interior de un régimen, que normaliza el código y los relatos a favor de una homogeneización discursiva. El cine en este contexto es un objeto y artefacto que reproduce y normaliza de manera masiva este orden visual hegemónico. Pero con el añadido de germinar gestos y acciones de resistencia, desde sus modos de producción, distribución e investigaciones visuales, de los cuales crítica y el estudio de lo visual intentan dar cuenta y testimonio.

El alien que nos ocupa habla con imágenes

José Manuel Zuleta - Diseñador gráfico

Hoy es casi imposible pensar en la creación y transmisión de información, de conocimiento, de nuestra memoria —y de casi todo fenómeno de interacción social— sin la incidencia del uso de la imagen. A finales del siglo pasado se cuestionaba que la cultura se volcara hacia lo visual en lugar de lo escrito. Era visto solo como un empobrecimiento de la cultura, que las nuevas generaciones —consumidoras excesivas de televisión— se estaban embruteciendo, que el conocimiento se limitaba a lo visible, perdiéndose la riqueza de lo verbal que puede describirlo todo. Actualmente el intercambio de contenido bimedia es multidireccional y tan vasto que la imagen se ha convertido en un recurso para economizar palabras. El intercambio de emojis, memes, gifs, videos, animaciones, etc. se ha vuelto una nueva forma de conversación; sintetizan y describen mensajes de forma muchas veces más precisa y elocuente que las palabras. Pero esta simplicidad de las imágenes es solo aparente. Las imágenes pueden hacer más sencilla la comunicación de un estado de ánimo, pero al mismo tiempo están significando cosas que pueden pasar desapercibidas; en ese tejido de todo lo que obviamos se pueden encontrar respuestas a preguntas más profundas. La polisemia se vuelve entonces un arma de doble filo y es por eso que su análisis y discusión son, no sólo necesarias, sino ricas y gratificantes.

El concepto mismo de imagen, ambiguo y multivalente, ha permeado a distintos sectores de la sociedad. Las marcas corporativas, que por su ubicuidad definen en gran medida la apariencia del espacio en que vivimos, se construyen en base a una identidad (tangible) que genera una imagen (intangible). Este ámbito de acción e interacción simbólicas es hoy uno de los principales bienes de consumo que definen el curso de la economía.

La tecnología —primero y principalmente la internet y luego los dispositivos móviles— han modificado las funciones y los modos de consumo de las imágenes. Ante tal cantidad de información, la imagen se ha vuelto indispensable para que algo pueda ser encontrado. Es con imágenes que estamos escribiendo la historia de este tiempo.

Pocos artistas supieron usar lo visual como una herramienta para entender y representar su tiempo como David Bowie. En una entrevista en 1999, refiriéndose a la internet y proyectando su impacto en la sociedad, dijo: “Creo que estamos en la cúspide de algo emocionante y aterrador”. Luego comparó a la internet con una forma de vida alienígena. Personalmente creo que es así, convivimos con esa red que está viva, su ADN son códigos y metadatos y su lenguaje es la imagen.

Es un privilegio poder trabajar en un proyecto como Imagen docs, compartiendo con personas con quienes nos une no solo la amistad e intereses, sino años de trabajo conjunto en el ámbito cultural, generando publicaciones y productos culturales, gestionando actividades, muestras y hasta un festival de cine. Cada quien enfocado en su área y juntos en inquietudes y delectaciones de las cuales salió este bocadillo que queremos aventar al alien que nos ocupa.

Ampliar la línea: otras narrativas de la imagen

Manuel Seoane - Editor fotográfico

Dentro de las muchas posibilidades de uso narrativo del mensaje visual en la fotografía, en nuestro medio local se ha explorado poco aun en aquellas formas más profundas y autónomas que nos permite tal narrativa. En definitiva, no se ha abordado esto lo suficiente.

El universo fotográfico nacional tradicional, en su mayoría, se circunscribe en básicamente dos grandes y bastante obvias ramas: por un lado la fotografía comercial, en su más amplio sentido, abarcando desde bodas, wawas estrenando pañales, graduaciones, funerales incluso, hasta llegar a las más altas esferas de la moda y la publicidad. En la otra esquina de este tronco está la fotografía periodística, en su sentido más tradicional, coyuntural, de marcada línea política y hasta cierto punto conservadora en sus propuestas y estructuras tanto estéticas como narrativas.

Si bien en el ámbito del arte, la fotografía sí ha tenido (y tiene aún) diversos momentos de exploración y profundización, la imagen capturada sigue siendo tratada por la mayoría de sus “usuarios” con un carácter más alegórico que discursivo en sí mismo.

Con la intención de romper esta línea, o más bien ampliarla, la propuesta de la plataforma Imagen Docs en su capítulo fotográfico es una apuesta a la difusión de aquellos trabajos que profundizan tal construcción del mensaje en la forma del ensayo visual. A través de dicha plataforma buscamos acercar a la comunidad visual boliviana a los autores que actualmente trabajan la imagen desde aquel lado más íntimo, más simbólico, quienes conciben el trabajo fotográfico como un cuerpo narrativo total e íntegro. El foco de tal plataforma serán pues aquellas historias que, fotograma a fotograma, se construyen y se “revelan” al lector, de principio a fin, ya sean historias documentales o ficcionales, de amores platónicos, o historias de personajes infames o de uno mismo, pero que posean una narrativa que se sustente sobre todo en la imagen misma.

Es en ese sentido que mi trabajo como editor tendrá más un carácter de curaduría y selección, donde pueda proponer e invitar a fotógrafos a compartir sus exploraciones visuales más personales, aquellas que los medios tradicionales no siempre reciben.

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