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El atractivo del mal

Drácula se ha convertido en un personaje universal que aún asusta y fascina 120 años después de que Stoker publicase su novela.

Bram Stroker. Foto: wordpress.com

Bram Stroker. Foto: wordpress.com

La Razón (Edición Impresa) / Juan José Cabrera / La Paz

00:00 / 16 de julio de 2017

Tres de cada cinco personas en el mundo entero han escuchado o leído sobre el vampiro Drácula. Dos de esos tres vieron las películas y el tercero leyó el libro, pero todos fueron asustados o fascinados por el mítico conde. La fascinación por el personaje se mantiene intacta a pesar del tiempo. Son 120 años desde que en mayo de 1897 el irlandés Abraham, “Bram”, Stoker escribiera Drácula, la más famosa de las novelas sobre el mito de los vampiros. ¿Qué tiene esta obra para atraer a millones de personas, para que se hable del personaje usando las palabras leyenda o mito?

La leyenda es una creación épica popular que utiliza elementos milagrosos o fantásticos para dar explicación imaginaria a un hecho real. El profesor de lengua y cultura Timothy R. Tangherlini afirma que la leyenda “es una narración tradicional corta de un solo episodio que refleja una representación psicológica simbólica de la creencia popular y de las experiencias colectivas y que sirve de reafirmación de los valores comúnmente aceptados por el grupo a cuya tradición pertenece”.

El mito es un relato tradicional que se refiere a acontecimientos prodigiosos, protagonizados por seres sobrenaturales o extraordinarios. Para el filósofo, historiador de las religiones y novelista rumano Mircea Eliade es una historia sagrada que narra un acontecimiento sucedido durante un tiempo primigenio. El mito proporciona la red de significaciones que explica el orden del mundo en su totalidad. Y, a decir de varios autores, no solo explica el orden del mundo sino también el desorden.

Para el escritor y profesor estadounidense Joseph Campbell, los mitos permiten explicar al sujeto su relación con las fuerzas del cosmos, y el papel que aquél juega en el universo. También sirve para explicar el orden moral del sujeto dentro de su grupo social y para confrontar al sujeto consigo mismo y explicar cuál es el significado de su vida. En el mito todo es interpretado como verdadero. A pesar de las diferencias que pueden existir entre leyenda y mito, ambas narraciones tienen como una de sus bases la imaginación y la referencia a lo sobrenatural.

Estos elementos permitieron a Bram Stoker construir una obra literaria de primera magnitud, sombría y de unas implicaciones expresivas tales que se han extendido por todo el siglo XX y hasta hora por lo que va del siglo XXI. Todo gracias a la plasticidad de la prosa de Stoker, que nos transporta con mucha precisión hasta los desfiladeros de los Cárpatos donde se levanta el decrépito castillo de Drácula. La escritora Tereza Sheláru afirma en su libro Drácula, el hijo del dragón que el personaje ficticio simboliza la atracción de lo prohibido, convirtiéndose en una figura simbólica clásica para los sentimientos reprimidos, específicamente de la sociedad victoriana de Stoker.

Vlad Dracul.

Aunque a veces parezca que Bram Stoker fue el creador del vampiro, el origen de esta criatura se remonta a tiempos inmemoriales. Los chinos, los babilonios y los griegos, entre otras civilizaciones, ya hablaban de monstruos que bebían sangre. En la antigua China se conocía como Giang Shi a un diablo que actuaba de esa manera, pero quizá se temía aún más el ataque del Kiang, un vampiro capaz de chupar la sangre de sus víctimas en tan solo unos segundos.

Autores clásicos de la Hélade como Virgilio, Plinio, Agripa, Herodoto, Homero o Aristófanes creían tanto en la existencia de licántropos como en unos seres espectrales emparentados con los lémures romanos (espíritus de difuntos) denominados empusas, que cambiaban de forma y que asesinaban niños para alimentarse de su sangre. En Las Ranas, Aristófanes describe una empusa que adopta aspectos tan diferentes como un perro, una mula o una voluptuosa dama. En la antigua Roma se temía la aparición de un vampiro volador llamado Strix, que sembraba el terror entre los campesinos. Los rumanos huían despavoridos ante la presencia siempre intuida del Strigoi, un ser repugnante con patas de cabra o de caballo.

Los aztecas rendían tributo al dios Huitzilopochtli con sacrificios humanos. Se sentían obligados a darle su corazón y su sangre como justa compensación por haber creado el mundo. Durante la Edad Media el vampirismo se relaciona con personajes reales o con sucesos e identidades míticas con algún trasfondo real. En muchos casos se enterraban personas vivas que estaban en un estado de sueño profundo y que luego, al despertar y sufrir un ataque de pánico como consecuencia de encontrarse encerradas en un ataúd, se rompían las uñas en un baldío intento de levantar la tapa y escapar. Las pulgas, también chupadoras de sangre, fueron consideradas seres vampíricos por la extensión de la gran peste negra.

