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Gonzalo Cardozo necesita apoyo

El escultor, que dedicó su vida a promover las artes, está delicado de salud.

Museo. Cardozo (centro), como anfitrión del repositorio que abrió en su casa, donde miles de piezas son apreciadas por los visitantes. Foto: Gonzalo Cardozo

Museo. Cardozo (centro), como anfitrión del repositorio que abrió en su casa, donde miles de piezas son apreciadas por los visitantes. Foto: Gonzalo Cardozo

La Razón (Edición Impresa) / Grover Cardozo / Comunicador

00:00 / 27 de agosto de 2017

Gonzalo Cardozo, el escultor que hace décadas pide más consideración y respeto para la Madre Tierra, sobrelleva hace semanas un lento y costoso proceso de recuperación, luego de que el ajayu solidario y la energía de miles de amigos y familiares le permitieran enfrentar una cirugía de corazón abierto en la Clínica Univalle de Cochabamba.

Días de angustia y aflicción para su familia y también para miles de amigos cuidadosamente cultivados en estos últimos 30 años, como parte de una mística solidaria y amistosa por la que él apuesta hasta hoy con un criterio concreto: “Todos venimos de un único tronco y todo el tiempo debemos devolver lo que recibimos”.

Antes de su repentino ingreso a terapia intensiva, en su primer tratamiento en Clínica del Sur en La Paz, Gonzalo expresaba una atónita mirada que denotaba no entender el duro momento que empezaba a vivir. Ojos   humedecidos por la cambiante situación de sus órganos vitales, pero también un gran destello de esperanza por el cariño que sigue recibiendo desde muchos confines del planeta.

La madera y los jesuitas

Gonzalo desde muy niño dejó aflorar un talento creativo de alto calibre. En la maestranza de carpintería de su papá Zenón Cardozo, el estudiante lasallista observaba con admiración la destreza de los maestros para convertir ásperos tablones en bellísimos muebles de madera mara. “Ha tenido que ser esa influencia lo que me llevó a cultivar ciertas habilidades creativas y un acercamiento al arte”, afirmó en cierta ocasión en una conversación familiar.

De muy joven, Gonzalo asimiló lo más fuerte y combativo de los principios cristianos. Leía a quienes mostraban a un Cristo terrenal y más próximo a los pobres, como el sacerdote brasileño Helder Cámara, autor de Espiral de violencia y con similar entusiasmo abrazaba los planteamientos de la no violencia de Mahatma Gandhi. De Jesucristo repetía con cierta frecuencia la revolucionaria frase: “La verdad nos hace libres” y uno de los óleos que pintó con inocultable entusiasmo fue la difundida foto de Ernesto Che Guevara, conocida en los años 70 en toda América Latina.

Pasaba horas y horas en la parroquia Nuestra Señora del Rosario, en una zona periférica de Oruro, donde    recibía la formación e influencia de   sacerdotes jesuitas. Por esa vocación, para nadie era un secreto que Gonzalo era hasta entonces un buen candidato a vestir la sotana. Esa vocación iba en incremento hasta que conoció a Maria Velásquez, su compañera de vida.

Creador de un museo

Desde inicios de los 90, hizo de su vivienda un museo. Cada pieza fue trabajada por sus manos en chatarra, cerámica y piedra, junto a creaciones de su esposa e hijas.

Las visitas cotidianas que recibía el repositorio, sobre todo de intelectuales, artistas y gente con sensibilidad artística de a poco fueron convirtiendo el museo familiar en uno mayor donde se exponen obras de conocidos maestros de la pintura y la escultura boliviana. Ahí tomó forma lo que hasta hoy es Casa Arte Taller Cardozo Velásquez - CATCARVE.

Con precisión, la periodista orureña Mónica Aramayo dijo en una ocasión en el periódico La Patria de aquella ciudad: “Desde el ingreso a la vivienda de Gonzalo Cardozo se respira el cautivante aire artístico, pues no solo están las creaciones de su autoría. Ahí cada miembro de su familia, (..) tiene su propio espacio para dejar testimonio de sus creaciones”.

“La casa museo es para admirar centímetro a centímetro cada detalle desde la entrada. Hay miles de piezas de todo tipo, obras realizadas desde una cáscara de huevo hasta tapas corona”, afirmó por su parte el cronista Guillermo Ortiz Lozada.

Ingresando al museo se aligera el ajayu y al observar esculturas en piedra, trabajos en cerámica y todo tipo de objetos artísticos los visitantes sienten una conexión con ciertas energías telúricas y ancestrales.

Con el afán de propagar el arte, a mediados de los 90 Gonzalo y su familia crean el programa “Para volver a ser niños juguemos con ellos”, un inédito hito en la promoción artística y cultural, sobre todo en zonas marginales y rurales de Bolivia, a las cuales no llegaban ni la mano de privados ni del Estado. Junto a su familia y voluntarios, domingo tras domingo se producían verdaderos desembarcos en poblados rurales para reunir a niños, niñas jóvenes y personas de todas las edades, a quienes se entregaban pinceles, arcilla, telas y se les planteaba un reto: con esos materiales graficar la realidad a partir de sus vivencias. Desde luego, en los varios años del programa salieron verdaderas joyas artísticas, sobre todo de niños que así tenían la posibilidad de abrir su alma al mundo y hacer conocer lo que estaban viviendo. Cerca de 30 años dedicados a promover la creación artística. En todo este tiempo Gonzalo Cardozo abrió su museo para cientos y miles de visitantes llegados del interior de Bolivia y el extranjero.

Pero el artista que hace años hace aflorar su sensibilidad creativa para la gente, hoy atraviesa por un delicado cuadro de salud luego de la operación de corazón. La cirugía, por su alta complejidad tiene costos altísimos que solo pueden ser enfrentados con la solidaridad de la gente. Por eso invitamos a todos los amigos y personas de bien a sumarse a esta campaña para ayudar a Gonzalo Cardozo a recuperar su salud. Para ese fin está habilitada la cuenta N° 3786754011 del Banco Bisa, a nombre de Kurmi Claudina Cardozo Velásquez.

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