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Tiwanaku y su idioma

Tras una minuciosa investigación de 40 años, el historiador y lingüista Julio Avendaño concluye que esta cultura hablaba aymara y no pukina.

Tiwanaku y su idioma.

Tiwanaku y su idioma.

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Montaño Durán / Historiadora y comunicadora

00:00 / 12 de septiembre de 2018

Este es un libro polémico de principio a fin”, con esas palabras, el historiador y lingüista Julio Avendaño comienza un fascinante trabajo de investigación, en el que desentraña documentos de la Colonia, en busca de la identidad y del idioma de los constructores de Tiwanaku.

Indaga, examina y desmenuza las crónicas y también la biografía de los autores para conocer sus motivaciones, prejuicios y reputaciones. Compara las distintas versiones de cada documento, los ausculta, contrasta y verifica. Y con esa información construye cuadros y tablas que revelan el pasado de la impresionante cultura kolla-aymara.

Y ese esfuerzo le lleva una vida. Cuarenta años dedicados a recopilar información y dilucidar un tema fundamental para la historia precolonial de esta tierra hoy llamada Bolivia. Cuarenta años bien invertidos, porque logra demostrar con claridad meridiana que nuestros antepasados tiwanacotas eran aymaras, también denominados kollas por los cronistas. Eso señalaron anteriormente científicos de la talla de Max Uhle y Carlos Ponce Sanginés, con evidencias tan básicas como que la toponimia en el territorio que ocupó Tiwanaku era aymara y que una gran civilización, tanto en espacio como en tiempo, tuvo que tener un gran idioma.

El amplio conocimiento de Avendaño del aymara y de otras lenguas nativas y extranjeras también rinde fruto. Pero además, recoge información de la iconografía colonial y de la arqueología.

La teoría pukina

No obstante las evidencias, una corriente académica surgida en el siglo XX y desarrollada fundamentalmente en Perú sostiene que el idioma de Tiwanaku no era el aymara, sino el pukina. Según esa tendencia, el pueblo aymara de hoy no puede ser descendiente, de ninguna manera, de los magníficos tiwanacotas. Y así los pukinistas pretenden robarnos nuestra identidad y nuestro pasado.

El origen de la teoría pukinista, según explica Avendaño, es fundamentalmente el error de fray Reginaldo de Lizárraga, quien presenta dos versiones contradictorias sobre los pukinas, diciendo en un lado que eran prósperos y en otro que era un pueblo miserable. Y esta situación es un error de redacción, que el autor desentraña minuciosamente.

Además de la Descripción Colonial, de Lizárraga, los pukinistas se basan en la Copia de los Curatos, la Relación de Capoche y la Crónica de Guamán Poma. Sin embargo, si se estudian con profundidad los tres últimos documentos, se encuentra que los pukinistas toman de ellos partes descontextualizadas, porque bien analizados, los mismos explican que el idioma de los tiwanacotas no pudo haber sido otro que el aymara.

Las pruebas

Avendaño se apoya en el eminente lingüista Samuel Lafone Quevedo, entre otros, para demostrar que una pieza tan importante como el Cantar de las mujeres y los niños de Hatunqolla era aymara, al igual que el discurso del soberano de Hatunqolla, evidencias de que la gente de Hatunqolla era kolla y su idioma el aymara.

Demuestra que Guamán Poma también ofrece información iconográfica sobre la ropa usada por los kollas, descendientes de los tiwanacotas, que hacen notar su raigambre y su linaje.

Otro documento importante al que acude es a la Tasa de Toledo, con información oficial de los tributarios que devela que los pukinas era un grupo pequeño de mitimaes traído de la zona de Moquegua, que vivía en condición miserable en la zona lacustre y al que los inkas prohibía asistir a ceremonias religiosas debido a su precaria condición económica y social. Y para esta argumentación se basa también en Guamán Poma, Capoche, Molina, Brinton y La Grasserie, entre otros.

Asimismo, cita la Gramática de Bertonio escrita en 1603, que señala a los kollas como una de las naciones “aymaras” junto a los canchis, canas qollaguas, lupakas, pacasas, carangas, charcas y otros.

El cronista Martín de Murúa, en su tercer libro señala: “Del Cuzco para arriba: Collao, Chucuito, Chuquiapu y Charcas, la lengua aymara, también general y copiosa en vocablos y pulideza”. Lo que demuestra que al sur del Cusco, no había otro idioma importante.

Además, el autor presenta sorprendentes citas sobre el ingreso de Tiwanaku a las selvas amazónicas del departamento de La Paz, donde esa civilización dejó una considerable cantidad de vocablos aymaras en el lenguaje de las diferentes familias amazónicas.

¿Qué queda hoy del pukina? Apenas 128 vocablos, de un pueblo llamado “fantasma” por los mismos pukinistas, por ser prácticamente desconocido.

Aunque se denomina Tiwanaku y su idioma. Aclaración histórica sobre la cultura Qolla-Aymara, este texto podría también titularse Auditoría a los Documentos Etnohistóricos sobre la Cultura Kolla Aymara. El libro será presentado el miércoles 12 de septiembre a las 18.30 en el Museo de Etnografía y Folklore, calle Ingavi esq. Jenaro Sanjinés. El ingreso es libre.

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