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ELVIS entre el sueño americano y la pesadilla del triunfo

A 40 años de la muerte del Rey, se trabaja para que su luz no se apague.

El 'rey del rock',  Elvis Presley. Foto: catwiki.net

El 'rey del rock', Elvis Presley. Foto: catwiki.net

La Razón (Edición Impresa) / Juan José Cabrera

00:00 / 03 de septiembre de 2017

Hace poco más de una semana se recordaron los 40 años de la muerte de un mito polivalente, plagado de incongruencias y contradicciones. Elvis Presley bebió de las raíces negras del rhythm and blues y logró acercar el rock al público blanco, fue considerado eficaz símbolo de rebelión, claro que él nunca se consideró un insurgente ni se planteó cambiar el mundo.

Fue llamado y es considerado el Rey del rock and roll, pero él se sentía más a gusto cantando baladas country. Cuando fue a Hollywood trató de ser el nuevo James Dean, pero solo logro protagonizar películas en general mediocres. Detestaba a los hippies y las drogas mientras consumía toda una gama de estimulantes y tranquilizantes. Elvis encarnaba el sueño americano y la pesadilla del triunfo a la perfección; para algunos fue una cruel metáfora de su país.

Elvis Aaron Presley nació el 8 de enero de 1935, sus padres fueron Vernon Presley y Gladys Smith Presley, en el seno de un hogar humilde en Tupelo, en el Estado de Mississippi. Su hermano gemelo murió a las pocas horas de nacer, por lo que fue muy querido y protegido por sus padres.

A la edad de 13 años su familia se trasladó a Memphis en busca de un ambiente mejor.

En la época de colegio no fue un gran estudiante, fue amedrentado muchas veces por los adolescentes de la ciudad. Jugando béisbol logró congeniar y conseguir amigos. Es en esa época que empezó a conocer la música, logrando actuar como aficionado en solitario y también con un grupo vocal: allí es donde escuchó el blues, el country y el soul negro.

Tras graduarse, trabajó de chofer en una empresa de instalaciones eléctricas. Un buen día de 1953 estacionó su camioneta en el estudio de grabación de Sun Records, un pequeño sello local. Y sin mucho pensar, por cuatro dólares grabó un disco para regalárselo a su madre. La empleada que le atendió se fijó en él y recordó que su jefe, Sam Phillips, siempre hablaba de que “hay una fortuna esperando a quien descubra a un cantante blanco con el sonido y sentimiento de los negros”.

Phillips, cuando escuchó a Elvis, no quedó muy impresionado, pero sabía reconocer un talento. Tras horas de trabajo en el estudio y con el apoyo del contrabajista Bill Black y el guitarrista Scotty Moore, en julio de 1954, tocaron un ritmo musical que se conoció como rockabilly que permitió al joven Elvis ingresar al negocio de la canción.

La buena estrella de Elvis llamó la atención del coronel Tom Parker, quien se convirtió en su mánager y logró que la RCA (Radio Corporation of America) pague al joven artista la cifra de 40.000 dólares. Ya para 1956 se hizo del número uno en las listas con la canción Heartbreak Hotel. El mismo año rodó su primera película Love me Tender. Entonces se produjo el momento mágico en el que el artista y el público se conocieron y nació la relación Elvis y los teenagers. RCA inundó el mercado ante la gran demanda de canciones del Rey, así surgieron temas memorables como Jailhouse rock, Hound dog, Teddy bear o All shook up, entre otros, la sensación fue tal que los “guardianes de la sociedad” no comprendían cuál era el misterio de ese joven de rasgos normales, que con pocas palabras y movimientos espasmódicos controlaba a toda la juventud.

En 1958 el joven Elvis debía cumplir con el servicio militar, cosa que no le agradaba, y fue enviado a una base militar en la República Federal de Alemania por pedido de su mánager, quien quería mejorar su imagen frente a los padres de Estados Unidos. Ese año falleció su madre a causa del abuso del alcohol y las píldoras para adelgazar. La simpatía de toda una nación se derramó por el cantante, amante hijo y patriota impecable.

Ya para su vuelta en 1960, Elvis apareció en el programa de televisión de Frank Sinatra donde el León del Rock and Roll se convirtió en un artista para toda la familia con base en un nuevo estilo más melódico y dócil. El coronel Parker tenía la idea de que el rey deje la música y se concentre en el cine, filmando tres películas por año, mientras el Rey se instalaba en las nubes del éxito en su mansión de Graceland. Hicieron su aparición Los Beatles, Bob Dylan y Los Rolling Stones; pero él no se dio por enterado de que el rock and roll había evolucionado.

En 1967 se casó con Priscilla Ann Beaulieu, hija de un militar, y al año tuvieron a su única hija, Lisa Marie, quien muchos años después se casaría a su vez con el rey del pop Michael Jackson. A partir de esos años parece que la fuerza de Elvis se perdió y sus fans fueron siguiendo a las nuevas estrellas del rock que aparecían.

A finales de 1968 Elvis reapareció en un especial de Navidad, el coronel Parker quería proyectar de nuevo su imagen utilizando material de viejos éxitos combinado con lo nuevo. Un año después el Rey volvió a ser número uno con la apabullante Suspicious Minds que fue precedida por In the Ghetto, canción con gran contenido y mensaje. En La Vegas se armó un espectáculo de culto al ídolo que se repite año tras año hasta el cansancio.

