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Aladino

El inglés Guy Ritchie se encargó de llevar al ‘live action’ al filme animado de 1992 de la factoría Disney.

Escenas del film 'Aladdín'

Escenas del film 'Aladdín' Foto: s.yimg.com

La Razón (Edición Impresa) / Pedro Susz - crítico de cine

00:00 / 05 de junio de 2019

Veinte y un puchito años atrás, más precisamente en 1998, la ópera prima de Guy Ritchie (Hatfield/1968), estrenada con el bizarro título de Juegos, trampas y dos armas humeantes fue ponderada de manera unánime por la crítica como el advenimiento de un autor predestinado a vanguardizar la renovación del aletargado cine británico independiente. Las loas se repitieron dos años más tarde con la subida a cartelera de Snatch. Ambas realizaciones, abocadas al cine de acción, compartían ciertamente un estilo singular, propio, en el manejo visual de la narrativa tópica del género. La presencia de una cámara brutal y la reiterada transición por corte directo de tomas en cámara lenta a otras que saltaban al encuentro de los personajes, eran algunos de los rasgos preponderantes de aquel modo personal de implicarse, e implicarnos, en las historias puestas en imagen.

Lo que vino después de los títulos mencionados fue enfriando gradualmente las recensiones elogiosas, así como las presunciones acerca de las enormes virtudes renovadoras de Ritchie, desembocando finalmente en el cúmulo de dudas alimentadas por esta cinta reciclada en el modo live-action de Aladino y la lámpara mágica (1992), animación dirigida por Ron Clements junto a John Musker y firmemente aposentada en el recuerdo de los espectadores de un par de generaciones precedentes.

Tal fórmula basada en la repesca de títulos de películas de “dibujos animados” con gran rendimiento taquillero en su momento ha sido una de las estrategias desplegadas por Disney en el forcejeo en curso por la preferencia del público infantil, buscando, de paso, sacarle el jugo a la nostalgia de los mayores. Si algo prueba, una vez más, la nueva versión de Aladino es el poder deglutivo de la industria hollywoodense para reclutar figuras otrora empeñadas en la exploración de caminos alternativos poniéndolas a manufacturar dichas convencionales rehechuras despojadas de cualquier sello autoral distintivo.

La realización de 1992 insumía los 90 minutos entonces estándar de los largos. El remake de Ritchie agrega 38 minutos porque sí, o mejor dicho, sin mayor justificación que acomodarse a otra de las recetas de uso común en las franquicias, no se sabe bien si es por el malentendido pedestre de creer que más es necesariamente igual a mejor.

Grosso modo el guion de coautoría del propio Ritchie y John August se atiene al contenido argumental del filme de 1992, sin dejar empero de sumar algunos acentos necesarios para acomodar la historia a los vientos que soplan, eso, extrayéndoles toda la cafeína que pudiese inducir a creer que se trata de añadidos fundados en la convicción de contestar de frente los valores y prejuicios de la ideología dominante.

De tal suerte, con cierta precipitación pudiera suponerse que este Aladino da por sentenciado el fin de la paranoia instalada en el imaginario colectivo luego de los sucesos del 11 de septiembre de 2001 que convirtieron a los turbantes en el símbolo del mal, reemplazando la vieja fantasmagoría del oso de las estepas. O, en otro orden de cosas, que el talante hasta cierto punto disruptivo impreso al personaje de la antes sumisa princesa Jazmín hace suyos los reclamos de igualdad de género. Por si alguien no cayera en cuenta, el ladino Jaffar nos enrostra sentencias del calibre “las mujeres deben ser vistas, no oídas”.

Recordemos cómo, con similar ligereza demagógica, la versión reacondicionada de La bella y la bestia (Bill Condon/2017), otro título animado reciclado en el formato live action de la lista de títulos de la factoría Disney incluía un gay en el reparto a guisa también de aparentar ponerse en onda.

Aladino, se sabe, es un joven “en condición de calle” dedicado a raterías de poca monta para ganarse la vida. Su enamoramiento instantáneo, cuando la princesa Jazmín pasea de incógnito por las calles del reino de Agrahab para interiorizarse de los deseos y necesidades del común, lo lleva a aventurarse dentro del palacio del Sultán, siendo atrapado allí por Jaffar, el ambicioso gran Visir deseoso de hacerse con el poder absoluto, a cuyo efecto obliga al muchacho a internarse dentro de una laberíntica cueva en busca de la lámpara maravillosa que al ser frotada corporiza un genio capaz de hacer realidad los apetitos de los mortales.

