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¡Marcianos al ataque!

Un gesto de respeto a la diversidad de cosmovisiones, culturas y formas de entender la vida, sobre todo aquellas amamantadas por la cultura popular, ideas que a los responsables de ¡Marcianos al ataque! ni se les pasa por la cabeza. Cierro paréntesis.

Marcianos vs. Mexicanos

Marcianos vs. Mexicanos

La Razón (Edición Impresa) / Pedro Susz - crítico de cine

07:08 / 01 de agosto de 2018

Por algún insondable motivo Marcianos vs. Mexicanos, título original de esta producción azteca, ha sido modificado para su estreno en estas comarcas. Tal vez los productores y/o distribuidores calcularon que aquel nombre habría de disuadir a potenciales espectadores más bien reacios a las ofertas de dicho origen, probablemente a causa de prejuicios últimamente engordados por algunas comedias de dudoso vuelo, pero subsistentes de los tiempos en los cuales el grueso de la referida cinematografía dedicaba sus desvelos a melodramas precursores de las telenovelas hoy abocadas al mismo registro, así como a seguir las esforzadas andanzas de enmascarados justicieros en feroz combate contra truhanes de la peor catadura. Incluyendo en este último rubro un ajuste de cuentas de Santo, el Enmascarado de Plata —el más renombrado de tales paladines de la rectitud— contra unos alienígenas de la misma procedencia de los que ahora regresan a visitarnos, eventualmente los abuelos de los marcianos que aquí vuelven al ataque.

Aquella curiosa hechura de 1966, dirigida por Alfredo B. Crevenna, se enancaba en una anterior oleada de películas de ciencia-ficción, tan nutrida como la actual, género que traducía la perturbación informativa alimentada por las insistentes noticias de prensa de la época acerca de avistamientos al por mayor de ovnis en distintas latitudes del planeta. Informaciones que desde luego no dejaban tampoco de inquietar a los ciudadanos de a pie, aun cuando el carácter probadamente apócrifo de una cantidad significativa de tales encuentros del tercer tipo y su usufructo por los medios respondía a la indisimulada intención de ladear la atención pública en momentos en los cuales en los colectivos sociales fermentaba el malestar que saldría a la superficie durante el recordado año 68, escenario del mayo francés, de las masivas manifestaciones contra la guerra de Vietnam, etc.

Volviendo empero al principio, hubiese sido un servicio social agradecible que se mantuviera el título original salvando a unos cuantos incautos de invertir pesos y minutos en una bazofia que a cuenta de satirizar ciertos comportamientos anómalos de algunos mexicanos, parecidos por otra parte a los de otros colectivos, haciéndolos extensivos al mexicano en general, acaba semejando una suerte de harakiri que no hace otra cosa sino nutrir estereotipos de inocultable acento prejuicioso y discriminador bajo el barniz de un pintoresquismo de brocha gorda.

Luego de un brusco enfrentamiento entre el explorador Curiosity de la NASA y los moradores de Marte, éstos resuelven buscar revancha invadiendo la Tierra, de comienzo los Estados Unidos, por ser el país más poderoso del orbe. Sin embargo, los invasores no contaban con la astucia de los mexicanos. Éstos, encabezados por el Chacas Reyes y su familia en pleno, serán llamados entonces por los vecinos del norte para replicar el asalto haciéndose cargo de una operación en el espacio exterior que acaba siendo la única esperanza de salvación que le resta a la humanidad.

El arranque de la trama daría la impresión de apuntar en sorna a la renovada xenofobia gringa, pero muy temprano en el desarrollo de la historia resulta haciéndose cómplice de aquel repotenciado desdén hacia los del otro lado de la frontera, o del muro proyectado dizque para impedir la contaminación venida desde ese sobreadjetivado lindero depositario de todos los vicios, comenzando por la pereza, que en su tiempo Disney se encargó de personificar en los dicharacheros loros-charros de Los tres caballeros (1944) y en otros ratones cantarines más tarde, y terminando en el gusto por la viveza en el modo de la zancadilla.

Más que ingenio o armamento sofisticado, los defensores del planeta ponen en juego todas las chicanerías y artimañas atribuidas por los directores-guionistas-productores al “ser” mexicano. Desde la ingesta de tacos excedidos de picante hasta los varios fluidos corporales reiterativamente expulsados, pasando por el coimeo policial, las trampas electorales, la esquinada maniobra ventajera y el desenfado para la extorsión. Todo vale es la consigna activada en afán de poner alto a la conspiración alienígena promovida por su rey “con relleno cremosito”, chascarrillo reiterado hasta el hartazgo por un relato que extravía casi enseguida el norte para deambular sin sentido en la acumulación de los ya apuntados estereotipos.

