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Evita adoptar a tu pareja

Este comportamiento se aprende en el hogar y en el contexto cultural de origen, ya que estas conductas muchas veces están arraigadas en los modelos y estilos de crianza, perpetuándose así en las mujeres.

En una relación equilibrada puedes dar, pero también tienes que aprender a recibir.

En una relación equilibrada puedes dar, pero también tienes que aprender a recibir.

La Razón (Edición Impresa) / Rubén García

00:00 / 03 de junio de 2019

Hoy quiero invitarte a reflexionar acerca de esas dinámicas de relacionamiento que llevan a algunas mujeres a tratar a su pareja como si fuera su pequeño hijo.

Si bien algunos hombres pueden sentirse cómodos y protegidos, esta conducta favorece la inmadurez masculina y convierte a la mujer en una mamá ficticia.

Lamentablemente, sucede con mucha frecuencia que ciertas mujeres, ya sea a propósito o sin darse cuenta, adoptan la mayor parte del tiempo una postura maternal, sin tomar en cuenta los riesgos que esto implica para la relación.

Este comportamiento se aprende en el hogar y en el contexto cultural de origen, ya que estas conductas muchas veces están arraigadas en los modelos y estilos de crianza, perpetuándose así en las mujeres.

En ciertos hogares, la madre asume el rol de sobreprotectora y se le dificulta desligarse del mismo cuando interactúa con su pareja.

Algunas mujeres, cuando nace su primer hijo “maternalizan” a todos a su alrededor y de pronto comienzan a llamar “hijito” a su pareja.

Y esto, que a priori parece un detalle sin importancia, es responsable de muchas separaciones, ya que este tratamiento genera una deserotización de la relación, provocando un enfriamiento del vínculo y un alejamiento entre ambos.

Si esto te resulta familiar, conviene que comiences a prestar atención, porque este accionar tiene consecuencias muy negativas para la relación.

Lo anteriormente mencionado se conoce como “síndrome de Wendy” y se aplica a mujeres que sufren un desorden en la conducta provocado por un instinto maternal desorientado y disfrutan tener control sobre la vida de su compañero.

En estos casos, es común que la mujer sufra también de codependencia, pues prefiere ocuparse de los problemas de su pareja en vez de ocuparse de los propios.

Querida amiga, cuando asumes un rol de sobreprotectora, los conflictos comienzan a aparecer día a día y son muchas las desventajas que esta conducta puede acarrear, ya que se ve afectada la comunicación y, sobre todo, el área de la sexualidad, la cual comienza a decaer hasta transformarse y mantener un tipo de amor casi fraternal.

Finalmente, la situación se torna insostenible cuando tu pareja empieza a sentirse invadida y abrumada.

Dado que tanto el hombre como la mujer pueden tener ideas preestablecidas acerca de su rol como pareja, se hace necesario hablar de este tema previamente a la convivencia, ya que puede transformarse en un gran generador de conflictos.

Debes procurar ser honesta y, al igual que tu pareja, plantear desde el comienzo lo que se espera del otro, desechando la idea de cambiarlo. 

Mujer, nunca “adoptes” a tu pareja; si tienes tendencia a sobreprotegerlo, suéltalo y deja que comience a ser responsable de sus propias actividades.

Ten en cuenta que en una relación equilibrada puedes dar, pero también tienes que aprender a recibir.

Y, sobre todo, fortalece la comunicación a través del diálogo permanente con tu pareja, para así entender las necesidades de ambos.

Adelante mujer… ¡Tú lo vales!

Rubén García

Coach en Inteligencia Emocional-especialista en

problemática de la mujer y de la pareja - www.superarse.net

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