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Adrenalina y amor por el arte

‘Ensamble’, un espectáculo pertinente, rico y fresco, aprovechó las capacidades de sus 20 bailarines.

Grupo • El compromiso propició el éxito de un show muy variado. Foto: ensamble

Grupo • El compromiso propició el éxito de un show muy variado. Foto: ensamble

La Razón (Edición Impresa) / Tania Delgadillo / Crítica de danza

00:00 / 09 de julio de 2017

Qué representa para un bailarín o bailarina de oficio danzar, subir al escenario con cierta frecuencia? Sus motivaciones son la pasión y el amor por su arte, sentir la adrenalina frente al público y enfrentar los retos de cada puesta en escena. En Ensamble, el 27 y 28 de junio, se advirtió con diáfana claridad que los 20 bailarines, de diversas escuelas y diferentes trayectorias, sintieron esas motivaciones. En el Teatro Municipal se materializó un proyecto, a pesar de las dificultades no solo financieras que tienen las producciones artísticas en nuestro país.

Ensamble, con dirección de Magaly Rodríguez, destacada maestra de ballet, repositora y directora artística de dos importantes centros de formación dancística de La Paz, acompañó este proceso, con las mismas convicciones y pasión, sumando su deseo de mostrarnos algunas reposiciones del repertorio de la Escuela Nacional de Ballet de Cuba, su país natal, como un ligero y clásico Entree, y Abadou, de estilo contemporáneo, interpretado adecuadamente por Truddy Murillo y Álvaro Murillo, con música de Zap Mama.

Se intercalaron piezas clásicas, neoclásicas y contemporáneas con creaciones de los bailarines, en solos y en conjunto, logrando un aire fresco, ligero, entretenido y exigente para aprovechar la diversidad y las individualidades de cada bailarín. Ahí radicó la riqueza y la pertinencia de Ensamble.

Apreciamos el clásico pas de deux del ballet El Corsario, por Fabricio Ferrufino y Carolina Mercado, que exige el alto dominio técnico, sobriedad y elegancia presentes, en buena medida, en esta pareja. Truddy Murillo (Dejar partir, con música de Ludovico Enaudi) y Katherina Renhfeld (Como un suspiro, con música de Michael Nyman), mostraron un estilo contemporáneo en fusión con jazz lírico. Ambas fueron capaces de interpretar otras piezas en grupo, a dúo o trío, en lenguaje clásico y neoclásico.

Una grata sorpresa fue Simer Man, de Alvin Ailey, de mucha fuerza y brío, con Ferrufino, Álvaro Murillo y Shaka Uriarte. La energía masculina se desborda con grandes saltos y amplios despliegues en el espacio. Las mujeres, con la creación colectiva “Latir”, transmitieron los latidos y la gracia femenina. El público disfrutó sin esperar más que lo que se ofrecía: bailarines profesionales y otros con experiencia entregando lo mejor de sus destrezas y su versatilidad.

“Es primordial el dominio de la técnica, el conocimiento de los estilos y la comprensión de la dramaturgia, pero para la plena realización de un artista de la danza, las exigencias van más allá” (Alicia Alonso). Un artista debe ser inquieto: intelectual y espiritualmente. Tanto los que estudian como quienes los apoyan deberían acompañar el proceso de formación asistiendo a las presentaciones de danza. Y más aún cuando estarán en escena bailarines de trayectoria y buen nivel técnico.

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