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Sarah Hillyer: ‘El deporte es una valiosa herramienta para darles a nuestras hijas esperanza, fuerza y confianza’

Una alegría contagiosa e inspiración dejó a su paso por La Paz y Santa Cruz la estadounidense Sarah Hillyer, una doctora en deporte que mediante charlas, enseñanzas e investigaciones comparte sus hallazgos sobre el potencial transformador de la práctica deportiva y su aporte a una cultura global de paz.

La estadounidense Sarah Hillyer, una doctora en deporte

La estadounidense Sarah Hillyer, una doctora en deporte Foto: Álvaro Valero

La Razón (Edición Impresa) / Paula Jordán Ramos

00:00 / 12 de agosto de 2019

Mía— En tus charlas revelaste que el  94% de las mujeres líderes alguna vez hicieron deporte, ¿de dónde vino ese impresionante dato?

Hillyer—  De un estudio comisionado por Ernst &Young y espnW, hace un par de años. Ellos tenían curiosidad por saber si las mujeres en posiciones ejecutivas habían tenido experiencia con deportes o no, así que hicieron una encuesta nacional y hallaron que el 94% de las mujeres que alcanzaron puestos altos de liderazgo practicaron deportes cuando eran jóvenes.

Mía— ¿Cómo ayuda la práctica del deporte al desarrollo personal?

Hillyer— Creo que hace unas cuantas cosas. Nos hace más autoconscientes de nosotros mismos en relación con otra gente, también tenemos la oportunidad de aprender nuevas habilidades y, con cada una que dominamos —por ejemplo, driblear, pasar, lanzar el balón—, con cada habilidad crece nuestra eficacia y confianza. Así que eso nos permite creer que podemos lograr cosas que son desafiantes y difíciles. También aprendemos a perder con gracia, con dignidad e integridad, porque respetamos a nuestro oponente. Cuando perdemos, aprendemos. Nos levantamos y lo hacemos de nuevo. Todo esto significa un gran liderazgo para cualquier compañía. 

Mía— ¿Cómo beneficia la práctica deportiva a un nivel comunitario?

Hillyer— Nos da un sentimiento de pertenencia. Todos nosotros sabemos que pertenecemos a algún lugar y con ciertas personas. El deporte ayuda a construir comunidad, porque pertenecemos, fijamos metas y nos esforzamos para alcanzarlas juntos. Ganamos juntos y lo celebramos. Perdemos juntos, aprendemos, sufrimos y crecemos juntos. Todo esto es lo que es una comunidad. El deporte es un microcosmos de nuestra sociedad y nos da ese espacio para tener estas, realmente, valiosas lecciones de vida.

Mía— ¿Crees que hay estereotipos de género en la práctica de algunos deportes?

Hillyer— Absolutamente. En el contexto norteamericano, el fútbol americano aún es un dominio de los hombres. Hay una o dos mujeres jugando en la universidad y ninguna mujer lo ha practicado jamás a nivel profesional. Parte de la razón de eso son los requerimientos físicos pero, antes de que las diferencias físicas sean demasiado obvias, es considerado un tabú. El fútbol femenino es aún mayormente un espacio de hombres, un espacio masculino. Creo que estamos cambiando poco a poco esto. Parte de los estereotipos es que nos vamos a volver más ahombradas o que cada chica que juega fútbol se volverá lesbiana. Y eso no es verdad. Nuestra sexualidad no tiene nada que ver con los deportes.

Mía— ¿Cómo resumirías el mensaje que has dado en tus conferencias y charlas en Bolivia? 

Hillyer— El deporte es una increíble y valiosa herramienta para darles a nuestras hijas esperanza, fuerza y confianza. También creo que les da control y maestría de sus propios cuerpos. Cuando miramos la violencia en el mundo contra la mujer es porque ella no está tan segura al momento de defender su cuerpo, que sus cuerpos no están para que alguien más haga con ellos lo que quiera. Creo que es realmente importante que las chicas reconozcan que sus cuerpos pueden estar sanos y fuertes para que ellas sean capaces de seguir sus propios sueños. Así que el resumen sería: sigue tus sueños, celebra quien eres y no dejes que la opinión de otros dicte tu vida. 

Mía— ¿Cómo te convertiste en una jugadora de básquetbol? ¿Llegaste a ser profesional?

Hillyer— No. Jugué en la universidad, que en el sistema deportivo norteamericano se considera semiprofesional. Antes de jugar en la WNBA debes jugar en la universidad. Fue un regalo de mi padre. Cuando yo era pequeña mi abuela me solía dar muñecas, yo las odiaba. Tenía quizás seis años de edad, cuando un día dije “basta”, les saqué la cabeza, les corté el cabello y ya tenía pelotas para patear (risas). Mis padres dijeron: ¡oh!, le gustan los deportes, y mi papá estaba tan feliz, mi mamá también, así que me dejaron jugar béisbol, fútbol americano, básquetbol y eventualmente este último se convirtió en mi pasión y fue la oportunidad de recibir una buena educación gratuita, pues gané una beca.

Mía— Entonces, el rol del padre es especialmente importante para llevar a una niña por el camino del deporte...

Hillyer— El rol del padre es especialmente importante. Yo creo que en el fondo cada padre quiere lo mejor para su hija, así que si ellos pueden entender que el deporte es un lugar tan importante de equidad, tanto para los niños como para las niñas, el mundo sería un mejor lugar.

Mía— ¿Cómo crees que el deporte sirve al entendimiento entre culturas?

Hillyer— Hay barreras de lenguaje entre culturas, diferencias religiosas, políticas, pero cuando pones una pelota de fútbol o básquet entre                   nosotros, de repente tenemos un lenguaje común, un respeto mutuo como atletas y jugamos bajo las mismas reglas; así que sabemos qué esperar del otro y entonces podemos apreciar lo que el otro brinda. Aunque seas mi oponente en deporte te necesito, te aprecio, porque sin ti no puedo testear mis propias habilidades. Así que nos necesitamos, nos apreciamos y nos podemos respetar. Entonces, en un campo de juego podemos aprender respeto mutuo, lenguaje compartido, reglas compartidas y límites; así que todos están seguros y hacen su mejor esfuerzo. Si podemos transferir esto a la política y a las diferentes culturas, sin duda tendremos paz.

Perfil

Nació el 21 de septiembre de 1971 en EEUU (el mismo año que se promulgó una ley que decretaba que niños y niñas tenían las mismas oportunidades en deporte). Doctora en administración deportiva, máster en Psicología del deporte y a los 40 años alcanzó un doctorado en Sociología del deporte, especializado en género, inclusión y construcción de paz. Es profesora de la Universidad de Tennessee y directora para el Centro para el deporte, paz y sociedad, donde también hace investigaciones.

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