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El documental, retratar la realidad

Una revisión de la historia del documental, sus cambios de paradigma y sus nuevas formas de difusión.

Cine. Entre los precursores bolivianos están Jorge Ruiz (‘Vuelve Sebastiana’) y Jorge Sanjinés y Beatriz Palacios (‘Las Banderas del Amanecer’).

Cine. Entre los precursores bolivianos están Jorge Ruiz (‘Vuelve Sebastiana’) y Jorge Sanjinés y Beatriz Palacios (‘Las Banderas del Amanecer’).

La Razón (Edición Impresa) / Juan José Cabrero Rivero / Comunicador y catedrático

02:00 / 04 de abril de 2018

Desde sus inicios, la historia del documental está indisolublemente unida a la del cine; es más, el documental nace el mismo día que el cinematógrafo, el 28 de diciembre de 1895. De la mano del mismo, Louis Lumière que encarnaría la figura del mesías del género, no solo con su invento, sino también con el primer filme documental, el plano secuencia La Sortie des usines Lumière à Lyon.

Fue en torno a 1920 que se inició una especie de clasificación de las producciones cinematográficas que no se inspiraban ni en el teatro ni en situaciones fantásticas. El término documental apareció por primera vez en febrero de 1926 en una reseña del productor y autor cinematográfico John Grierson en el New York Sun, donde definió con este término el film Moana de Robert Flaherty. El origen de esta palabra se puede encontrar en el sustantivo “documentaire” que usaban los críticos franceses para hablar sobre películas de viajes.

Desde los años 30, distintas publicaciones de la época empezaron a hablar de forma más general sobre el documental haciendo referencia a un género.

En la actualidad, el documental es la expresión de un aspecto de la realidad, mostrada en forma audiovisual. La organización y estructura de imágenes y sonidos (textos y entrevistas), según el punto de vista del autor, determina el tipo de documental.

Si los hermanos Lumière fueron los encargados de sentar las bases de la relación del cine con el mundo: mirando a lo que tenían más cerca, Dziga Vértov y Robert Flaherty fueron de los primeros en adoptar el formato naciente. Cada uno lo hizo desde posiciones diferentes, pero siempre alejados de lo que años más tarde se identificaría como el noticiero televisivo o reportajes.

Robert Flaherty fue conocido como el mejor documentalista de todos los tiempos y se ganó este derecho, pese a filmar en medio de contradicciones, manteniendo su visión romántica de la relación entre ser humano y naturaleza.

Su primera obra, Nanuk el esquimal, la rodó dos veces, tras perder el material de años en un incendio en el laboratorio. Este accidente le abrió los ojos, y decidió no limitarse a registrar la realidad, para pasar a intervenir en ella más activamente, creando, a partir de materiales reales, una narración compleja. Flaherty sentó las bases de un cine documental alejado del reportaje de Tv.

Sus posteriores películas ahondaron en esa forma de trabajar y de concebir el cine documental más como una visión personal del autor que como un retrato objetivo de la realidad, tratando de representar la vida sin aplicar esquemas y juicios propios de la cultura occidental.

Dziga Vértov dio sus primeros pasos en la institución cinematográfica soviética en calidad de archivero y montando noticieros cinematográficos. Fue ante todo un artista y un experimentador. Mucho antes de recaer en el cine, trabajó el sonido y la radio, experimentando con collages sonoros, en busca de un montaje no necesariamente objetivo ni realista.

Vertov elaboro teorías cinematográficas en un riguroso manifiesto: Los Kinok (Una Revolución) en el cual ataca a la ficción y ratifica al cine como una reproducción superior de la realidad. Estas teorías son aplicadas en su película más celebre, El hombre con la cámara, donde muestra a través del ojo de un operador de cámara la vida cotidiana en una gran ciudad a lo largo de una jornada, parte de la idea era captar “la vida de improviso”. Esa obra supone una de las cumbres de la cinematografía por su experimentación formal y el manejo de un montaje acelerado y su movimiento del plano, en lugar de dentro del plano. Vertov sostenía que todo debía ser rodado sin que las personas supieran que eran filmadas, así éstas no condicionarían en ningún momento la espontaneidad.

En la década de 1930 se consideró a John Grierson como padre fundador del movimiento documentalista británico. Su importancia radicó en su calidad de productor, organizador y teórico cinematográfico, más que por su filmografía como director.

