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La Bauhaus y la arquitectura

La influencia de esta escuela en construcciones del mundo, Latinoamérica y Bolivia.

La Bauhaus invita a artistas, artesanos y arquitectos a trabajar en conjunto

La Bauhaus invita a artistas, artesanos y arquitectos a trabajar en conjunto Foto: c.pxhere.com

La Razón (Edición Impresa) / Gastón Gallardo Dávila - arquitecto

00:00 / 14 de agosto de 2019

Afinales del siglo XIX, algunos alemanes sienten la necesidad de dar calidad a su intervención en el campo de la producción industrial, lo cual no era exclusividad alemana, ya que en los diferentes países que ingresaron al campo industrial se toleraba la mala calidad de los productos y, más aún, su pésimo diseño. Este fue el motivo de la aparición de los “ludistas” en Inglaterra, quienes propiciaban el resurgimiento de la producción artesanal y la destrucción de la industria; pero las Escuelas de Artes y Oficios se convirtieron a mediados del siglo XIX en la alternativa a estas ideas radicales, mientras paralelamente La Escuela de Chicago y la primera producción de Frank Lloyd Wright abrían nuevos caminos a la modernidad.

Así surge la figura de Hermann Muthesius, quien como agregado de la embajada alemana en Londres estudia la producción y el diseño Arts & Crafts y retorna a Alemania para asumir el cargo de Consejero Privado de la Cámara de Comercio Prusiana. Tres años después se crea alrededor de Muthesius la Deutsche Werkbund, conformada por artistas, empresarios y arquitectos. Esta iniciativa es la que catapulta el diseño alemán, creando las primeras fábricas diseñadas por arquitectos como Peter Behrens y Walter Gropius. Entre el inicio del siglo XX y la Primera Guerra Mundial, sostenida por las potencias europeas entre 1914 y 1918, fue que se permitió que esos esfuerzos se canalizaran por las escuelas de Artes y Oficios en las distintas regiones de la Alemania en consolidación, dada su unificación en 1871, menos de 30 años antes.

Esta introducción fue necesaria para presentar el surgimiento del nuevo diseño alemán y la participación del fundador de la Escuela de la Bauhaus, Walter Gropius, a quien nombran Director de la Escuela de Artes y Oficios de Weimar, fundiendo otras escuelas de artes y oficios de la región. El nombre Bauhaus fue una imposición del propio Gropius, quien asume esa dirección en su condición de renombrado arquitecto por sus obras de 1914, la Fábrica Fagus y la Fábrica Modelo en la Exposición de la Werkbund en Colonia. Sin embargo, desde el Manifiesto original de la Bauhaus, se sostiene que las artes aplicadas siempre han adornado a la arquitectura y que la nueva escuela no será una escuela de arquitectura, sino talleres de complementación a la arquitectura.

La Bauhaus invita a artistas, artesanos y arquitectos a trabajar en conjunto, bajo una nueva concepción de colaboración mutua. Gropius convoca desde el inicio a dos pintores y a un escultor para formar la escuela y de origen toma fuerza la propuesta de limpiar cabezas de conocimientos anteriores, sintetizado en el Vorkurs de Johannes Itten, extraño personaje seguidor de una religión neozoroástrica, que permanece menos de tres años. El Vorkurs es excelente y su propuesta llega hasta los confines de Europa, y hasta nuestros días muchas escuelas de arquitectura en el mundo adoptan esta metodología para iniciar cursos de creatividad, despojando de prejuicios previos a los alumnos.

Pero no en vano durante todo el siglo XX se ha considerado la Bauhaus como la más importante escuela de arquitectura de la modernidad. En ella se ensamblan todas las tendencias de vanguardia, desde la propuesta de Wright, el Stijl, el constructivismo soviético, el antiornamento de Loos, los aportes de Le Corbusier, el futurismo italiano, los dadaístas, el modernismo catalán; pero no se enseña arquitectura.

Pese a la asombrosa producción de los talleres de ebanistería, metalistería, mueblería, escultura, escenografía, textiles, tipografía, etc., que hasta el día de hoy se encuentran en exhibición en vitrinas de comercios en ciudades europeas como Florencia, Milán o París; la demanda de algunos de los primeros alumnos y la llegada de profesores como Hannes Meyer, suizo de origen, Mies van der Rohe, Georg Muche, Ludwig Hilberseimer o Mart Stam, promueven la creación del taller de arquitectura, nominado eufemísticamente de edificaciones, cuyo primer responsable fue Hannes Meyer y luego Ludwig Mies van der Rohe, ambos a la postre directores de la Bauhaus.

Es importante que tomemos consciencia de que —pese a que no se enseñaba arquitectura— de los talleres de la Bauhaus salió una nueva corriente arquitectónica que tuvo gran difusión mundial. Claramente la Fagus y la exposición Werkbund, Colonia 1914; el Edificio de la Bauhaus en Dessau, en 1925; las casas de los maestros en Dessau y la colonia Torten, obras de Gropius, más la realizada en Harvard; el proyecto para la Sociedad de las Naciones; la escuela de Sindicatos en Bernau; casas en Torten, obras de Hannes Meyer, además de sus proyectos en la URSS y México. Mies van der Rohe ya era reconocido cuando fue invitado a la Bauhaus, sus proyectos de edificios de vidrio, la casa de ladrillo, el monumento a Rosa de Luxemburgo, el plan general y las casas en la Weissenhof de Stuttgart, que el mismo había realizado, y otras obras como el Pabellón Alemán en Barcelona y la casa Tugendhat, más sus obras en EEUU; y esta lista podría seguir para citar más proyectos icónicos para el Movimiento Moderno. La influencia de la Bauhaus en el mundo fue inconmensurable, baste pensar que las sillas de Breuer aún hoy se venden en el mundo o que el diseño de la Arquitectura Moderna fue la suma de la producción del pensamiento de la Bauhaus, la propuesta lecorbuseriana, el Art Decó francés y el último Frank Lloyd Wright y, pese a su resistencia, se transformó en el Estilo Internacional del siglo XX.

Mirando hacia el panorama latinoamericano, y en especial a nuestro país, podemos afirmar con el teórico chileno Enrique Browne que “la arquitectura moderna —símbolo de las potencialidades socioeconómicas y tecnológicas de la Revolución Industrial— arribó a América Latina cuando sus sociedades eran tradicionales, la industrialización casi inexistente y el eclecticismo arquitectónico total”. En La Paz debemos reconocer que nuestro mayor patrimonio arquitectónico es el racionalismo de inspiración bauhausiana, con influencias de Art Decó. Fue producido por la generación del 30 que llegó de Europa, EEUU y Chile, en medio de la Guerra del Chaco, y comenzó a construir después de 1936; su gran escaparate fue la avenida Camacho y compitió con constructores catalanes, croatas e italianos.

Este orgullo de nuestras construcciones de las décadas de los 30, 40 y 50, que encontramos en todos los barrios paceños y que actualmente se hallan en proceso de destrucción, tiene raíces profundas en la Escuela de la Bauhaus, aunque su racionalismo y abstracción sean contradictorios con el sentido claramente barroco de los gustos populares de la región occidental del país, que hoy impone la Arquitectura Neo Andina en la ciudad de El Alto.

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