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Kurt Cobain, portavoz de la generación X y del grunge (la última revolución del rock), tendría hoy 50 años si su problemático carácter y la frustración profesional y personal no le hubiesen llevado al suicidio.

Kurt Cobain

Kurt Cobain Foto: CDN.COM

La Razón (Edición Impresa) / Juan José Cabrera - comunicador

00:00 / 09 de abril de 2017

Si hubiera que resumir en una palabra a la generación X desde un punto de vista musical se viene a la mente la banda de rock grunge Nirvana y, más precisamente, su problemático líder: Kurt Cobain. El próximo miércoles se cumplen 23 años de que murió y si hubiese llegado hasta hoy Cobain sería ya un cincuentón, desde el 20 de febrero. ¿Cómo era una persona que con su música inspiró a toda una generación? O tal vez inspiró a una parte de ellas y escandalizó a otra con letras que siempre fueron polémicas y desarrollaban títulos como No pienses, Viólame o Me odio, quiero morir.

No basta con tener todos los ingredientes que marcan a los malditos del rock —una infancia problemática y una vida turbulenta a causa de las drogas— para convertir una banda en la imagen de una generación. Para muchos Kurt Cobain no era una persona especialmente carismática. Pero tenía una gran voz y estaba rodeado de una extraña energía. No era Freddie Mercury ni John Lennon pero había algo en él para que los adolescentes de la década de los 90 lo convirtieran en uno de ellos. Si bien era un tipo guapo de rostro no era alto ni musculoso, es decir no era imponente. Cobain era el perfecto chico americano medio: rubio, ojos azules de rasgos armoniosos.

Más allá de lo físico era un chico de la generación X, la que forman los nacidos entre 1971 y 1985. Este grupo de edad fue testigo en su juventud de grandes cambios, como el fin de grandes paradigmas: la caída del Muro de Berlín, la implosión del comunismo, los despidos masivos de los 80 y las privatizaciones de los 90, entre otros. Es la generación que vio la aparición y difusión del sida con sus consecuencias de cambio de comportamientos. Así, por esos años el mundo se llenó más de lo habitual de adolescentes descontentos y más o menos inadaptados que vieron en la ropa y, desde luego, en la música, de Cobain algo con qué identificarse: él también era un inadaptado.

En 1991 solo cientos de jóvenes en todo el mundo habían escuchado la canción más conocida de Cobain, que luego se convertiría en el himno grunge: Smells like teen spirit (Huele a espíritu adolescente), del segundo álbum de Nirvana, Nevermind. Para enero de 1992, con 12 millones de copias vendidas, este disco alcanzó la cima del listado de la Billboard, desplazando del primer lugar a Dangerous de Michael Jackson y superando también a Use Your Illusion de Guns N' Roses.

Con este éxito Nirvana se convirtió en la banda de toda una generación. Kurt Cobain fue proclamado portavoz de millones de jóvenes, que si bien tenían las necesidades básicas cubiertas, desconocían el afecto familiar. Pero en lugar de satisfacerle, esto incomodó y frustró al cantante, quien consideraba que los fans malinterpretaban su visión artística, de difícil encaje en el star system. Tras una actuación en el programa de Tv Saturday Live Night los productores organizaron una fiesta en honor del vocalista de Nirvana. Éste la evitó señalando “no va con mi estilo”. Según el periodista y escritor Peter Doggett: “quería ser famoso porque creía que el poder absoluto haría desaparecer todos los problemas que habían afectado a su vida desde que tenía nueve años”.

Era un gran escritor de canciones que repetidamente recibió reproches por copiar el estilo de otros, los cuales fueron innecesarios porque él admitía sus inspiraciones. Muchos músicos reconocían la capacidad de Cobain para escribir canciones sencillas que tenían vida por sí mismas.

La aparición de su tercer álbum Incesticide (1992) afianzó aún más su popularidad la cual no llenó ese vacío que arrastraba desde su niñez, así que su frustración fue creciendo. Pronto descubrió que el dinero y la fama, si bien le conseguían drogas, mujeres y un estilo de vida burgués, en nada cambiaban su vida. Seguían los dolores de estómago que lo atormentaran hasta el final de sus días. Con drogas o sin ellas, en la fama o el anonimato, seguía sintiéndose vacío, rechazado y no querido. Ni su esposa o su hija llenaban el vacío que sentía. Según el cantante de la banda REM, Michael Stipe: “él aún amaba a su banda, ama a su esposa y a su hija pero estaba muy deprimido y triste. Eso, combinado con toda la tensión…”. En 1993 salió el último álbum de Nirvana en estudio, In Utero, que si bien no tuvo el éxito crítico y comercial esperado, sus seguidores alabaron por continuar en el estilo oscuro de la banda. Ese mismo año Kobain participó junto a Nirvana en el MTV Unplugged.

El cuerpo sin vida de Kurt Cobain fue encontrado por un electricista el 8 de abril de 1994. Presentaba todos los elementos cinematográficos de los ya legendarios suicidios de monstruos del rock. Su popularidad creció aún más en los años posteriores. En 2004 Nirvana fue clasificada en el puesto 27 en la lista de los 100 mejores artistas de todos los tiempos según la revista Rolling Stone y en el puesto 14 según la revista Vh1.

Tras la muerte de su líder y hasta hora Nirvana continúa vendiendo ejemplares de Nevermind en los Estados Unidos y en todo el mundo y las emisoras de radio siguen emitiendo sus canciones. Su música continúa siendo emitida por estaciones de radio en diferentes países. Han pasado más de 20 años y no se ha producido un fenómeno similar en el mundo del rock. El descontento juvenil sigue existiendo pero internet y las redes sociales amortiguan los complejos o necesidades de los adolescentes, por lo que los íconos generacionales no tienen el impacto de antes. La gente en su mayoría, sino casi toda, ya no compra música y la descarga y los productores buscan música estándar y fabricada en serie.

La muerte de Kobain se convirtió en el epílogo de una carrera fulminante y en el final de la banda más influyente del rock de los 90. El momento que se truncó la carrera de un genio y se desintegró un universo. Y el grunge ya no fue el mismo.

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