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Sublevación indígena e invasión de la Villa de Oruro el 10 de febrero de 1781

Una mirada crítica sobre la sublevación indígena que da origen a la efeméride departamental.

Colonia. Mapa  antiguo de la sublevación indígena en la Villa de Oruro.

Colonia. Mapa antiguo de la sublevación indígena en la Villa de Oruro. Foto: Casa Municipal de Cultura

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo García Echeverría - Presidente de la Sociedad de Historia y Geografía de Oruro

00:00 / 13 de febrero de 2019

La inquietud de buscar la verdad de los fastos históricos hace que se investigue las circunstancias que rodearon y/o provocaron una actitud psicológica y social de magnitud, como sucedió en la Villa de Oruro el 10 de febrero de 1781. Y como resultado, encontramos escritos de la época que nos muestran los hechos de manera diferente a lo que aprendimos en las clases de historia y ciencias sociales. Lo cierto es que; como en cualquier tiempo donde confluyen diversos factores: sean políticos, económicos, sociales, militares, culturales y psicológicos sociales, lo que pasó en la Villa de Oruro fue resultado de una eclosión social, donde los indígenas se sublevaron contra la tiranía y toda forma de abuso impuesta por los europeos contra su raza.

En la Villa de Oruro, en 1739, ya se vislumbró un levantamiento contra el sistema colonial; nos referimos al Manifiesto de Agravios de Juan Vélez de Córdova, quien buscaba la restauración del incario mediante una sublevación generalizada. El movimiento fue develado e inmediatamente conjurado, condenando a muerte a los comprometidos en esta causa.

En Perú, desde 1770, ya se preparaba una sublevación general de indios, liderada por José Gabriel Condorcanqui —Túpac Amaru— con la finalidad de expulsar de América a los europeos, restaurar el imperio incaico y ser coronado como inca. Para lograr el apoyo de los criollos a esta causa, se esparcieron copias de las convocatorias de Túpac Amaru a todos los confines occidentales de las colonias: “He tenido por conveniente hacerles saber a dichos paisanos criollos, que si eligen este dictamen no se les seguirá perjuicio ni en vidas ni en haciendas; pero si despreciando mi advertencia hicieren lo contrario, experimentarán su ruina, convirtiendo mi mansedumbre en saña y furia”.

Este edicto colocaba a los criollos entre la cruz y la espada. En la Villa de Oruro, los hermanos Rodríguez de Herrera, que eran criollos, optaron por apoyar el movimiento de Túpac Amaru, en la seguridad de que éste logre un significativo triunfo, asegurándose formar parte del bando ganador.

En agosto de 1780, en el pueblo de Pocoata, provincia de Chayanta, Tomás Catari se subleva, es apresado y muerto por los españoles. Este hecho produjo el levantamiento de los naturales, produciéndose la matanza de todo español y de sus familias en los pueblos y haciendas de lo que hoy es el norte de Potosí, parte de Cochabamba y Chuquisaca. El hecho también produjo la anticipación del levantamiento general  que pretendía Túpac Amaru, el mismo que recién levanta el grito de rebelión en noviembre de 1780.

Producidos los levantamientos indígenas, comienza la masacre de españoles y europeos en las poblaciones cercanas a la Villa de Oruro. El corregidor, Don Ramón de Urrutia, al tener conocimiento del levantamiento generalizado, toma disposiciones para poner en defensa a esta Villa con todo el personal militar orgánico y con reclutamiento local (milicias).

Se aproximaba en Oruro la fecha de elecciones para autoridades en el Cabildo, y ante el temor de que los criollos estuvieran coaligados con la sublevación indígena, los europeos hicieron lo posible para que los Rodríguez no sean elegidos en los cargos de alcaldes. En estas circunstancias llegó a Oruro la noticia de la muerte a manos de los indígenas del corregidor de Paria, Don Manuel de la Bodega, quien pretendió cobrar los tributos atrasados en la población de Challapata. “…creyeron los indios de Challapata, Condo, Poopó y demás pueblos, que el Corregidor de Oruro había auxiliado al de Paria con armas y gente para castigarlos. Desde aquel día amenazaron a la Villa y al Corregidor, protestando asolarla y dar muerte a todos sus habitantes”.

La población local de la Villa de Oruro vivía con la sensación de la zozobra, del rumor y de temor. Y así llegó el 10 de febrero y los días siguientes, donde los indios sublevados invadieron la Villa de Oruro, cometiendo atrocidades e iniciando la matanza de europeos.

Sebastián Pagador, comisionado por Don Jacinto Rodríguez, difundió por las calles los hechos de José Túpac Amaru, apoyando su conducta contra el rey, dadas las vejaciones que sufrían por el mal gobierno del Cabildo; los insoportables nuevos impuestos que los españoles imponían con motivo de la guerra que sostenían con los ingleses y otras razones eficaces para conducir los ánimos al fin que se habían propuesto.

Sebastián Pagador no tuvo una muerte heroica, perdió la vida a manos de los mismos sublevados al custodiar las Cajas Reales.

Don Jacinto Rodríguez, al verificar que la masa campesina ya no le obedecía, decidió abrazar nuevamente la causa española y logró la expulsión de los indios de la Villa con el apoyo de los vecinos y de otros campesinos venidos para tal fin.

Lo expuesto nos muestra que este acontecimiento histórico no puede considerarse como revolución; tampoco se puede considerar héroe a ninguno de los protagonistas, mucho menos ensalzar este hecho a niveles de epopeya, ya que consistió en una sublevación indígena generalizada seguida de una invasión a la Villa de Oruro donde se cometieron muchas atrocidades.

Desde el punto de vista jurídico actual, este hecho se encuentra definido como crimen de lesa humanidad, y, en consecuencia, no debería ser motivo de orgullo para la sociedad orureña.

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