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La Novena Sinfonía de Beethoven se repone esta semana

Esta nueva presentación muestra un conjunto sinfónico con madurez en los conceptos estéticos

Ludwig Van Beethoven, una de las mayores figuras de la historia de la música, nació el 16 de diciembre de 1770 en la ciudad de Bonn (Alemania). Foto: blogspot.com

Ludwig Van Beethoven, una de las mayores figuras de la historia de la música, nació el 16 de diciembre de 1770 en la ciudad de Bonn (Alemania). Foto: blogspot.com

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Seoane Urioste

00:00 / 22 de noviembre de 2017

Al inicio de la temporada 2017 la Orquesta Sinfónica Nacional presentó por primera vez en Bolivia el ciclo de las nueve sinfonías de Beethoven, como resultado de un detallado y dedicado trabajo de todos sus integrantes bajo la batuta del joven y ya consagrado maestro Weimar Arancibia. En cinco conciertos de gran nivel y con nutrida aceptación del público, se puso en evidencia el desarrollo creativo siempre en ascenso de uno de los mayores genios del intelecto humano y sin duda su mayor exponente musical, la sinfonía. La Quinta, la Pastoral, la Heroica, la Séptima mostraron su grandeza formal y expresiva, acompañadas de las restantes que no por menores en dimensiones dejan de ser pequeñas joyas de ese luminoso medallón que conforman estas nueve musas, más rutilantes que las semidiosas de la mitología clásica.

De entre ellas se destacó, como no podía ser de otra manera, el diamante central de la Novena, la sinfonía coral que vio todas las noches repleta la sala del Centro Sinfónico Nacional dejando a muchas persona fuera porque cada vez se colmaba el teatro, creándose así un pedido clamoroso para que se repitiera el programa de aquellas fechas de cierre del ciclo.

En pocos días más se va a responder favorablemente a este pedido, puesto que el 21, 22 y 23 del presente mes volverá a subir a la escena la Novena de Beethoven. Se contará una vez más con el valioso aporte de la Sociedad Coral Boliviana bajo la dirección de la maestra Anna Agramont y la presencia del cuarteto de solistas conformado por la soprano Diana Azero, la mezzosoprano Beatriz Méndez, el tenor Israel Alarcón y el barítono José Luis Fernández.

Este es un nuevo grupo de solistas que se unen a este empeño y que muestra el interés de la Orquesta Sinfónica Nacional por dar cabida a nuevos valores que ya se destacan, como es el caso de los dos solistas varones que se acoplan a la experimentada soprano Diana Azero y a la maestra Beatriz Méndez, hoy excelente rectora de nuestro Conservatorio Plurinacional de Música, cantante y maestra de gran trayectoria.

Reponer la Novena es un verdadero desafío, que nos muestra el crecimiento de nuestro conjunto sinfónico desde un punto de vista técnico-instrumentista y de madurez en los conceptos estéticos de cada uno de sus integrantes. Presentarla nuevamente al público paceño significa volver a erigir un monumento a la hermandad humana, que, superando las contradicciones de la vida, se yergue en un canto a la alegría del encuentro con lo infinito. Cada uno de los cuatro movimientos de la sinfonía son otros tantos reflejos sonoros de estados de ánimo del hombre, de seguro del propio compositor que ante la derrota en lo físico con su sordera, lucha por superarse a sí mismo con un trabajo febril que es un legado perfectamente consciente a las futuras generaciones.

El inicial Allegro, ma non troppo, un poco maestoso es un reflejo de la lucha contra el destino: a la incertidumbre de lo desconocido se yergue la férrea voluntad de encarar esas fuerzas que pretenden oprimir al hombre. Diversos estados de ánimo corren ante nuestra atención, oscilando entre lo más duro y el sosiego pero que cierra la página con un dejo de amargura.

El Molto vivace que sigue es una carrera alocada que bien podría significar una huida de las imágenes anteriores. En el centro del fragmento hay un oasis, aunque efímero, de sosiego.

Luego sigue el Adagio molto e cantabile al que se llega como a un refugio, tal vez reflejando una añoranza de tiempos mejores. Es notable cómo todos estos diversos cuadros se evocarán en el episodio del cuarto movimiento que antecede a la exposición del tema de la alegría.

El Presto que inicia el movimiento final nos vuelve a presentar un panorama de lucha y contradicción hasta que se eleva el recitativo de las cuerdas bajas que reclaman un cambio hacia expresiones más amables. Rechazada la lucha, la carrera sin sentido y la resignación estéril se convence de que el mejor camino es reconocer el valor de la alegría sincera en el Allegro assai , que une a los hombres en la hermandad junto al padre amante ante el que se inclinan millones. Así, la alegría, unida a la paz, marchan juntas para cerrar la sublime página.

  • Carlos Seoane Urioste / Musicólogo

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