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Miguel Llanque ´Casa Taller será un espacio virtual’

El compositor paceño es parte del colectivo formativo, espacio que tomará una pausa de dos años para convertirse en una plataforma en la red y replantear la Escuela de Composición.

El compositor Miguel Llante. Foto: Álvaro Valero

El compositor Miguel Llante. Foto: Álvaro Valero

La Razón (Edición Impresa) / Naira De la Zerda / La Paz

02:04 / 21 de febrero de 2018

Casa Taller —el espacio de formación y difusión musical y sonora que se creó en 2012— toma una pausa de sus actividades y se transforma en una plataforma virtual. Este paréntesis servirá para concentrar esfuerzos y lanzar, en 2020, una nueva convocatoria de la Escuela de Composición, que tuvo su primera versión en 2015.  Miguel Llanque  — compositor paceño y director de los ensambles Muruqu y Maleza— comenta sobre los proyectos que llevó a cabo en Casa Taller y la nueva dirección que tomarán.

¿Cuáles son los planes de Casa Taller ahora?

— Va a dejar de ser espacio físico. Nos estamos dando dos años para planificar y relanzar la Escuela de Composición, tal vez con una convocatoria más amplia. La anterior versión fue muy exitosa, al principio asistieron 80 personas, siete terminaron los dos años. Ahora queremos tener más tiempo para planificar porque tuvimos mucha suerte y podría no repetirse el caso.

También es un momento para retomar estudios: Canela Palacios quiere profundizar en la composición, Sebastián Zuleta, en la música para cine y yo, en música electrónica académica. Así vamos a tener que ofrecer formación más actualizada y profunda.

Mientras tanto, la Casa Taller va a funcionar desde un espacio virtual, con partituras y análisis —una suerte de blog de crítica— con énfasis en la música boliviana contemporánea. No queremos que se piense que se está cerrando, es más bien un paréntesis, en el que confiamos que los estudiantes seguirán avanzando y proponiendo. 

— ¿Cuál es el camino que recorrerá Muruqu desde ahora?

— Con Muruqu nos dedicamos a estudiar e interpretar música tradicional de los Andes. Como músicos de ciudad tenemos la dificultad de no haber  accedido a esa música, por eso tenemos que investigar. Lo que hacemos es acercarnos a personas que consideramos que tienen un alto nivel, maestros de las comunidades, que además tengan la apertura de querer compartir conocimientos. No tenemos una lógica reivindicativa o indigenista. Nuestra intención es sonar lo mejor posible, pero el peligro de esto es que nos convertimos en una réplica de música que está viva y se transforma constantemente.  Además, cada comunidad tiene tonos o huayños diferentes, por lo que se distinguen. Interpretarlas fuera no tiene mucho sentido, no dan ninguna noción de identidad. Por eso, decidimos empezar a componer nuestro propio repertorio. Ahí, hay un verdadero desafío creativo. Repetir modelos puede quedarse en algo un poco muerto y el aspecto creativo también es parte importante de estas músicas. Esperemos que las nuestras sean lo suficientemente buenas como para bailar con ellas, ése es el reto. 

Por otro lado, los chicos del grupo están tomando la batuta y tomando decisiones que yo no hubiera tomado nunca, como hacer contratos para fiestas o ir a comunidades a tocar. Esto hace que el conjunto se vuelva sostenible. Ganan dinero y pueden contratar maestros para que les enseñen o comprar instrumentos. A mí me hubiera gustado simplemente reunirme con ellos, estudiar y ensayar, pero han visto otra veta. Y si es que Muruqu termina algún día, ya tienen las condiciones para armar sus propios grupos.

— ¿Qué sucederá ahora con el ensamble Maleza?

— Se creó como un instrumento con el cual difundir música contemporánea universal, además de tocar repertorio del colectivo que dirige  Casa Taller —Sebastián Zuleta, Canela Palacios, Lluvia Bustos y yo—. Para eso también era importante tener un público constante. Por eso, Hemos dado entre 50 y 60 conciertos didácticos, destinados a formar público, lo que se ha logrado con cierto éxito. Además Maleza interpretó piezas de los estudiantes de la Escuela de Composición, que lideró Canela Palacios. Son siete nuevos compositores, con los que sacamos un disco, Ulupica vol. 2. Es un número interesante que seguro va a aportar a la escena local de música contemporánea. Sin embargo, como yo dirigía el ensamble, éste también dejará de tener actividades. En realidad nuestro plan es crear, paralelamente a la Escuela de Composición, un ensamble con las características de Maleza, que pueda interpretar las composiciones de lo estudiantes, pero con otro nombre.

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