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Vadik Barrón: 'El tema de Suite Bee nace de una ficción fantástica de transfiguración’

El cantautor presentará su octavo trabajo en solitario en un recital en el Teatro Municipal el jueves 8 de marzo a las 19.30.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas / La Paz

00:00 / 07 de marzo de 2018

Por primera vez en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez en un concierto en solitario, el premiado cantautor y poeta Vadik Barrón presentará su octavo trabajo discográfico, denominado Suite Bee, el jueves 8 de marzo en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez, a las 19.30. El cantautor habla con Tendencias de sus 23 años como cantautor y de las características que tendrá el recital.

— ¿Qué significa para usted este concierto en el Teatro Municipal?

— Es muy significativo que después de todos estos años me hayan abierto las puertas del Municipal, que es uno de los escenarios más importantes del país, y más aún en la programación oficial de La Paz Capital Iberoamericana de la Cultura 2018. En lo personal se trata de dos cosas: celebrar 23 años como escritor de canciones y presentar al público un nuevo disco, Suite Bee, el octavo como solista tocando con una banda de amigos músicos y grandes invitados.

— ¿Cómo ha sido el trabajo con los músicos invitados que participan en este concierto?

— He trabajado en este último disco con dos músicos con los que tengo mucha sintonía y complicidad: Leo Miranda en bajo y Benjo Chambi en batería. Entonces, ellos son la base rítmica natural sobre la que se levanta todo lo demás. En el disco me hice cargo de todas las guitarras, y para reforzar ese sonido en vivo lo llamé a Ronax Arandia, un músico muy versátil y amigo mío desde hace como 20 años. A ellos se suman invitados especiales que participaron en la grabación de Suite Bee, como el cantautor Gabriel Poma, el pianista Diego Ballón y la cantante Vero Pérez.

Como el show es además una celebración de mi trayectoria, armé un repertorio con canciones representativas de todos mis discos previos y he convocado a amigos músicos con los que compartimos en los últimos años: Manuel Monroy Chazarreta, El Papirri, con quien además tenemos una “parcería”, un tema escrito en colaboración, que cantaremos en vivo y también Carlos Fiengo, con una dosis de hip-hop. y Rodrigo Kabra Cabrera de Suyana y Santa Mandinga, que aportará el toque reggae. Tenemos, además, una sección de brasses con arreglos que han sido escritos para varios discos y que no siempre se puede montar en vivo. Ellos son Luis Clavijo (trombón), Iris Tito (saxofón) y Gary Tohola (trompeta). Para este show estamos trabajando en escenografía con el artista Ángelo Valverde y en visuales y mapping con mi hermano, Álvaro Barrón. Se ha armado un equipo muy lindo.

— Sobre el disco, ¿de qué habla Suite Bee? ¿Cómo ha sido el proceso de gestación?

— El tema del disco nace de una ficción fantástica de transfiguración. Es algo así como La Metamorfosis de Kafka solo que el protagonista no seconvierte en cucaracha, sino en abeja. A partir de esa idea surgieron las canciones de un modo natural y espontáneo. La idea de la abeja permite explorar muchas experiencias: el vuelo, el conflicto entre humanos y naturaleza, el instinto, la contemplación, el nacimiento, la muerte, el panal como universo. Es algo así como una aventura, pero no en la forma de una narración secuencial, sino como estampas íntimas, fragmentos, fotografías. De ahí el nombre de Suite, que se refiere a los movimientos, variaciones musicales. 10 de las 12 canciones que contiene el álbum las escribí en Alemania, cuando vivía allá, el 2014, y estaban guardaditas. El año pasado desempolvé el proyecto, sumé dos canciones que temáticamente eran afines y decidí grabarlo. El disco se grabó en poquísimo tiempo, siete sesiones muy intensas en Submarine con el ingeniero Martino Alvéstegui, quien se involucró muy favorablemente en el proyecto, entre diciembre del año pasado y enero de éste. Además de los invitados que mencioné antes, me alegró mucho contar con la preciosa voz del cantautor Marcelo Arias, los tremendos arreglos e interpretación en saxofones de Álvaro Montenegro y los instrumentos hindúes de Martín Saravia.

— Celebrará en escena 23 años de carrera musical. ¿Cómo comenzó y decidió ser cantautor?

— Comencé en Oruro, donde crecí, en los noventas. Yo marco mi aniversario en 1995 porque es el año en que escribo mis primeras canciones y empiezo a tocar en vivo. Siempre sentí que la música movía algo dentro de mí y como adolescente se hizo una necesidad muy fuerte tomar ese camino. En un principio de una manera bien precaria, aprendiendo por pura inquietud y ósmosis. Y así fui haciendo canciones, tocando en vivo, formando distintas bandas, y en algún momento me di cuenta de que mi vida se trataba de esto.

— ¿Y en qué momento saltó a la palestra el escritor?

