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‘Otra Fuente Ovejuna’, un grito feminista

Danzas españolas y teatro se unen para hablar de violencia y rebelión.

La Razón (Edición Impresa) / Camilo Gil Ostria

00:00 / 04 de septiembre de 2019

400 años y muy poco ha cambiado”, afirma Yadir Vázquez, haciendo referencia a la desigualdad de género, tema central en toda su obra. Él es director de A ComPás, compañía de danzas españolas que cumple 15 años preparando bailarines con quienes trabajar estos gritos contra la injusticia. “Mientras esté vivo y haga lo que hago esos van a ser mis temas y obsesiones”, comenta el coreógrafo cubano. Desde su punto de vista el arte debe ser conciencia y la conciencia es imposible sin arte.

Su nueva obra, Otra Fuente Ovejuna es una adaptación libre (acreedora de un fondo de Intervenciones Urbanas) de Fuenteovejuna, drama del escritor español Lope Félix de Vega Carpio. Esta se presentará el 7 y 8 de septiembre en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez (Jenaro Sanjinés e Indaburo). El primer día, a las 19.30, y el segundo, en dos horarios, a las 16.30 y a las 19.30.

Que se presente este año no es una casualidad. Esto no solo por los festejos del elenco o por los cuatro siglos que han pasado desde que el autor del siglo XVII la publicara en 1619; sino también porque han pasado 20 años de la representación de Fuenteovejuna que Antonio Gadez, famoso coreógrafo español, realizara en Cuba. Él era uno de los maestros de danza de Vázquez y ésta fue una de las mejores obras que vio durante su estadía en dicho país. Así que recupera mucho de ella.

La obra, como en el clásico barroco, aborda el tema de la violación de una mujer y la venganza de un pueblo ante esta injusticia. Pero varios son los cambios que Vázquez propone: desde el contenido —convierte la obra en “atemporal” a través de la actualización del lenguaje y la eliminación de marcas de época— hasta la forma —juega con una escenografía “minimalista” y, más radicalmente, da al flamenco y a otras danzas regionales españolas, en las que la compañía se especializa, un papel preponderante en la puesta.

“La danza y el teatro tienen un diálogo, pero también son muy opuestos”, señala Paola Cabrera, quien jugará el rol de Laurencia, la protagonista. Ella se ha formado en danza ya por más de 30 años y es profesora en la academia. Sin embargo, nunca había hecho actuación, por lo que la asesoría actoral de Marta Monzón le permitió crear un personaje que se va “transformado de principio a fin”, como señala Vázquez.  Haciendo así que los dos lenguajes se vayan conectando, “pues ambos llevarían al mismo resultado: arte”, detalla Cabrera.

Caso opuesto es el de Fernando Arze Echalar, quien hace teatro desde hace casi 35 años y es el “único actor sin ninguna formación de danza”. Su reto entonces fue otro: representar a un violador. “No es un personaje muy lindo, pero tratas de buscar su humanidad”, explica Arze. “No es un psicópata, tiene sentimientos, se da cuenta de las cosas que hace, sin embargo, no pide perdón y esa es una elección que él toma”.

Además de ambos artistas, habrá 16 bailarinas de la compañía en escena, representando al pueblo. “El pueblo es el que se rebela a través de la danza”, señala el director del espectáculo; para quien la danza aquí no es el adorno de “bailar por bailar”, sino que es eje central de la trama, potenciando distintos momentos y sensaciones generados por la historia.

Éste está compuesto solo por mujeres porque, en esta versión, “los hombres son los cobardes de la historia, no aparecen para nada, creo que la presencia femenina da otra sensación y otra visión”, señala el cubano. El tema de género no habría sido abordado de la forma correcta por los gobiernos o las instituciones internacionales, por lo que las cifras de feminicidios o acoso son alarmantes en todo el mundo. Así el arte cumple un deber social, pero no por ello carente de esfuerzo en lo estético y escénico.

“El trabajo se ha hecho de corazón, abordando un tema que no todo el mundo tiene la valentía o coraje de tocar”, indica.

Yadir Vázquez es un director y coreógrafo con ideas claras sobre lo que quiere lograr a nivel visual en escena, según la experiencia de Arze. Pero también es así con sus objetivos fuera del teatro, pues señala que se contentaría “con que una sola mujer salga con la valentía de denunciar cualquier acto de violencia o con que un solo hombre salga transformado”.

Aun así esta propuesta pretende escapar de lo pedagógico. “Nosotros no queremos enseñar algo, queremos mostrar lo que está sucediendo y que la gente tome sus conclusiones”, opina Cabrera. Es una obra que pone temas necesarios sobre la mesa lo que justifica, para ellos, la urgencia de su creación. “Es una obra para reflexionar, para pensar y vivir nuestras realidades”, añade el director. “Pero deliciosamente estética”, concluye Rita Calvo, encargada de la producción del evento.

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