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Una celebración, encontrarse para pensar

El pensamiento crítico y la formación son pilares del diseño gráfico. La Bienal del Cartel Bolivia se realizará del 20 al 25 de noviembre.

Una celebración, encontrarse para pensar.

Una celebración, encontrarse para pensar.

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Vega Camacho / Artista y diseñador gráfico

00:00 / 08 de octubre de 2017

Se habla de diseño, de creatividad, de inspiraciones, de lo bello y lo no tan bello. Se tiene —en general— una idea distorsionada de esta actividad, hoy reconocida e identificada como “diseño gráfico”. Se piensa en esta profesión como una más de las novedades de este siglo. En los pasillos de las escuelas se escucha hablar de “originalidad”, de “creación”, de lo “nuevo”, de “inventar”; como si habláramos de máquinas, de aplicaciones, de apps. El maestro J.J. Beljon afirmaba: “El diseño se encuentra en todas partes: cuando cortas una naranja, cuando oyes los latidos de tu corazón, cuando respiras, cuando miras la estela que deja un barco en la superficie del mar. El diseño lo puedes encontrar en la calle donde vives, donde nuestros antepasados nos hablan con el lenguaje de las imágenes, el lenguaje del hacer”.

Entender el diseño en su uso, en la experiencia de confrontarnos con nuestro entorno. Pensar y aceptar el diseño como un ciclo de interacción humana, el diseño desde la experiencia de quien lo vive, es decir, pensar en la gente.

Hablar de diseño hoy es también conocer, entender y dominar aquello que nuestros ancestros proyectaron. El saber de tipografía del siglo XV, su origen y desarrollo; de las expresiones pictóricas en general y de las vanguardias del siglo pasado en particular; de las técnicas de impresión y su constante innovación; es practicar geometría, composición y trabajar con números y cálculos —aquellos que ingresan a este oficio pensando en su liberación matemática, están equivocados—; se debe tener la curiosidad y la capacidad de investigación, no solo en el ámbito de la imagen —de lo visual—, sino en el ámbito de las ideas.

Así, el oficio de diseñar no puede ni debe limitarse a la capacidad y dominio de ciertas habilidades técnicas. Es ante todo un proceso mental, un “plan mental”.

“El plan total de diseño no es ni más ni menos que el proceso de relacionar todo con todo”, dice el autor. Por ello los diseñadores deben cultivar una amplia base de conocimientos y comprensión, en lugar de especializarse. “El diseñador debe, primero, quebrar radicalmente con aquellos valores que considera antihumanos”. 

¿Cómo lograr este pensamiento? ¿Cómo alcanzar esta actividad mental? Hace unos meses estuvo por Bolivia el director de cine alemán Werner Herzog, y a la pregunta de cómo consigue/encuentra sus imágenes, respondió entre otras afirmaciones: “Leer, leer, leer, leer, leer… las personas que no leen nunca jamás serán grandes cineastas”. ¿Y los diseñadores? Pues deben: leer, leer, leer, compartir y sobre todo entender que su labor va dirigida a la gente, quienes al final con su mirada y experiencia cierran el ciclo.

BICeBé

La Bienal del Cartel es una celebración, pero sobre todas las cosas es un encuentro, un compartir que diluye fronteras, nos aproxima a grandes referentes del diseño, permite un diálogo sobre nuestro hacer en estos tiempos. Me animo a decir que es una excusa para juntarnos y en el breve espacio de una semana confrontarnos con nuestras personalísimas maneras de vivir el diseño. Es una posibilidad de construir y poner ante las nuevas generaciones la dicotomía de las nuevas y las viejas “ideas”. No inventamos, estamos metidos en la tradición y trabajamos con lo que la tradición nos da. No seamos tan contemporáneos: no nos entusiasmemos tanto con la idea de que estamos todo el tiempo produciendo cosas nuevas cuando en realidad no hacemos más que repetir.

Para esta versión de la BICeBé se recibieron 6.400 carteles de 71 países, de los cuales se seleccionaron 320 finalistas en las cuatro categorías. Más que el dato estadístico, es importante resaltar la visibilidad y convocatoria alcanzada. Creo que esta gran respuesta se debe, sobre todo, a la idea de que no convocamos a un concurso sino a un compartir. A una manera de entender y hacer sin exclusiones, siempre con la mirada en los jóvenes y el entorno para el cual desarrollamos nuestro trabajo diario.

Soy un convencido de que estos encuentros nos permiten confrontar, refrescar y replantear nuestro hacer diseño. Un oficio que está más allá de un premio, de un reconocimiento, en fin de alcanzar algún tipo de éxito; porque las angustias y alegrías de ver nacer de cada plano gráfico, de cada garabato, un producto público debe ser el fin, comprendiendo que ese producto público es para la gente.

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