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El otro aporte de ‘tu me manques’

El autor destaca que la cinta de Bellot se constituya en un ejemplo de cómo hacer del cine una industria

‘Tu me manques’

‘Tu me manques’ Foto: Londra films

La Razón (Edición Impresa) / José Murillo - abogado

00:00 / 18 de septiembre de 2019

Qué es ‘manques’? en francés significa me faltas, pero mucho, en lo más profundo, en el alma, tu ausencia me causa gran dolor. Quedó claro el significado y también el porqué la nueva película del director y guionista boliviano Rodrigo Bellott —filmada y estrenada en Estados Unidos— se llama Tu me manques.

Hace poco, un amigo me había comentado sobre este nuevo filme, pero también sobre su proyecto, que quiere replantear el cine boliviano estructuralmente; que además de arte sea ciencia, industria, comercio y finanzas. Modestamente, es lo que ya había reclamado a mis amigos cineastas. El propósito me pareció justo, necesario y fascinante. Rodrigo me confirmó este gran salto. Tu me manques ha cumplido el objetivo y con creces.

La cinta —de una inversión de aproximadamente $us 2,5MM— cuenta con una gestión gerencial eficiente y un modelo de negocio integral. El guion, basado en una obra de teatro escrita y puesta en escena por Bellott algunos años atrás, fue elaborado para una película que sería filmada con recursos suficientes para desarrollar una historia que sea tratada con solvencia, sustento y sobre todo sinceridad moral e intelectual. Y lo más importante, con un presupuesto económico que pague los costos del filme y también los de marketing, publicidad y promoción a nivel internacional. Que no espere que algún festival de cine le otorgue, milagrosamente, algún premio que ayude con algo de circulación en el exterior. Tu me manques ganó el premio al mejor guion en el festival de cine OUTFEST de Los Ángeles, que es importante pero no su única herramienta comercial.

La gran industria cinematográfica de Estados Unidos ha construido este modelo a principios del siglo XX y se ha puesto al frente, produciendo gran cantidad de películas de gran calidad, desarrollando tecnología, actores, músicos, escritores, productores, directores, abogados, banqueros y un sinfín de profesionales especializados. El cine en Estados Unidos es uno de los tres rubros de mayor importancia económica y financiera, superando al petróleo. Algunos países, con una realidad diferente a la del país norteamericano, han seguido este modelo, entendiendo el concepto del cine (como arte, ciencia, industria, comercio y finanzas) y han diseñado modelos a su medida. Tu me manques no es un hecho aislado, no es un acto único, pertenece a una empresa, constituida por algunos empresarios bolivianos en la meca del cine mundial. Desde allí se producirán filmes con rasgos universales bajo, principalmente, la dirección de Rodrigo Bellot pero también con otros directores bolivianos.

Lamento que en el país se piense todavía al revés sobre este concepto, es decir que debe ser el Estado el que financie al cine. Es como entrar a un matrimonio de conveniencia entre dos amantes perversos. De ahí salen malas películas por la natural exigencia de los políticos que directa o disimuladamente cobrarán factura. El vicioso círculo de la censura será el nido del cine. La otra opción es recurrir sin respaldo y casi siempre con una respuesta negativa, al sector privado, que es naturalmente renuente a inversiones improductivas. Lo lamento, porque la realidad y el concepto del cine es otro: ser una inversión segura y de alto rendimiento porque produzca una obra de valor integral, que conquiste, ilusione y sea fascinante, sin dependencia alguna. Y que lo haga con un sólido soporte empresarial. Solo así se pueden hacer buenas películas de manera sustentable y con posibilidades de mejoras continuas.

Tu me manques es perfecta cinematográficamente. No hay pasos en falso. Y lo que es mejor, no hay actitudes caprichosas, compromisos políticos, mensajes o banderitas manipuladoras de las que el cine nacional ha sido presa, desafortunadamente, por mucho tiempo, hasta llegar al oprobioso exceso de películas como Juana Azurduy. Con las disculpas del caso, pese al fuerte financiamiento gubernamental, no ha tenido respuesta en taquilla o ningún reconocimiento y su exhibición en muchos casos fue gratuita.

Tu me manques, en cambio, es claramente una obra limpia, hecha a la intemperie y en auténtica libertad. El éxito se lo dará el espectador, también porque su  plan de negocios ha trazado una masiva difusión en forma previa e internacional. Últimamente Eguino, Agazzi, Valdivia y Loayza han logrado recorrer positivamente buen trecho. Nunca antes un filme boliviano había tenido tanta oportunidad y capacidad de acercarse a competir internacionalmente por el Oscar.

La construcción de Tu me manques es prolija. Su desarrollo llega con solidez a un final bien puesto. El personaje de Gabriel es interpretado por varios actores, un recurso audaz. La elección y dirección de actores, acertada. Indudablemente, Oscar Martínez se destaca por la fortaleza con la que representa un mundo conservador que debe cambiar, aunque no pueda o no quiera. Fernando Barbosa así como Rossy de Palma hacen un trabajo estelar. Representan con valor, rebelión y sacrificio un mundo nuevo que no puede seguir siendo negado, por causa de la ignorancia y el miedo parecido a la estupidez, que está lleno de crueldad.

La homosexualidad es una innegable realidad que no se ha tratado adecuadamente, con algunas excepciones. La sociedad en Bolivia es primitiva en este tópico, pese al amor de la familia y los amigos, los homosexuales se ven obligados a emigrar en busca de sociedades abiertas donde vivir con más plenitud. El padre de Gabriel, interpretado por Martínez, nos estremece cuando en Nueva York encuentra, entre lo que queda de su hijo, una vida signada por el conflicto, la incomprensión, el temor y el rechazo, principalmente por parte de él. El suicidio es una de las salidas al ataque social y a los complejos propios, que deja un dolor en su círculo íntimo aunque también, o más aún, una interpelación que en el fondo es mayor porque trasciende el afecto, el sentimiento de amor. Una interpelación existencial tan o más dramática que el dolor del amor perdido, de su ausencia.

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