— Lo de escribir se dio de manera paralela a la música. Leer y escuchar música han sido y son dos partes fundamentales de mi vida, y una consecuencia natural me parece producir tus propios textos, encontrar tu propia voz. Escribía desde antes de aprender a tocar guitarra y en ambos caminos uno va trabajando y agarrando cancha. Yo escribo sobre todo poesía, que está emparentada con las letras de canciones aunque sean dos cosas diferentes. Y bueno, así como tenía la necesidad de cantar mis canciones en vivo y hacer discos, también quise publicar y por suerte pude ir sacando libros casi a la par de los discos. Son dos trayectos comunicados y complementarios.

— ¿Cómo influyó en tu música el vivir fuera del país?

— No estuve viviendo fuera más que tres años. Y la mía fue una experiencia un tanto casual, nunca la había planeado, pero muy enriquecedora para abrir horizontes y perspectivas, comunicarme con otras culturas y formas de ver el mundo. Además poner a tu música en una línea donde no necesariamente la valoran por sus letras, donde enfatizo bastante, sino por aspectos musicales e interpretativos. Lo que más agradezco es el oficio, porque para poder mantenerme tenía que tocar mucho y en todo tipo de espacios. Pero eso me dio el tiempo, diurno, de poder escribir y componer. Ese material está nutriendo mis últimos tres discos y todavía queda mucho más.

— ¿Cómo ve la escena musical actual en Bolivia?

— Habría que distinguir entre la música que se hace con un afán netamente comercial y de entretenimiento, de aquella que tiene otras búsquedas sonoras, temáticas y estéticas. La primera domina la atención del público, de las platas públicas, los medios, y se hace difícil para un músico vivir, al menos como intérprete en vivo, si no se relaciona con este medio. Eso ha instituido un statu quo musical bastante mediocre. Pero alternativamente hay artistas que se mantienen en lo suyo, que hacen música propia, que proponen y que generan un público, no masivo pero sí suficiente. También creo que crecimos en el campo formativo, porque cada vez hay más músicos jóvenes con muchas herramientas y tocando muy bien. También me gusta que, pese a que somos muy puristas con los géneros, ahora hay más apertura a colaboraciones, fusiones e intercambios. Creo que en Bolivia se hace arte de calidad, pero no siempre es valorado. Lo que sí me parece es que en un país como éste, donde las demandas sociales se llevan a —y se consiguen en— las calles, tenemos la necesidad de hacernos más fuertes y solidarios como sector, pelear por espacios, leyes y fondos culturales para todos, en vez de disputar en secreto las migajas que nos lanzan. Menos glamour y más conciencia.

— ¿Cómo ha evolucionado su discurso artístico en estos 23 años?

— No sé si se trate de evolucionar sino de mantenerse vivo, en movimiento, leal a lo que sientes y piensas. No creo que sea todavía hora de balances, y al final el trabajo de uno lo juzga el público, los medios, los colegas. Uno aspira a cantar, tocar, escribir mejor, a que los discos suenen bien, que sean más propositivos, ambiciosos. Aún siento que tengo mucho por aprender y hacer .

El Vadik

Manuel Monroy Chazarreta / Cantautor

Mi amigo Vadik Barrón es un artista. Militante de los sentidos, su pluma poética genera una definición de las cosas, una multivisión arriesgada y honesta. Todo el día está pariendo versos y acordes, definiendo la vida desde sus lentecitos contemporáneos, pintando las enaguas de pop. Me gusta escucharlo, me alegran sus guitarras eléctricas, su pulsación de tierra en La Sorateña, su viaje del futuro al pasado, sus efectos personales, porque “siempre dice la verdad aunque parece que mienta”.

Vadik le hace bien a mi ciudad, a sus calles, la actualiza, la resetea, genera un antropofagismo sano, una digestión constante de cosmos y pueblo. Cuando convoca a la muerte en sus versos nos regala vida, hace dar cuenta de que “el desierto y el mar son gemelos del mismo sol abyecto”.

Fuerza Vadik, salud y buenas antenas, ya eres uno más de la corta alineación de etesticos, tu riesgo es un milagro de cosecha y siembra hermafrodita, queda agradecer tu sensibilidad extrema, tu autismo colectivo, tu tren a la isla, tu generosa valentía: ni se te ocurra dejar el camino. Te kero ver.

Un repaso por 23 años de carrera

Miguel Vargas

La música de Vadik Barrón combina la tradición de la música popular latinoamericana con los recursos sonoros y estéticos del rock y el pop, logrando un cancionero diverso, intimista y sin miedo a beber de múltiples influencias. El artista se ha presentado en diferentes escenarios de Bolivia, además de Brasil, Argentina, Perú, Alemania, España, Suecia, Suiza y Dinamarca.

En su faceta de escritor ha publicado cuatro poemarios y un libro de prosa, además de Tragaluz, que nomina a un poemario y DVD. En 2013 ha ganado el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal en Bolivia y también el Premio Eduardo Avaroa en Categoría Pop-Rock.

El nuevo álbum y la discografía completa del cantautor, estarán a la venta en el Teatro Municipal la noche del recital. Las entradas tienen un costo de Bs 50 (platea), Bs 40 (anfiteatro) y Bs 30 (galería). Para más información visitar la página del evento en Facebook.

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