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Te esperaba ese arcoíris lleno de colores

Homenaje a la periodista, la defensora de la equidad de género y  la luchadora incansable; adiós, Sandra Aliaga.

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Flores - comunicadora y feminista

11:00 / 12 de diciembre de 2019

Déjenos vivir en paz en el mundo, ese es mi mensaje fundamental, respetemos la diversidad y olvidemos esos paradigmas antiguos que nos hicieron ver un mundo en blanco y negro, cuando el arcoíris está lleno de colores”, escribió Sandra Aliaga.

¿Cómo es posible? ¿Por qué ella? En un instante, la madrugada del lunes 2 se ensombreció, las redes se tiñeron de desconsuelo, sorpresa y expresiones de enorme cariño. Era inconcebible ya no escuchar la potencia de su voz, su optimismo, la intensidad de su pasión por todo lo que hacía y amaba, de sentir su compromiso de vida por una Bolivia inclusiva y con justicia social. Sandra, “la Aliaguita”  había partido a su arcoíris lleno de colores.

Sandra siempre fue un ícono; la conocí —de lejos— en los años 80 ya como brillante periodista y militante del  Partido Comunista, junto a su amiga y colega Zulema Alanes. Para entonces había desplegado parte de su adolescencia y juventud en la resistencia estudiantil contra la dictadura de Hugo Banzer Suárez, en la turbulenta década de los años 70.

En los 80, con el retorno a la democracia, Sandra, en medio de la conflictividad social, asumió la Dirección Nacional de Información. En una tertulia del Círculo de Mujeres Periodistas, al recordar ese pasaje de su vida, decía: “Era el tiempo de ese conocidísimo eslogan ‘Uneté a la UDP’, cuando el timón nacional estaba en manos de Hernán Siles Zuazo. ¡Qué despelote! ¡Pero qué privilegio al mismo tiempo! Algo parecido me ocurrió el año 2004, cuando el presidente Carlos Mesa me invitó a la Dirección Nacional de Comunicación”.

Pero los años 90 marcan un giro en la vida profesional de “la Aliaguita”, su amiga y colega Zulema Alanes recuerda: “Ya en la década de los años 90, frente a la clase política tradicional y de creciente apoyo a los políticos antisistémicos, postuló como candidata a diputada en las listas de Alternativa del Socialismo Democrático (ASD).  Fue la única vez que se sometió al escrutinio ciudadano para acceder a un curul parlamentario. Ante esa frustrada experiencia solía afirmar que ‘ellos se lo perdieron’ en alusión al conservadurismo del electorado que prefería optar por lo malo conocido que por lo bueno por conocer y que entonces no mostraba simpatía por las candidaturas de la izquierda popular”.

Y fue precisamente en la década de los 90 cuando conocí personalmente a Sandra y Zulema, ambas acababan de fundar el suplemento Equidad, un proyecto entrañable para Sandra del que recordaba: “Fueron años en los que nos dimos cuenta de que el país era mucho más que la vieja disyuntiva entre revolución y contrarrevolución; nos descubrimos plurales y diversos; años en los que comenzamos a escuchar voces profundas que venían del feminismo, reclamando una sociedad distinta”.

A partir de entonces, nuestros encuentros estarían sellados por el feminismo y ese arcoíris de colores, del que fue parte Elizabeth Salguero: “Conocí a Sandra en los 90, cuando fundamos la Red de Trabajadoras de la Comunicación e Información Red-Ada, dentro de ERBOL. Fue nuestra madrina y maestra; iniciamos el trabajo pionero de la comunicación con enfoque de género, llevando a cabo talleres en todo el país e informando desde nuestra agencia ‘ciberbrujas’. Desde allí fuimos forjando una amistad entrañable que duró más de dos décadas, llena de compromiso, feminismo, solidaridad, de muchas risas y alegrías”. 

De ese espectro luminoso también fueron parte feministas emblemáticas de los 90 como Diana Urioste, Ximena Machicao o Bertha Pooley, quien conmovedoramente exponía: “José Martí escribió ‘la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida’. Miles de recuerdos me vienen a la memoria. Conocí a Sandra en los años 90 cuando organizamos el Centro de Investigación, Educación y Servicios (CIES). Compartimos el sueño de construir una institución por la defensa de los derechos sexuales y derechos reproductivos. La vida nos llevó por distintos caminos, pero siempre se interconectaban (…) pretendíamos derrumbar muros de impunidad e ignorancia sobre los derechos de las mujeres”.

Ya en los 2000, en los albores de la Asamblea Constituyente, tuve el privilegio de trabajar con Sandra en el proyecto Presentes en la Historia: Mujeres en la Asamblea Constituyente, junto a Diana Urioste y Katia Uriona, entre otras colegas y amigas entrañables. Fueron años en los que compartimos también memorables encuentros con Ana María Romero, ya senadora, y con colegas de la Asociación de Periodistas y Círculo de Mujeres de La Paz; pero además, de esas memorables jornadas propiciadas por la Fundación para el Periodismo.

En el camino quedó un proyecto periodístico con Susana Rico, que ambas bocetearon horas antes de su partida. Susy recuerda: “¡Sandra, querida mía! Eres un regalo maravilloso de la vida, el del saber libre y poderoso, justo y profundo. Palpé y disfruté de tu claridad, tu compromiso con lo denunciante de opresiones vividas… lo palpé en cada ademán de nuestro último encuentro, en cada palabra, en cada escrito, en luchas contadas, compartidas y soñadas”.

Sandra escribió varios capítulos importantes en la historia de la Comunicación, en los avances de los derechos sexuales y derechos reproductivos, en la historia de los avances de los derechos de las mujeres. ¡Gracias, querida Sandra!

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