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Telas de la tierra boliviana

De la tierra boliviana viene otro textil en el que se pliegan y despliegan las historias, las culturas y las identidades del país: el aguayo.

La Razón (Edición Impresa) / Mary Molina

10:54 / 09 de abril de 2018

Hojas de eucalipto, nogal y molle; rosas, retamas, cúrcuma, arándanos. Al laboratorio de Mariana Villa la naturaleza llega en una canasta, después de una exploración en busca de colores. Rodeada de los árboles, flores y frutos de Sucre, la diseñadora comenzó hace dos años a probar métodos para extraer pigmentos naturales y plasmar la belleza del verde en la ropa. El resultado: “vestidos para sentir la naturaleza en tu piel”.

“Me di cuenta rápidamente que teñir telas usando plantas crea un círculo en el que todo es natural porque para estos métodos solo puedes usar fibras naturales, como el algodón, el lino, el hent (fibra de cáñamo) y la rafia”, cuenta Villa, a tiempo de explicar que los tintes artificiales de la ropa industrial dañan la piel.

Antes de colocar las hojas, flores o frutos sobre la tela, ésta es tratada, también naturalmente, con agentes que abren el tejido y permiten que los colores se fijen. Las telas se tiñen con vaporización, a lo que sigue un periodo final de oxidación a través del que los pigmentos se adhieren.

Con las telas ya colorizadas, Villa comienza la confección y el diseño. “Mis vestidos son etéreos, asimétricos y con muchos pliegues; combinan con la naturaleza. Además, hay un elemento mágico: puedes usar un vestido de rosas, otro de cúrcuma con nogal. Llevas en el vestido la magia de una planta y cierras el círculo: nosotros también salimos de la tierra”.

De la tierra boliviana viene otro textil en el que se pliegan y despliegan las historias, las culturas y las identidades del país: el aguayo. Con él y otros tejidos e indumentaria andina —como los materiales, bordados y prendas del ritual y la danza del t’inku— Mariana Carranza viene trabajando hace más de seis años. En su marca Narcisa las ideas, siempre, a borbotones, pero el año pasado, se hizo un “hit”. La seda de aguayo.

“Son sedas hindúes e italianas, raso suizo y charmé sobre las que se sublima (imprime) el diseño de tejidos de aguayo. La textura y la caída de la seda de aguayo son ideales para climas cálidos”, explica la diseñadora establecida en Santa Cruz.

Su colección presentada en el Bolivia Moda 2017 está llena de movimiento. “Aposté por la holgura en las prendas, además de cortes que muestren piel sin ser vulgares. Quise mostrar la fluidez a través de una marca de identidad como el aguayo”.

Sus diseños son piezas exclusivas para mujeres inspiradas en mujeres. “En Cabo Polonio, Uruguay, la naturaleza me mostró claves para la colección. Ver cómo distintas texturas caen sobre el cuerpo femenino fue el inicio del proceso creativo”.

Fotos: Emil William Hansen (Cadabra) y Gustavo Castro (Narcisa)

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