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Liga de la Justicia

La desbocada acumulación de efectos digitales obtura hasta el mínimo la imaginación del espectador.

Liga de la Justicia. Foto: Internet

Liga de la Justicia. Foto: Internet

La Razón (Edición Impresa) / Pedro Susz / Crítico de cine

00:00 / 29 de noviembre de 2017

El subtítulo cabal para este desaguisado cinematográfico bien podría ser “el arrasamiento de la imaginación”. No es que se trate de un asunto de data reciente, pero encuentro en el último producto DC la consumación de una tendencia afanada desde hace buen rato en desvanecer los límites entre lo real y su duplicación icónica, partiendo de la premisa —falsa por cierto— de que la imagen copia lo visible, cuando en verdad lo recrea, que es cosa muy distinta.

A tal equívoco de partida, no desinteresado por cierto, responde el ansia perpetua de encontrar en la técnica los recursos requeridos para una cada vez más fiel “impresión de realidad”. Dicho en términos un tanto más pedestres, y solo para quedarnos en la historia del cine, la búsqueda del papel carbónico perfecto ha sido el Dorado perseguido a través de las sucesivas innovaciones técnicas, cuyo apremio alcanzó cotas histéricas cada vez que los datos de taquilla advertían una tendencia inocultable al descenso, urgiendo a las productoras a empeñarse a fondo en el lanzamiento de primicias apuntadas a desentumecer el aletargado interés por acudir a las salas.

Si en su alumbramiento el biógrafo ya venía preñado de esa ambigüedad conceptual, según queda constancia en el origen etimológico del propio nombre del aparejo: “máquina de reproducir la vida”, a medida que se posicionaba como el gran pasatiempo de masas y cabeza de la industria cultural, o del entretenimiento mejor, transformándose en una fuente de ingresos esencial de la economía capitalista, amén de sus usos como herramienta de configuración de los imaginarios colectivos capturados por el consumismo y la espectacularización de todo, que la televisión llevaría a la máxima expresión, el colacionado equívoco acabó relegando a segundo plano las otras factibilidades del cinematógrafo.

Volvamos empero al principio. El atractivo de los comics, subgénero de la literatura popular, residía por sobre todas las cosas en su poder de sugestión, en la fantasía que activaba en el lector imaginando las peripecias de esos superhéroes a cargo de salvar el planeta de las acechanzas de villanos que personificaban invariablemente lo otro, lo desconocido. De allí su éxito masivo en épocas de incertidumbre: el crack del 29, o los tormentosos años de las dos contiendas bélicas mundiales.

Todavía los primeros acercamientos del cine a los entreveros de aquellos justicieros de papel dejaban cierto margen a la imaginación y la fantasía. Todo eso acabó con el matrimonio del género y los efectos digitales, avenimiento que faculta a grados hasta hace no mucho inimaginables la perseguida impresión de realidad a partir de la virtualización integral de esta última. De la realidad fraguada a la “realidad aumentada”, el flamante timo conceptual acuñado por la profecía autocumplida del fetichismo tecnológico en boga.

La última movida de DC Comics en su disputa con Marvel por los mercados no es únicamente una película detestable en sí, es, sobre todas las cosas, la testificación del crepúsculo de la inventiva y la fábula, el remate en suma de la consigna de escamotear la realidad detrás de su simulacro.

Para este episodio de la batahola, cuya única víctima definitiva es el cine, DC Comics llama al servicio activo a parte de sus reservas. Al resto le tocará en los episodios, penosamente, por venir. Así permiten temer los dos avances poscréditos que usufructúan, sin el menor rubor, la resaca de los ansiosos incautos anunciando los siguientes eslabones de esta nulidad inacabable.

