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Pedro Grossman, en el mundo íntimo de los insectos

El teatrista estrena su primer monólogo inspirado en experiencias autobiográficas.

Actor. Pedro Grossman, como Amadeo Ras Arfat. Foto: Daniela Gandarillas

Actor. Pedro Grossman, como Amadeo Ras Arfat. Foto: Daniela Gandarillas

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda / La Paz

00:00 / 20 de junio de 2018

La nueva obra del teatrista Pedro Grossman se creó entre la intimidad de una autobiografía y el mundo de los insectos —bajo la influencia del escritor Juan Pablo Piñeiro— en su primera experiencia trabajando con dramaturgia.

El show de los insectos maravillosos —que se estrena hoy en El Desnivel (Sánchez Lima 2282, Edif. Da Vinci, planta baja) a las 20.00, y tendrá funciones el 21, 22 y 28 de junio— es un monólogo que narra la historia de Amadeo Ras Arfat, un “rescatador de insectos” que recorre el mundo buscando nuevos integrantes para su espectáculo, con el que llega finalmente a La Paz.  

Esta es la primera vez que el actor decide utilizar su vida como materia prima para un proyecto teatral: “La última parte de mi carrera he estado haciendo obras de escritores bolivianos y otras contemporáneas, que sentía que no reflejaban lo que yo quería decir. Qué mejor que hablar de mí, alguien que yo conozco, para poder decir ciertas cosas que con otros directores y autores no las podía alcanzar”, explica.

Grossman eligió a Piñeiro porque encuentra que ciertos personajes de sus novelas Cuando Sara Chura despierte e Illimani púrpura tienen voces interesantes, que podían mantener la atención del lector, por bastantes líneas. Y consideró que necesitaba de esa cualidad para este monólogo.

El proceso de escritura duró cerca de un año, en el que ambos artistas compartieron encuentros, donde Grossman contribuyó con escenas de su vida, y Piñeiro con el conocimiento que ya tenía sobre los insectos. “Él aportó todo ese mundo en el que hemos seguido investigando juntos, incluso viajando. Hemos tenido muchas reuniones, que parecían más charlas de amigos que encuentros de trabajo”.

Fue un proceso largo, con poca continuidad, que sin embargo permitió que el proceso creativo madurara. El monólogo tiene un trasfondo que nace de experiencias personales, y discurre hacia una reflexión existencial, que orbita alrededor de temas como la muerte.

Al principio, el personaje principal debía ser un hipnotizador de cuises, que funcionaba como “un pretexto para hacer un monólogo autobiográfico, sin que sea descaradamente abierto”, comenta el director. Sin embargo, el responsable del guion lo convenció para que el protagonista entrara en este universo de miniaturas maravillosas.

Este espacio es para Piñeiro una fascinación que cultiva desde niño y que combinó con la escritura para tejer un sistema creativo. Con él organizó un taller de escritura creativa llamado Insectario, cuyas características son detonadores para lograr diferentes textos.

“Es parte de mi mundo interior. Son un detalle —complejamente trabajado— en una faceta de la naturaleza que desconocemos, porque generalmente se los ve con miedo”, comenta Piñeiro.

Grossman le dio completa libertad creativa al escritor para que realizara el trabajo dramatúrgico. Fue un reto, ya que es la primera experiencia de Piñeiro en este género literario: “No tengo mucha experiencia en teatro, ni como espectador ni como escritor. Ha sido lindo porque es poner en otro lenguaje, uno que pueda ser interpretado en escenario, todo lo que habíamos conversado, lo que fue el principal desafío”.

Para la puesta en escena, Grossman reunió a un equipo de cerca de 15 artistas, entre ellos Daniela Gandarillas, Carlos Piñeiro, Ángelo Valverde y Jorge Zamora, quien es el responsable del diseño sonoro. Si bien se hicieron grabaciones en estudio, todas las mezclas serán realizadas en cada presentación.

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