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Cien años de la Bauhaus

Walter Gropius fundó La Staatliche Bauhau —escuela de arquitectura, diseño, artesanía y arte— en 1919.

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Salinas - Docente de Diseño Gráfico de la Universidad Católica Boliviana

17:00 / 07 de agosto de 2019

En el principio fue

Fue la revolución rusa y la gran guerra. Fue el desempleo, la pobreza y el tedio. Fue la urgencia de cambiar una sociedad caduca. Fue, por tanto, el principio de lo moderno con su rosario de vanguardias en el arte. Fueron el automóvil y el avión, el psicoanálisis y la teoría de la relatividad, la Belle Époque, el capitalismo, el socialismo y el mundo polarizado por las superpotencias. Fueron pocos años en los que se desmoronaron los viejos paradigmas y se enarbolaron otros nuevos.

En ese escenario bullente, el arquitecto berlinés Walter Gropius fundó en la emblemática ciudad alemana de Weimar, en el año de 1919, la escuela de arquitectura, diseño, artesanía y arte, con el sugerente nombre de Bauhaus, en idioma alemán, o “La casa de la construcción”.

Con esta escuela, el idealista Gropius puso en marcha un novedoso proyecto pedagógico que buscaba la unificación del arte y la artesanía en beneficio de una comunidad que construye. Este ideal y la arquitectura como eje, habrían de responder a los graves problemas de la posguerra y así lo expresó Gropius en el manifiesto de su creación: “¡El último fin de toda actividad plástica es la arquitectura!”, “¡Arquitectos, escultores, pintores, todos debemos volver a la artesanía!”.

Su aparición tuvo lugar un año después de la fundación de la República de Weimar (consecuencia de la derrota del Imperio Alemán en la guerra del catorce). Existió a su amparo y, con ella, fue víctima del nacional socialismo a su llegada al poder en 1933. La razón de su cierre fue su peligrosa afinidad con el comunismo e internacionalismo. Se la acusaba de fomentar el “arte degenerado”, que era el término que aludía a toda expresión de arte moderno, opuesto al “arte heroico”.

En este escenario y en sus escasos años de vida, la Bauhaus desarrolló una visión revolucionaria del diseño. Gropius y sus profesores, entre los que se encontraban Paul Klee, Vassily Kandinsky, Johannes Itten, Josef Albers, Laszlo Moholy-Nagy, Herbert Bayer, Oskar Schlemmer y Theo Van Doesburg, entre otros, hicieron suyas la profusa generación de conceptos novedosos de las vanguardias artísticas, los progresos tecnológicos, las ideas sociales y los modernos modelos pedagógicos.

La fundación del nuevo diseño

Con la adecuación de un modelo pedagógico vanguardista, la Bauhaus puso en práctica ideales de igualdad y comunidad entre profesores y estudiantes. Su curso inicial de autoconocimiento y desarrollo de la originalidad mediante la ecuación intuición-método y sus talleres prácticos, son recursos todavía vigentes en las actuales escuelas de diseño, arte y arquitectura.

Con la experimentación como premisa, generaron los principios del diseño moderno, a partir de la simplificación de las formas y su fácil comprensión.

Como respuesta a la crisis de la posguerra, Gropius postulaba a la arquitectura como “el objetivo último de todas las artes visuales”. El edificio y todo lo que contuviera debería centrar su diseño en el usuario y, por lo tanto, los objetos de consumo debían ser funcionales, bellos y de calidad. El usuario eran (somos) todos, sin exclusiones, con el mismo derecho a disfrutar de bienes de calidad.

De esta impronta emergieron como disciplinas independientes el diseño gráfico y el diseño industrial, dejando en ese momento la tradición de subordinarse al arte y la arquitectura.

Así, la naciente Bauhaus habría de modelar la sustancia de todo lo que vemos y usamos hoy en día.

La Bauhaus en el mundo

Afirmar que una escuela de diseño fundada hace 100 años y con una existencia de apenas 14 haya tenido tanta influencia en todo el mundo suena al menos sospechoso. La explicación está en el irremediable éxodo de varios profesores y alumnos cuando el nazismo ascendió al poder. Cruzaron el Atlántico y llevaron consigo esa visión renovada. Estados Unidos, particularmente Chicago, fue donde dieron frutos estas ideas. En la década de 1930, destacados arquitectos judíos huyeron de su Alemania natal a Tel Aviv. Allá dejaron aproximadamente 4.000 edificios, la mayor cantidad de construcciones Bauhaus en el mundo. Respecto a Latinoamérica, se sabe de exestudiantes y profesores que llegaron a Cuba, México, Chile y Argentina.

La influencia de esta escuela germinó allí donde usted mira: la silla en la que está sentado, la lámpara del escritorio, los espacios que habita, los edificios de su ciudad, las publicaciones que lee, su computadora, su celular: el ADN del diseño centrado en el usuario está en todo, o casi todo, lo que nos rodea, 100 años después. Esa su importancia.

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