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You, el machismo estilizado

La serie de Tv creada por Greg Berlanti y Sera Gamble se puede ver en Netflix.

La serie de televisión You en Netflix

La serie de televisión You en Netflix Foto: hips.hearstapps.com

La Razón (Edición Impresa) / Rodrigo Ayala Bluske - cineasta y ensayista

00:00 / 03 de julio de 2019

El estreno de la serie de televisión You en Netflix se produjo el anterior año con un éxito relativo. Se la ha tratado como un producto divertido, con una gran carga irónica, aunque sin ninguna característica verdaderamente memorable. Resulta extraño, no tanto porque en su estructura dramática utilice un mecanismo en boga hoy en día, el que podríamos denominar como de  “banalización” o “normalización del mal”; sino porque en su temática lleva hasta el límite elementos que en los hechos (en la sensibilidad más que en la razón), cuestionan los fundamentos más importantes de las corrientes feministas actuales.

Lecciones para aniquilar el “no es no”

Joe es un psicópata que administra una librería, a la que un día ingresa la bellísima Beck, una aspirante a escritora llena de inseguridades. Joe queda prendado de inmediato y da comienzo a una serie de acciones que, violando las normas más elementales de la dignidad y los derechos individuales, tienen como objetivo la conquista amorosa.

Sigue y acosa físicamente a la protagonista; averigua su domicilio, los sitios que frecuenta, toma nota de sus amistades, contactos de trabajo, etc.; incluso interviene sus aparatos electrónicos. Luego comienza a fingir y manipular situaciones para acercarse y finalmente comienza a asesinar a quienes considera que pueden obstaculizar su objetivo.

Joe entonces es el sumun del machista; brutal y al mismo tiempo refinado. No necesita golpear a la mujer o ejercer violencia psicológica directamente sobre ella porque lo hace en forma cruel y sistemática a su entorno.

Vista así la cosa, nuestro protagonista se convierte en una suerte de héroe en la aniquilación del slogan más preciado del feminismo contemporáneo. El “no” para Joe no solamente es inadmisible, sino que consagra su existencia y sus habilidades a destruirlo, a conseguir un “sí” a cualquier precio.

El mal se justifica

No es una novedad. Casi desde sus inicios en el cine han existido intentos de subvertir el orden moral establecido, aunque la tendencia se ha ido acrecentando con el paso de los años. En los ochenta por ejemplo, un clásico olvidado como Las Brujas de Eastwick (1987) de George Miller, le daba un toque de simpatía y glamour a la perversión progresiva de un grupo de amas de casa.

En los últimos años, muchos guionistas parecen haberse puesto el reto de presentar como normales situaciones o actos que, de manera tradicional, podrían calificarse como degradantes y/o desagradables. En algunos casos el camino para llegar a ello ha sido el de estilizar dichas acciones; por ejemplo una serie como Lista de Clientes (2012-2013) tiene como heroína a una ama de casa que se dedica a la prostitución, aunque en su caso la mayor parte de sus “clientes” son atractivos y/o bien intencionados y educados. Sin embargo, el modelo para seguir funcionando parece tener que adquirir tonos más realistas. En Llámame Bruna (2016-2018), serie brasilera de temática similar, el planteamiento es mucho más ambiguo: la protagonista parece conquistar su libertad, pero el ejercicio de la prostitución se presenta de manera realista (ejercicio sexual mecánico, a momentos brutal,  etc.); de ahí que finalmente sea difícil distinguir si se trata de una crítica reflexiva o de un regodeo morboso.

En Las Escalofriantes Aventuras de Sabrina (2019), serie destinada al público juvenil, los guionistas tratan de poner pimienta a la trama normalizando, casi de pasada, situaciones como las orgías juveniles o el derecho de pernada (el demonio tiene derecho a disfrutar de la novia la noche previa al matrimonio).

En el caso de los psicópatas, hace tiempo que la televisión norteamericana se dio modo de convertirlos en héroes: en Dexter (2006-2013) el protagonista satisface su desviación psicológica asesinando a criminales y Hannibal (2013 – 2015), recupera a un personaje clásico (Hannibal el Caníbal de El Silencio de los Inocentes (1991), acomodándolo como colaborador del FBI en la captura de criminales.

Pero el Joe de You, a diferencia de los dos anteriores, no “utiliza” su “desviación” para castigar o capturar a otros malos, lo hace para acosar y manipular a su pareja asesinando personajes que  son, racionalmente, inocentes. ¿Cuál es el mecanismo que los realizadores utilizan para lograr dicha normalidad?: toda la serie es presentada desde el punto de vista del protagonista, utilizando un recurso clásico y efectivo; la voz en primera persona. De esa manera las víctimas pueden ser inocentes, pero resultan antipáticas ante nuestros ojos (que son los ojos de Joe). Beck es manipulada, pero Joe (y nosotros, a través de él) está seguro de que es “por su bien”, lo que coincide con el convencimiento íntimo de los machistas golpeadores y feminicidas de la realidad.

You es una serie bien estructurada; no realiza grandes proezas narrativas, pero sabe mantener el interés con una alta dosis de ambigüedad; finalmente no queda claro si se trata de una celebración descarada del machismo o un comentario irónico a la preponderancia que ha adquirido el #MeToo en estos tiempos. En todo caso llama la atención que, dada la actualidad de la temática, no haya tenido mayores repercusiones.

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