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Nuestro ‘Noviembre, 2019’

En 1982, la película ‘Blade Runner’ proyectó una mirada de la actualidad.

Poster de la película ‘Blade Runner’.

Poster de la película ‘Blade Runner’. Foto: monstersandgeeks.com.mx

La Razón (Edición Impresa) / José Luis Durán Paredes - crítico

15:00 / 04 de diciembre de 2019

Un iris mantiene su mirada en horizonte sin perder de vista el todo. Un panorama hostil, oscuro, iluminado por llamas que despiertan en medio de una urbe. En 2019, los humanos habitamos colonias espaciales, dándole una solución directa al problema demográfico. Hay inteligencias artificiales que superan las formas de manejar los sentidos humanos. Hay naves espaciales y una combustión excesiva en el aire que hace que todo esté nublado. El ciberpunk predomina en el entorno, alcanzando los niveles de desgaste que en nuestro pasado se había pensado. Así debería ser nuestro presente según la ciencia ficción que nos lo mostró hace décadas; el reflejo prospectivo que nos expuso Blade Runner (Riddley Scott, 1982).

“Los Ángeles. Noviembre, 2019” es el momento temporal cuando comienza Blade Runner. Quizá es una contextualización muy apresurada o bastante crédula a la utopía que, con el avance sin descanso de la tecnología, se nos acercaba. Pero, aunque la tecnología tiene resultados sorprendentes y poco conocidos, incluyendo la aparición de la inteligencia artificial o la modificación genética, no sobrepasa una realidad gris y opaca. Sin embargo, es una muestra, bajo la exageración de los límites de la ficción, de la visión distópica de nuestro presente.

En esta obra cinematográfica de Scott, ya considerada un clásico de la ciencia ficción y un buen referente del cine mismo, subyacen ideas existencialistas, en donde se acomodan aspectos como la impresión, el sentido y la condición de vida. Los Nexos 6, sobre todo el dotado Roy Batty, pelean contra la subvaloración de su existencia. Esa impresión absoluta que afecta a su sensibilidad les hace denunciar el poco tiempo que les queda, y les llena de ira el hecho de no poder seguir experimentando la apreciación de su entorno. En un primerísimo plano, un ojo observa las llamas que salen de los conductos industriales de la ciudad, el iris azul no parpadea y continúa su observación, su impresión.

En cambio, el humano, en su creencia de superioridad por ser un animal consciente, con memoria y capacidad de aprendizaje, ha pasado por alto el acto de la impresión y avanza por las calles mirando su ruta, pero no observando el entorno. Este es nuestro 2019. Un año con dicotomías que pensábamos que habían quedado desaparecidas con la disolución de la URSS, las reformas de Jiang Zemin y el XVI Congreso del Partido Comunista en China, los procesos de globalización y una serie más de sucesos. Caídas y ascensiones políticas, enfrentamientos digitales, el reggaetón en las discotecas. Cuán largo es el marco de comparación con el “Noviembre, 2019” de Blade Runner.

Los androides reclaman por el privilegio de vivir y los humanos se pasan por alto esos reclamos ya que es una condición de su naturaleza. Los androides entrenan su capacidad de percibir y sentir, en cambio, como diría Nietzsche, el humano “anhela celosamente obtener la dicha (del animal). Es lo que desea: cual el animal, vivir sin hastío ni dolor”. Roy Batty sufre y le gusta hacerlo, poder sentir.

Es curioso cómo en el pasado la esperanza se centraba en el futuro, en los caminos del porvenir y, como ahora, no existe tanto anhelo al futuro sino solo incertidumbre. Pero en Blade Runner el futuro es casi aterrador, y ni qué decir del polvo colorido que contamina el aire en la novela en la que la cinta se basa, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, escrita por Philip K. Dick, en 1968. Aunque las distancias en la trama son amplias, lo que marca una independencia, en cierta medida superior, de la película con la novela, el argumento es similar: la poca humanidad de los humanos. El poco interés por la vida y la poca forma de trabajar el sentido. La intolerancia, la negación de la otredad, eso que mueve la empatía, queda en nuestro “Noviembre, 2019”, en un plano que ni siquiera se ratifica ni percibe como una prioridad. En cambio, desde nuestro presente, ahora anhelamos el pasado, lo romantizamos y le quitamos mucho valor al hoy, lo que ocasiona una ausencia de nuestro accionar.

Las palabras finales de Batty a Deckard son una patada para nuestra condición desaprovechada de humanidad. Es una alerta a nuestra falta de sensibilidad, por el solo llamado a lo vulgar, por la propia muerte banalizada. “He visto cosas que ustedes no creerían (…). Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”. ¿Es nuestro “Noviembre, 2019” muy diferente al de Blade Runner?

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