Figurativamente el tratamiento apela a una paleta cromática sobresaturada, tentando remitir al colorido propio de las animaciones clásicas de Disney, solo que aquí el recurso conjuga mal con las múltiples secuencias hechas por computer generated imagery (imágenes generadas por computadora) cuyo perfeccionismo técnico reñido con el verosímil se añade así al colorinche —más adecuado por lo demás a la cultura hindú que al medioevo árabe— coqueteando con el empalago puro y simple.

Idéntica adhesión al exceso se pone de manifiesto en la inclusión de todas las canciones de la cinta de 1992, con leves retoques en la letra para subrayar un tanto el barniz de actualización, más el inevitable plus de un par de melodías que no aportan un ápice a solidificar el relato porque el yerro mayor de este, aparte de las debilidades del guion, está en la incomodidad del realizador para dar con el punto de equilibrio entre su preferencia por los asuntos de acción, casi siempre en extremo violentos, y la comedia musical edulcorada. La manera de introducir las melodías, interfiriendo con torpeza en el desarrollo narrativo, termina semejando un recurso para provocar la emoción en lugar de permitir que ella aflore del propio relato. 

Es llamativo asimismo el descuido espacial en la recreación figurativa del entorno, pues se supone que Agrabah es un gran reino, el cual en la ocasión semeja más bien un villorrio algo pobretón, parece responder a la premisa de Ritchie y su coguionista de que los entretelones del relato son de dominio público, lo cual hace innecesario abundar en detalles sobre el particular cortando camino al encuentro de los protagonistas, decisión que no redunda empero en absoluto en la densificación dramática de aquellos, más bien lo contrario. Aladino es un personaje con escaso carisma y su viveza aprendida en la escuela de la calle denota escasa naturalidad. Jaffar, el antagonista, está tramado mediante una condensación de tópicos, terminando por ser un villano esquemático. Y Jazmín, a quien Ritchie daría la impresión de querer ubicar en el centro del conflicto pero sin jugarse a fondo por tal elección, termina siendo asimismo un personaje a medio hacer.

Por su parte, el genio de la lámpara, papel encomendado a Will Smith, que retoma esforzadamente en parte sus anteriores roles cómicos que venía dejando de lado para asumir personificaciones más “serias y dramáticas”, funciona a medias ya que las manipulaciones de CGI transformándolo físicamente en un gigante azul y vaporoso sin piernas redundan en una figura a momentos desagradable de mirar. Otra constatación de la incomodidad de Ritchie para manejarse con un género ajeno a sus mejores aptitudes como director.

Si algún calificativo calza a cabalidad a la realización de Ritchie es el de innecesario puesto que en nada mejora o supera al original. Ocasionalmente divertida, esporádicamente entretenida, visualmente pomposa, este Aladino II es por lo demás la ratificación de las flaquezas de una producción actual rendida al desembozado conteo de taquilla sin margen para la creatividad, la originalidad o cualquier otro atributo propio del cine que vale la pena ver. 

Ficha técnica

Título original: Aladdín

– Dirección: Guy Ritchie

– Guion: John August, Guy Ritchie

-  Fotografía: Alan Stewart

– Montaje: James Herbert

– Diseño: Gemma Jackson

– Arte: Ravi Bansal Renate Nicolaisen,

Peter Russell, Steve Summersgill, Loic Zimmermann

- Música:  Alan Menken

- Efectos: Steven Timothy Amos, Adrian Bennett, David Caunce

-  Producción:  Ivan Atkinson,  Kevin De La Noy, Jonathan Eirich, Max Keene, Dan Lin, 

- Intérpretes:  Will Smith, Mena Massoud, Naomi Scott, Marwan Kenzari,

Navid Negahban, Nasim Pedrad, Billy Magnussen, Jordan A. Nash,

Taliyah Blair,  Aubrey Lin, Amir Boutrous, Numan Acar,  Omari Bernard,

Nathaniel Ellul, Sebastien Torkia, Buckso Dhillon-Woolley, Ceara Batson– EEUU 2019

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