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Construcciones del amor

La artista visual Narda Alvarado participó en la Bienal de La Habana 2019, realizada entre abril y mayo, con un proyecto que propone cuatro construcciones basadas en sus reflexiones sobre el amor.

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda

15:28 / 26 de junio de 2019

El amor es el detonante de la propuesta más reciente de la artista visual paceña Narda Alvarado. Las posibilidades son tantas —hay una tradición enorme al respecto, en casi cualquier forma artística— que aparece la sospecha. A esto hay que sumarle que la herramienta que eligió para darle forma a sus reflexiones es la arquitectura. Ahí, la curiosidad explota y hay que ir más profundo.

La arquitectura del amor 1.0, título provisional de la obra, se presentó en la 13 Bienal de La Habana (Cuba). Como Alvarado, artista autodidacta paceña, investigadora y arquitecta formada en Bolivia, Países Bajos y EEUU, ya ha participado en este evento, fue invitada directamente por los organizadores. La creadora recibió un auspicio de $us 3.000 para producir la obra, gastos de viaje y viáticos de Entel, Banco Unión y la Embajada de Bolivia en Cuba.

“La arquitectura hegemónica es patriarcal y se centra en el poder. Tenemos templos que glorifican todo: la religión, el consumo, el dinero y también cosas mejores, como el conocimiento. Pero no existe ninguno para el amor”, explica la también arquitecta.

Recojo la última idea y pregunto “¿y los moteles?” “No son espacios que alimenten el sexo amoroso,” —continúa—“son lugares anónimos, ocultos, con una connotación negativa”. El Taj Majal es su siguiente ejemplo, cuya finalidad es el homenaje, no una construcción que pretenda algo más.

Sin embargo, la crítica a la forma en que está concebida la arquitectura es solo una arista. La necesidad de pensar en el amor —que puede parecer un tanto obvio— nace de entenderlo como una fuerza revolucionaria, necesaria y universal que debe potenciarse, pensarse y alimentarse en el espacio público, en un momento en el que la violencia y las luchas de poder ganan terreno.

Como si adivinara mis primeros cuestionamientos, lo primero que hizo la creadora fue contarme los límites y características que hicieron posible la propuesta. Primero, contar con la ayuda de los  arquitectos Claudia Martínez Requena y Tizi Jiménez. Luego, reducir la investigación al amor entre dos personas y utilizar como paradigma la lógica andina trivalente. “Rompe con el pensamiento aristotélico, de verdadero o falso, planteando nociones más relativas y dándole lugar a lo incierto”. Además plantea una arquitectura con un rol epistemológico activo.  

En concreto, cuatro construcciones componen La arquitectura del amor. La primera titula Lo que se cree que el “amor de dos” es.  “Este edificio nace de lo que la convención dice que es una pareja, que se establece a partir de las leyes y la religión: el matrimonio”.

La entrada tiene elementos similares a los que tiene una capilla. Las gradas que la preceden representan las imágenes estereotipadas de historias que siempre concluyen en casamiento. Y la atraviesa horizontalmente otra construcción, formada por columnas dóricas. Una vez que se ingresa el espacio se reduce tanto, que hay lugares por los que solo cabe una persona. Tiene la forma de una flecha que se dirige al Templo o Kiosco del Divorcio, “que tiene una fosa de aceite quemado o alquitrán, y donde también está el Árbol del Amor Lento pero Seguro”. En lo alto de esta construcción hay una terraza, firmemente construida, desde la cual se puede vislumbrar una forma diferente, evolucionada, de amor.

El diseño que ilustra Lo que “el amor de dos” no es tiene una propuesta política clara. La primera edificación, que representa a la lujuria o la pasión desmedida, está hecha de paja y tiene una escalera riesgosa para ascender. En la mitad del camino hay un puente que termina en la Mina de las Desgracias, una montaña que representa las relaciones tóxicas.

La coherencia entre materiales y conceptos es más evidente en esta construcción y Alvarado se detiene para explicar detalles y significados. “La mina genera curiosidad, pero los andamios que hacen posible bajar están hechos de madera carcomida. Y es una referencia clara al Cerro Rico de Potosí y a la explotación desmedida que se ha hecho allí”.

Aquí están presentes la oscuridad, violencia y dolor en un recorrido imaginario, pero físico y concreto. Bajar los niveles de la mina implica circular por espacios cada vez más angostos, lastimándose y arrastrándose. La mina no tiene agujeros o ventanas y al final solo hay aceite quemado, una vez más.

Sin embargo, incluso en esta representación de relaciones donde no existe el amor —aunque parezca— crece el Árbol del Amor Lento pero Seguro y hay una plataforma alta, desde la que se puede vislumbrar otras formas de construir un “amor de dos”.

El amor súper, o Lo que el “amor de dos” puede ser hace referencia al sentimiento que se genera entre dos personas estables, sanas y comprometidas. Tiene dos edificios diferentes, independientes y con bases sólidas, propias.

Uno tiene al centro un árbol fuerte, mientras que el otro tiene la forma de una cebolla invertida, con las capas del autoconocimiento visibles. La creadora hace hincapié en que ambos tienen un mismo norte. Entiendo a partir de las descripciones de ambos diseños que este norte es algo que los trasciende. Es por eso mismo que si bien las construcciones están unidas por un barco puente y comparten el Árbol del Amor Lento pero Seguro y un lago, no están mirándose una a la otra.

“Ésta última es una suerte de frustración”, lanza Alvarado, con una expresión que acompaña sus palabras. Lo que el ‘amor de dos’ podría ser o súper amor es un ideal individual. Un lugar para honrar, estudiar y alimentar formas de amor que van más allá de lo que se conoce: “Creo en conexiones espirituales sobrenaturales que están fuera de los paradigmas, como la telepatía. Y son elementos que no han sido fáciles de concretizar. Esta es una primera versión que seguiré trabajando”.

El lugar es un espacio muy ligado a la naturaleza. Capaz de albergar ceremonias de unión y desunión, así como citas, paseos, charlas y talleres. “Todos los edificios planteados pueden construirse con los materiales que proponemos”, explica. El equipo llegó a proponer en qué lugares de La Paz podrían edificarse, pensando en que forman un circuito. Cada persona puede pasar de una edificación a la siguiente, según la experiencia que esté viviendo.

El arte toma, en este caso, un papel activo en la creación de conocimiento. No se trata de dar respuestas, pero sí de crear horizontes. La arquitectura sale de su papel de refugio para potenciar una reflexión que aún tiene un camino por edificar.

“La arquitectura, para mí, es una forma de ordenar, de sistematizar y relacionar cosas”, define Alvarado. Esta redefinición sacude una de las formas de creación humana más concreta y despierta en su núcleo discusiones que a primera vista parecen ajenas a ella: ¿Cómo para la violencia? ¿Hacia dónde queremos ir? 

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