Grierson fue un convencido de que el nuevo medio cinematográfico podría llegar al gran público como instrumento de información y educación. Por ello fundo la Film Unit con apoyo del Gobierno británico, orientando la producción hacia un documental de tipo social, que pretendía indagar la situación de los humildes como nobles trabajadores de clase media y baja.

En 1934 publicó en una revista los principios fundamentales del documental, una especie de manual que ofrece ideas, como que un documental se basa en tres pilares: social, poético y técnico.

Nanuk, el esquimal’, de Robert Flaherty.

Géneros. El holandés Joris Ivens afrontó todos los tipos de documental: el género industrial, social, experimental, científico, político y bélico. Fue conocido como documentalista militante por dirigir sus producciones hacia el compromiso social.

A principios de los años 1970 se desarrollaron las rock-movie, que se relacionaban con el impacto de la música en las generaciones de esos años, lo que las convierten en testimonios históricos. Entre las más destacadas están Woodstock de Michael Wadleigh y Let it be de Michael Lindsay-Hogg, entre otras.

La aparición de la Tv y, décadas después, el servicio por cable replanteó la función y el lenguaje de este género, pues los autores en todo el mundo buscan una relación más personal con su obra, con estilos que los identifiquen.

Entre los más destacados están al alemán Win Wenders, que ha operado desde la ficción y de la realidad, identificando la importancia de la realidad vivida.

Werner Herzog, quien visitó hace unos años el país, es otro alemán que ha aportado a la filmografía documentalista mundial al elaborar un cine trágico y profundo que busca tierras vírgenes donde narrar sus historias.

El francés Claude Lanzmann es conocido por manejar el documental como testimonio histórico. Su filme Shoah es una obra sobre el Holocausto que por medio de nueve relatos elude los archivos del pasado para revivir la historia al día de hoy, como un terrible presente eterno que el hombre no puede quitarse de encima.

En los últimos años, el filme de investigación se ha comprometido en la profundización de temas y problemas de la sociedad occidental actual. Michael Moore es uno de sus representantes más conocidos gracias al surgimiento de los movimientos antiglobales. Sus documentales han estimulado el interés de los espectadores hacia los problemas de la sociedad capitalista de este siglo.

Bolivia. Nuestro país ostenta una larga y fértil tradición documental. Un claro ejemplo es el trabajo del realizador Jorge Ruiz, pionero del cine y documental boliviano, que con su obra Vuelve Sebastiana, en 1953, obtuvo el reconocimiento internacional.

En la década de 1980, el documental estuvo presente en los circuitos de exhibición cinematográfica. Las banderas del amanecer de Jorge Sanjinés y Beatriz Palacios, cerró en parte este periodo de relativa regularidad, lo que no quiere decir que desapareciera, sino que se trasladó al formato video para ser cultivado y desarrollado desde ahí.

En 1994, Viva Bolivia toda la vida de Carlos Mérida, un docu-ficción sobre la clasificación de Bolivia al Mundial, fue bien recibido por la crítica aunque su exhibición fue limitada, y es que el documentalismo era una actividad mantenida  por los videastas y muy alejada del gran público. A partir de 2007 es que vuelve a tener la fuerza de décadas pasadas de la mano del ecuatoriano Alejandro Landes y de Marcos Loayza, quienes en sus obras reflejan la política boliviana de esos años.

El nuevo siglo ha registrado un salto cuántico que se traduce en la multiplicación de producciones estrenadas en salas comerciales, todo esto consolidado gracias al cine digital, que ha traído cambios importantes para el audiovisual en general. Un cambio importante en la creación de documentales es que actualmente hay una convivencia entre las obras que narran o reflejan la historia política y las que prefieren las pequeñas historias de la población.

Hoy, la difusión del documental, tanto en Bolivia como en el mundo, ya no depende de las salas cinematográficas, sino que recurre a distintos canales de difusión como festivales, la transmisión televisiva (satelital, digital terrestre, pago por visión y señal abierta), la distribución editorial y los contenidos web.

El cambio más radical e inesperado, en términos de difusión, ha tenido lugar a través de internet, que ha permitido —por medio de plataformas como YouTube o Joost— subir documentales de distinta índole, siendo el cortometraje el formato más usado. Se trata de un auténtico fenómeno que tiene un potencial para la libre difusión en video que puede llegar a millones de espectadores.

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