En sus últimos años, Elvis gozó de la visibilidad que perdió en los años 60, pero es también ahí cuando el mito adquirió visos de tragedia. Infatigablemente mujeriego, recibió con desagrado y repudio la noticia de que su mujer se fugó con su instructor de karate, terminando este matrimonio definitivamente en octubre de 1973.

Para 1974 las ventas de sus discos habían descendido alarmantemente. Cuando su implacable mánager, el coronel Parker, conseguía meterlo finalmente en un estudio, al cabo de uno o dos días Elvis escapaba del lugar.

Los conciertos en Las Vegas cada vez fueron más penosos. Las críticas, feroces, se debatían entre la pena y la rabia. Algunos escribían que el Rey estaba gordo, adormilado, que no vocalizaba y olvidaba las letras de las canciones o simplemente las cambiaba de modo grotesco. Se comportaba erráticamente: lo mismo hacía una exhibición de karate en mitad del show que iniciaba una guerra de pistolas de agua con sus coristas.

El sobrepeso solo fue uno de los muchos problemas que padeció, pues sus problemas intestinales y su hipertensión aumentaron. Le fue detectado un principio de glaucoma e hígado graso. Para combatirlos, y para poder conciliar el sueño, tomaba cantidades ingentes de sedantes, analgésicos y estimulantes los cuales habían inflamado su intestino y, por tanto, agravaban su estreñimiento crónico, que contrastaba con las ocasiones que solía perder el control de sus intestinos, por lo que usó pañales en conciertos. Fue hospitalizado en varias ocasiones por sobredosis.

A sus 42 años, Elvis estaba muy lejos de aquel muchacho de 19 años que había saltado a la fama. Su personaje le había devorado y se había convertido en una criatura hinchada y dependiente de la infinita lista de medicamentos que consumía. La noche del 16 de agosto de 1977 Elvis no había conseguido dormir, se encontraba en Graceland a vísperas de una gira. Tomó un libro sobre la Santa Sábana de Turín de su extensa biblioteca de temas esotéricos y se retiró al baño para leer. Al día siguiente su novia, Ginger Alden, encontró su cuerpo en el suelo en posición fetal en un carcho de vómito. Para evitar el escándalo, al ser un héroe nacional, el forense dictaminó que era una muerte natural, un ataque al corazón, sin referirse a los medicamentos que tomaba.

Pero con su muerte no acabó el mito, al contrario: no tardaron en surgir grupos de fans fieles dispuestos a negar la muerte de su Rey. Que Elvis Presley está vivo sigue siendo una de las leyendas urbanas más populares del rock. Los indicios para justificar que no murió se remontan hasta el momento de su funeral. Algunas de las personas que acudieron a darle el último adiós comprobaron que había algo raro en el cuerpo y en el ataúd, como si fuera un muñeco y no él.

Los avistamientos del Rey siempre estuvieron a la orden del día. Tras su muerte, varios testigos aseguraron que se encontraron con él en los lugares más singulares del planeta: desde Estados Unidos, en una gasolinera de Montana, leyendo poesía en la Universidad Estatal de Pensilvania, pidiendo aventones en una autopista de Texas; hasta Europa, en un supermercado de Cambridge, en una pizzería de Southampton, en una oficina de Oslo; incluso hay quienes dicen hoy que radica en Argentina. Aparte de los avistamientos, existen numerosos testimonios fotográficos donde aparece un supuesto Elvis. Las más famosas: una imagen que tomó un fan de Graceland, donde se ve a Elvis detrás de la ventana, y otra de septiembre 1984 en la que Muhammad Ali aparece en primer plano con Presley detrás de él.

Este 2017 no solo se recuerdan los 40 años de su partida, sino que ahora el difunto cantante debe luchar con el declive de su popularidad. La última década Memphis ha percibido la menor asistencia de turistas a la Elvis Week. En 2011 se cerró Viva Elvis, un montaje del Cirque du Soleil por las decepcionantes cifras en taquilla.

Pero no todo está perdido: su discográfica ha realizado con éxito asombrosas acrobacias, así como su acercamiento a las pistas de baile. Junkie XL ha realizado una remezcla de A Little less conversation, y están también los recientes álbumes de baladas con el añadido de la Royal Philharmonic Orchestra, valiosos pese a la inclusión de unos duetos (“desenterrados”, en la jerga de los disqueros) perfectamente prescindibles.

Al final de todo queda su obra, apareció en la escena con un gran impacto para la década de los años 1950. Su música y su personalidad, que fusionaban los estilos del country blanco y el rhythm and blues negro, cambiaron permanentemente la cara de la cultura popular estadounidense.

Tenía un intenso número de seguidores, y en todo el mundo era un símbolo de vitalidad, rebeldía y buen humor de su país, y que pese al bajón de su popularidad, ya tiene un lugar en el salón de la fama del rock, pues no se puede hablar de este género musical sin hablar de Elvis Presley.

Juan José Cabrera es escritor y docente universitario

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