Paréntesis a propósito del nombrado “ser mexicano”. Pocos meses atrás Coco (Lee Unkrich y Adrián Molina) intentaba asimismo aprehenderlo explorando un filón totalmente antagónico al de los Hnos. Riva Palacio Alatriste, al abocarse a los rasgos mágicos, fantásticos, de la imaginería condensada en las fiestas de homenaje a los muertos, pero extensiva al cotidiano de una reverente convivencia natural con el mas allá, netamente contrastante con la pesadumbre occidental encarada a la finitud de la existencia. Era pues, a su modo, un gesto de respeto a la diversidad de cosmovisiones, culturas y formas de entender la vida, sobre todo aquellas amamantadas por la cultura popular, ideas que a los responsables de ¡Marcianos al ataque! ni se les pasa por la cabeza. Cierro paréntesis.

Al contrario de lo recién anotado en relación al enfoque prevaleciente en el trabajo de Unkrich y Molina el de los propietarios de HuevoCartoon  —que suelen promocionar como el gemelo latino de Pixar— machaca una y otra vez sobre los clichés más burdos. Así los personajes son moldeados en orden a caber en aquellos. El “Chacas” es un joven, de clase media-media digamos, sin proyecto de vida. Se reduce a levantarse a la rubia de enfrente, apenas para sacarse el gusto por un rato. Otros jóvenes, no menos perdidos, se ajustan al estereotipo televisivo del gay o del digitodependiente; el policía es desde luego panzón y corrupto;  la vendedora de comida típica trampea con el precio.

Para peor, con toda premeditación y alevosía, la película incurre en misoginia y machismo flagrante. La madre sobreprotectora cumple callada con sus obligaciones domésticas; sin mosquearse el Chacas cuenta que los cinco hijos de su hermana fueron engendrados por otros tantos padres; la rubia apetecida se interesa exclusivamente por la popularidad; la sobrina, único personaje femenino con algún destello de inteligencia, solo amerita ser tratada con desdeñosa indiferencia.

Sería desde luego tonto juzgar la calidad del dibujo equiparándolo al de las multimillonarias producciones de Hollywood y su perfeccionismo “realista” en virtud del uso intensivo de la animación digital, o recordando que el género nació en esta circunscripción planetaria con la película argentina El apóstol realizada por Quirino Cristiani (1917), pero es evidente que sin dejar de ser correcto se trata asimismo de un estilo desangelado, chato, vamos, con escasa atención a la perspectiva y atenida a una paleta cromática sobresaturada. Y por si todo eso fuera poco los alienígenas dan la impresión de ser una mala copia de los minions.

Dudosamente recomendable para la platea infantil por su torpe humor, en definitiva tampoco tiene interés alguno para los espectadores adultos, los cuales de seguro se hartarán muy pronto de las innúmeras reiteraciones con tales chistes de baja estofa y con situaciones que dan vuelta sobre sí mismas alargando un argumento que daba con suerte para 15 minutos y que desde luego no se salva con las intervenciones en el doblaje de Adal Ramones y otros protagonistas de productos televisivos cuya escasa gracia se halla al mismo bajo nivel que el de este largo fallido del primer al último fotograma.

Ficha técnica

Título Original: Marcianos vs. Mexicanos

– Dirección: Gabriel Riva Palacio Alatriste,

Rodolfo Riva Palacio Alatriste

– Guion: Gabriel Riva Palacio Alatriste,

Rodolfo Riva Palacio Alatriste

- Animación:  Mario R. Calva, 

Rafael Luna,  David Yáñez

– Montaje:  Gabriel Riva Palacio Alatriste, 

Rodolfo Riva Palacio Alatriste

– Arte:  Samanta Erdini,  Eric Montero, Aldo Candia,

Alejandro de Icaza, Jaime Juárez, Chema Ramos Roa

-  Música: Javier Calderón,  Amado López

– Efectos: Karla Ramírez Medina, Daniel Othón M. Gallardo, 

Fernanda Ortiz Rojo

-  Producción: Ignacio Martínez Casares, Gabriel Riva Palacio Alatriste,

Rodolfo Riva Palacio Alatriste, Carlos Zepeda

– Voces: Adal Ramones, Omar Chaparro.

Ricardo Hill, Eduardo Manzano,  Angélica Vale,

Martha Higareda, Mónica Santacruz,

Jaime Maussan – MÉXICO/2017

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