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Potosí global, de Rossana Barragán

La autora repasa la representación gráfica del Cerro Rico en este libro publicado por Plural Editores.

Portada del libro 'Potosí global', de Rossana Barragán

Portada del libro 'Potosí global', de Rossana Barragán

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Molina - periodista

00:00 / 14 de agosto de 2019

En mi libro El pensamiento boliviano sobre los recursos naturales, bautizo el sentimiento generado por la posesión y explotación del Cerro Rico de Potosí entre los altoperuanos —y que perduraría en los bolivianos de antes y de hoy— con el nombre de “nacionalismo geológico”. Una figura célebre de este tipo de fervor nacionalista es la del “puente de plata”, que supuestamente se habría podido construir entre Potosí y Madrid con el metal arrancado al Cerro, a la cual se refiere la literatura hispana desde las primeras crónicas de los conquistadores hasta, por lo menos, Las venas abiertas de América Latina, en los años 60 del siglo pasado, y que probablemente se siga enseñando —sin burla— en nuestras escuelas.

Exaltar —y jactarse de— la “portentosa” riqueza de Potosí constituye una de las operaciones fundacionales de la literatura boliviana, en tanto tema axial de la Historia de la Villa Imperial de Potosí de Arzáns, obra que por buenas razones Medinaceli elevó hasta el sitial de principal libro nacional.

Otra expresión del culto al recurso natural que por primera vez nos dio visibilidad y admiración internacionales es la famosa imagen de la Virgen-Cerro, clave en la pictórica nacional, que muestra a la plata imbuida de los atributos de la divinidad.

Los recursos naturales que hemos explotado —y explotamos aún— explican el pasado, la historia del país y, en esa medida, son importantes componentes de su identidad. El “nacionalismo geológico” prueba que lo son, además, de la ideología y la mentalidad nacionales.

No resultará nada fácil librarnos de ellos, de la economía que generan y de su “sombra cultural”, como pareció apuntar el vicepresidente García Linera en su discurso del 6 de agosto pasado ante la Asamblea Legislativa, polemizando con el antiextractivismo “perentorio” del candidato Carlos Mesa. (Tiene razón, aunque al menos habría que proponérselo, en lugar de resignarse a ello como un designio inevitable).

Hacen falta más estudios sobre la influencia que la principal actividad que hemos desarrollado desde 1545, que es esta extractiva, ha tenido en la cultura y la mentalidad nacionales. Por ejemplo, del impacto —“trauma”, han dicho algunos— que pudo haber tenido en nosotros el papel mundial y local de Potosí en los siglos XVI y XVII. Una contribución indirecta a un hipotético estudio de este tipo podría encontrarse en el último libro de la historiadora Rossana Barragán, Potosí global. Viajando con sus primeras imágenes (1550-1650).

Existe una gran posibilidad de disfrute —de dicha, incluso— en la erudición, como muestra esta pequeña y elegante obra, situada en la intersección entre la historia del arte y la historia del libro, en tanto objeto que puede ser estudiado desde muchas perspectivas, inclusive por las ilustraciones que contiene. Y son estas ilustraciones precisamente, las ilustraciones sobre el Cerro Rico, las que constituyen el tema de Potosí global.

¿Cómo fue representado el Cerro, según qué impresor y qué época?, ¿qué influencias tuvieron las representaciones iniciales en las posteriores?, ¿qué nos dice esto de las relaciones entre los mercados editoriales dentro del Imperio hispano? y ¿cómo estas ilustraciones simbolizaron —al mismo tiempo que impulsaron— las concepciones predominantes y más populares sobre Potosí, sobre la mita, sobre la “leyenda negra” de la Conquista, sobre las características idiosincráticas de España?

Estas cuestiones surgen y se responden, en esta obra, a lo largo de una travesía que va de las primeras crónicas sobre Potosí publicadas en Sevilla a las reimpresiones de las mismas en Amberes, y luego a las miniaturas con las que se alegraron las diferentes versiones de un manuscrito otomano, y a ciertas ilustraciones de un editor protestante, para rematar en una alegoría de lo español —que incluye a Potosí— realizada por el gran artista flamenco Rubens.

Todo un banquete, aunque la primera parte se vea lastrada por un aparato de referencias innecesariamente ampuloso, que, por ejemplo, para afirmar que en Potosí hubo mita y minga (trabajo pagado), cosa por cierto bien sabida, necesita de un párrafo de varias líneas de referencias bibliográficas.

Como fuere, Barragán es una de nuestras más importantes historiadoras y no solo por su conocimiento esmerado de los temas que la ocupan, sino porque es capaz de escribir sobre temas estrechamente monográficos —como parece ser el requisito actual de su profesión— con resultados que permiten iluminar y precisar el gran cuadro de la historia, en el que normalmente estamos interesados los lectores comunes.

Solo queda esperar que este estudio sea seguido alguna vez por otro, paralelo, sobre las presentaciones y figuraciones, esta vez verbales, de Potosí durante la misma época, pues éste tendría aún más que decirnos sobre los orígenes del “nacionalismo geológico” y la configuración original de la cultura criolla del país.

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