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Diablo de oro, el cine de Latinoamérica se instala en Oruro

El festival  de cine, que nació en 2005 y resurgió en 2015, busca fortalecerse.

El crítico Pedro Susz, el director Antonio Eguino y la productora Raquel Romero

El crítico Pedro Susz, el director Antonio Eguino y la productora Raquel Romero

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda

00:00 / 13 de febrero de 2019

Que los amantes del cine en Oruro puedan disfrutar de cintas de 20 países diferentes fue una de las alegrías que fortalecieron la séptima versión del Festival Internacional de Cine Diablo de Oro.

“Gracias a la incorporación al equipo de organizadores del experto argentino Fausto Nicolás Balbi —programador del Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires y responsable de Cineramaplus, página web especializada en este arte— tuvimos acceso a una gran cantidad de películas, tanto largometrajes como cortos”, detalla Wálter Salguero, director general del festival y concurso de cine que se realiza en Oruro desde 2015.

Si bien se creó en 2005 —por iniciativa del cineasta y escritor orureño Juan Pablo Ávila—, el evento dejó de realizarse desde 2008. Un grupo de jóvenes decidió recuperarlo ocho años después.

“Trabajamos mucho para revitalizar el festival. Además de buscar mayor variedad, reformulamos su imagen, con la ayuda del artista Alejandro Archondo, quien buscó que el logo se acercara mucho más a una careta de diablada orureña”, detalla el organizador.

En noviembre de 2018, Oruro vivió cinco días de intensas actividades relacionadas con el cine. Además de proyecciones, también se realizaron charlas magistrales y homenajes a figuras importantes. En esta versión el crítico Pedro Susz, el director Antonio Eguino y la productora Raquel Romero fueron los invitados de honor, en la ciudad del folklore.

Si bien la formación de espectadores es su principal motivación, reconocer el trabajo de los cineastas nacionales e internacionales con los premios Diablo de Oro le da identidad al evento.

En la competencia nacional el premio al mejor largometraje se lo llevó Algo quema (Mauricio Ovando), y Marcos Loayza (Averno) obtuvo la estatuilla a mejor director. En el concurso internacional Nada queda sino nuestra ternura (Sebastien Jallade/producción peruana) salió elegida como mejor película y el Diablo de

Oro a mejor director fue para la española Anaïs Pareto (SINVIVIR).

“Nos alegró tener tantas producciones nacionales. Se presentaron propuestas innovadoras, tanto de parte de creadores jóvenes como de aquellos directores experimentados. Además recibimos cerca de 300 cortometrajes, que pudimos exhibir gracias a la recepción de los cines”.

Esta actividad nace de una necesidad por darle a la ciudadanía orureña una alternativa cinematográfica diferente a la comercial. Los organizadores buscan cintas con una mirada crítica a realidades más cercanas a las que se viven en Bolivia.

Para esta gestión los organizadores del festival esperan consolidar la participación de creadores de todo el mundo y sobre todo la consolidación de nuevos públicos. Para eso se tienen programadas más actividades que involucren a estudiantes de colegios y universidades, además de incluir en el festival a las poblaciones rurales interesadas.

“Ya tenemos varios convenios con autoridades que apoyan al festival. Hemos hecho proyecciones y algunos talleres básicos de cinematografía. Lo que nos toca hacer este año es hacer más eventos, con mayor regularidad”.

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