Vampiros. En 1879 un joven irlandés interesado en el estudio del vampirismo y ocultismo se inscribió en la Sociedad secreta Golden Dawn (Albores Dorados), publicó artículos relacionados con el tema y decidió escribir una novela. Bram Stoker afirmó que la idea Drácula surgió en 1871 cuando por el profesor de la Universidad de Budapest, Hermann Arminius, conoció la historia de Vlad Dracul, príncipe rumano del siglo XV cuya leyenda de heroísmo y crueldad traspasó toda Europa.

También se dice que Stoker se basó en la figura de la condesa húngara Erzsébet Báthory (1560-1614) y, de hecho, ésta aparece como personaje en Drácula, el no muerto, secuela de la novela de Stoker escrita por su sobrino-bisnieto Dacre Stoker. La condesa Báthory creyó descubrir las propiedades rejuvenecedoras en la sangre, por lo que asesinó y torturó sin piedad durante diez años a más de 600 doncellas vírgenes, con el único fin de bañarse en su sangre.

Christopher Lee.

Pero los verdaderos referentes de Stoker descansan en la tradición literaria. Muchos años antes otros autores habían escrito sobre los no muertos chupadores de sangre, y el primer autor que se aproximó al mito fue Goethe. Su balada La novia de Corinto, de 1797, imbrica el cuento fantástico del vampiro en el romanticismo. John William Polidori —el médico de Lord Byron— escribió en 1816 su novela El Vampiro, cuyo protagonista es Lord Ruthven, un aristócrata enigmático y seductor que sin duda era un trasunto de Lord Byron, odiado y amado por Polidori. James Malcolm Rymer escribió en 1840 Varney el vampiro o la fiesta de la sangre. El poeta maldito por excelencia, Charles Baudelaire, también abordó el mito en La metamorfosis del vampiro.

La mayor fuente de inspiración literaria de Stoker fue su compatriota Sheridan Le Fanu, y, más en concreto, su novela breve de ambientación gótica Carmilla. Enmarcada en la colección Las criaturas del espejo, narra cómo la vampiresa Carmilla seduce a una joven dama, Laura, que le hospeda en su castillo, configurando una curiosa historia de amor lésbico.

Seducción. De estas fuentes nació la novela Drácula, que en sus primeras páginas insinúa la seducción horrorosa del vampiro. En un castillo decadente, rodeado de un paisaje invernal y solitario, en Transilvania, un país que Stoker nunca conoció, solo imaginó. Pero describió el escenario con tal habilidad que el lector se transportaba. La novela es contada con cartas y con diarios, es decir, está construida en torno a la escritura del yo y logra la credibilidad de los personajes. Entre ellos, el Conde que no se refleja en el espejo ni come en público y que lleva una rica vida nocturna.

También habla de las mujeres en la época victoriana, de sexualidad, de migraciones. Con este Drácula Stoker quiso poner en tela de juicio la razón, introduciendo un elemento sobrenatural y misterioso que trastocaba unas vidas confiadas en las bondades de la ciencia. Aprovechó del choque que había entre los avances científicos y la fe.

Desde su primera edición por la Constable & Co. de Londres, en 1897, la obra tuvo un éxito arrollador. Paradójicamente a Bram Stoker solo se le conoce por Drácula, cayendo en el olvido el resto de su producción literaria. Con La dama del sudario, su última gran novela, optó por repetir la fórmula, pero sin obtener el mismo reconocimiento.

La obra cumbre de Stoker ha corrido una suerte rara. Desde su primera edición no ha parado de imprimirse y de leerse. Pero fue desdeñada por los críticos como literatura marginal hasta 1983, cuando la Universidad de Oxford la incluyó en su lista de clásicos.

Drácula, de Bram Stoker, tiene una gran repercusión mediática que todavía cala hondo en la sociedad, 120 años después. Cuando uno abre sus hojas recibe la invitación para ingresar y creer en la ilusión de la inmortalidad, satisfacer el deseo subconsciente de poder ilimitado que busca el hombre o —como diría el actor Christopher Lee, el actor que interpretó más veces al sanguinario conde en el celuloide— “Drácula es un hombre de una inteligencia y de una fuerza física tremenda… es una reencarnación que nunca muere. Es una imagen de superhombre, con un atractivo erótico para las mujeres, las cuales lo consideran totalmente irresistible. En muchos aspectos es todo lo que a la gente le gustaría ser: el antihéroe, el malo…”.

  • Juan José Cabrera / Comunicador

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