Batman, Superman, Flash, Aquaman han sido entonces convocados por el director Zack Snyder con la misión de impedir que Steppenwolf pueda poner en práctica los siniestros planes que anuncia, una y otra vez, con un gutural vozarrón, se propone llevar a cabo, valiéndose de tres “cajas madre”, que en caso consiga juntar desatarán el apocalipsis. Cuando el antagonista está obligado a verbalizar con cansadora insistencia lo malo que es, las penurias que se propone provocar, se trata del síntoma inocultable de la endeble construcción del personaje.

Planteada a la rápida la disputa, la trama pasa expeditivamente a una extensa sucesión de escenas ahítas de golpes, ruidos, explosiones, demoliciones. La mecánica narrativa —en el estricto alcance del término— recurre invariablemente al mamporro y la réplica, las caídas y las recaídas, los saltos y los asaltos.

La chapucería del relato de dos horas, con un tercio sobrante cuando menos, no resulta únicamente atribuible al realizador. El guion tampoco ayuda en absoluto con su indecisión respecto al rumbo definido para desarrollar el conflicto, al estilo, al tono, al género. Hay de todo un poco que no cuaja en nada preciso. La insípida mescolanza de referentes entresacados de diversas mitologías es, en ese sentido, la señal de semejante indefinición: ¿humorada?, ¿aventura?, ¿alegoría a propósito de la contemporaneidad? Nunca termina de saberse. Los retoques y retorcimientos de que fue objeto el guion a consecuencia del descalabro taquillero de Batman vs. Superman: el origen de la justicia (2016), el pretencioso mamarracho anterior del mismo Snyder, no han hecho otra cosa que empeorar esta reincidencia.

Los escasísimos momentos rescatables quedan a cargo de La Mujer Maravilla, rescatando la frescura que exhibía en el cometido precedente de la empresa, cuando dio la impresión, equivocada por lo visto, de que ésta había comprendido que ya era hora de reencaminar el subgénero en otra dirección. También pueden salvarse algunas intervenciones de Flash, el tontín cuyos despistes aportan unos leves toques de color al anodino grupo de paladines de la justicia, al cual se suma en los tramos finales del relato Superman, sin sumar en realidad un ápice.

En definitiva. La desbocada acumulación de efectos digitales, en cuya antes señalada capacidad de simular un realismo sin fisuras confía en definitiva el asunto, termina obturando hasta el mínimo espacio para la imaginación del espectador zarandeado mediante tal indigesta profusión de artificiosidad icónica, que termina dejando en cero absoluto cualquier posibilidad de disfrute genuino de esta consumación plana y aburrida de un sinsentido insalvable.

Ficha Técnica

Título Original: Justice League 

Dirección: Zack Snyder

Guion:  Chris Terrio, Joss Whedon

Historia: Chris Terrio, Zack Snyder Personajes creados por: Jerry Siegel, Joe Shuster, Gardner Fox, Bob Kane,  Bill Finger,  William Moulton Marston, Jack Kirby

Fotografía:  Fabian Wagner - Montaje: David Brenner, Richard Pearson, Martin Walsh 

Diseño: Kate Ringsell - Arte:  Patrick Tatopoulos, Lorin Flemming,  Matthew Gray - Maquillaje: Jo Barrass-Short,  Emmy Beech,  Jo Best 

Música: Danny Elfman - Efectos: Steven Timothy Amos, Liz Barron,  Adrian Bennett, Julie Bentley

Producción:  Ben Affleck, Madison Ainley, Wesley Coller, Marianne Jenkins, Finni Johannsson, Geoff Johns, Daniel S. Kaminsky, Curt Kanemoto,  Benjamin Melniker, Christopher Nolan, Charles Roven, Jim Rowe 

Intérpretes:  Ben Affleck, Henry Cavill, Amy Adams, Gal Gadot, Ezra Miller, Jason Momoa, Ray Fisher, Jeremy Irons, Diane Lane, Connie Nielsen,  J.K. Simmons, Ciarán Hinds,  Amber Heard, Joe Morton, Lisa Loven Kongsli, Ingvar Eggert Sigurðsson, David Thewlis

USA, Inglaterra, Canada/2017

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