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Sonidos que construyen paisajes

Los objetos en los que la artista tradujo su experiencia están fabricados con material de construcción, son interactivos y muestran el esquema de jerarquía vertical y patriarcal.

Sonidos que construyen paisajes.

Sonidos que construyen paisajes.

La Razón (Edición Impresa) / Naira C. De la Zerda / La Paz

01:04 / 08 de noviembre de 2017

Con un cartel robado de una construcción —que dice Se necesita ayuntes de limpieza (mujeres)” (sic) de un lado y “Se necesita maestros y ayudantes del otro— como título, la artista Narda Alvarado presentó el 27 de octubre en el  Centro Cultural de España en La Paz (CCELP, Av. Camacho 1484) una reflexión sonora que rinde homenaje a las mujeres maestras de la construcción paceña.    

“Estoy tratando de visibilizar el trabajo de las mujeres en este rubro, pero también el de los verdaderos responsables del paisaje de la ciudad, que son los maestros constructores y albañiles de ambos sexos. Son ellos los que ponen su vida, su cuerpo y su esfuerzo, pero por lo general las instituciones, dueños y arquitectos son los que se quedan con el crédito”.

Narda Alvarado es una artista y arquitecta paceña con amplia trayectoria. De formación autodidacta en el campo de las artes visuales, recibió una beca para estudiar en Rijksakademie van Beeldende Kunsten (Países Bajos) y después hizo una maestría en Arte, Cultura y Tecnología del Instituto de Tecnología de Massachusetts (Estados Unidos). También ha participado en diferentes bienales internacionales de arte (Venecia, Sao Paulo, Moscú, La Habana) y desde 2014 trabaja con grupos sociales, realizando talleres y diversas investigaciones en áreas de formación. Ganó el Premio al Arte Joven del Salón Internacional de Arte (Siart) en 2003 y la misma bienal le dedicó una muestra retrospectiva en 2016 en el Museo Nacional de Arte. Actualmente estudia Filosofía.

“Me interesa la investigación porque no creo que el formato expositivo tenga impacto en la sociedad, creo que hay que ir directamente donde está la gente. Por ejemplo, en 2014 gestioné un taller experimental de radio en el que trabajamos con radialistas y como hace poco estuve involucrada con una población chilena, Victoria, con la que hemos producido un programa de televisión, para saber qué relación tiene la gente con las tecnologías domésticas”.

En este caso, la investigadora tiene reticencia a pensar en lo que mostró como un objeto artístico, más bien lo define como un experimento que resultó de un proceso de investigación guiado por la curadora Guely Morató. Cartografía Sonora Colaborativa fue el laboratorio abierto —convocado por el CCELP y Sonandes Arte Sonoro— al que pertenece esta experiencia, duró un mes y reunió a un grupo de especialistas, cuyos integrantes provienen de las ciencias sociales y de las artes, para proponer un intercambio metodológico. En él participaron Violeta Montellano, Anne Jacques, Miguel Llanque, Christian Morales y Lluvia Bustos, además de Luciana Decker en la documentación audiovisual.

Muestra. La artista Narda Alvarado sujeta el cartel que da nombre a su instalación, junto a las constructoras Gloria Ticona, María Antonieta Cruz y Sonia Quispe.

El proyecto de la artista y arquitecta paceña estuvo dividido en dos momentos: el primero fue un acercamiento al universo de las mujeres que tienen oficios en el medio de la construcción y el segundo, una traducción de aquello rescatado en sonido. Para eso se acercó a la Asociación de Mujeres Constructoras (Asomuc) y realizó entrevistas a diferentes personas. El grupo con el que mayor química tuvo está conformado por Gloria Ticona, María Antonieta Cruz y Sonia Quispe.

Las tres son madres y si bien tienen parejas, entraron a la construcción porque necesitan trabajar. Se conocieron en los talleres formativos que brinda Asomuc, se especializaron en pintura y decidieron trabajar juntas. “A ellas tres las he visto totalmente empoderadas. Charlando me he dado cuenta de que son mujeres ambiciosas, que siguen buscando formarse, es lo que estaba esperando encontrar en las mujeres constructoras”, comenta Alvarado.

A Sonia Quispe le interesó la propuesta de la también arquitecta en cuanto la oyó exponer en una reunión de Asomuc. “Nunca había escuchado sobre una exposición a través del sonido, pensé que solo eran visuales, así que me inscribí para ser parte, incluso cuando no entendía bien de qué se iba a tratar”. En el primer acercamiento la artista y las constructoras conversaron toda una tarde, mientras recorrían la ruta Sopocachi-Ciudad Satélite en el teleférico de la Línea Amarilla. Desde las alturas fue que fueron identificando los lugares exactos donde estaban algunas de las construcciones en las que habían participado.

Después de ser parte de esta investigación, María Antonieta Cruz admite que presta mucha más atención a las diferentes sonoridades que producen sus instrumentos de trabajo. “Recién cuando Narda comenzó a hablarnos de los sonidos nos dimos cuenta de que a veces cuando trabajábamos con alguna herramienta salíamos escuchando un zumbido. Tal vez ahora no nos afecta por mucho tiempo, pero cuando seamos mayorcitas sí puede dañar nuestra audición”.

Anne Jacques, especialista en electrónica del laboratorio Cartografía Sonora Colaborativa.

Además de la conciencia de los perjuicios a la salud que puede tener su trabajo, otro de los elementos que rescatan las obreras es que ahora ya no solo son pintoras, se han dado cuenta de que son maestras pintoras. “Sabíamos que ya no éramos ayudantes, que nos habíamos especializado, pero solo explicándole a Narda hemos podido decir que somos maestras, por eso le estamos agradecidas”, cuenta Gloria Ticona.

Por otra parte, Alvarado encuentra que la forma en la que se organizan y trabajan las mujeres obreras dista significativamente de la de los hombres. “Ellas tienen una estructura horizontal, donde nadie gana más que nadie. En el caso de los hombres siempre hay un maestro que supervisa, gana más y trabaja menos horas que sus ayudantes. Las mujeres tienen una madrina y son sus ahijadas, pero se reparten el trabajo y la paga de forma solidaria e igualitaria. También tienen una ética de trabajo diferente, ofrecen detalle, esmero y sobre todo formalidad”.

Los objetos en los que la artista tradujo su experiencia están fabricados con material de construcción, son interactivos y muestran el esquema de jerarquía vertical y patriarcal que la propuesta femenina horizontal trata de romper, en un rubro que en Bolivia todavía es mayormente masculino.

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