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¡Auxilio! Mi pareja tiene mamitis

La independencia afectiva “significa dar el lugar que corresponde a las personas que nos rodean, no significa alejarse o romper lazos afectivos con la madre, sino tomar decisiones independientemente de lo que se sienta por ella”.

Un cuadro de “mamitis”

Un cuadro de “mamitis” Foto: Internet

La Razón (Edición Impresa) / Claudia Cuarité y Paula Jordán

00:00 / 27 de mayo de 2019

Telefonear a la madre por la mañana, a mediodía y por la noche… salir sí o sí todos los domingos con ella, consultarle siempre antes de tomar decisiones importantes, respetar su opinión como la más importante en los asuntos de la familia… es perfectamente normal si tienes 10 años, pero si ya vives con pareja y te identificas con estos hábitos, lo que aquí hay es un cuadro de “mamitis” y es hora de reaccionar.

“Hombres con mamitis son aquellos que a sus 40 años y más están consultando a su madre qué ropa se deben comprar, qué inmuebles adquirir, a qué colegio pueden inscribir a sus hijos”, explica el psicólogo Rodrigo Ayo. Su característica principal es la dependencia afectiva, señala por su parte el psicólogo Juan José Vargas.

La independencia afectiva “significa dar el lugar que corresponde a las personas que nos rodean, no significa alejarse o romper lazos afectivos con la madre, sino tomar decisiones independientemente de lo que se sienta por ella”. Es importante entonces “limitar sutilmente el involucramiento de la madre en la relación de pareja y viceversa”, dice Vargas.

“Un dentista me contaba que mientras él está atendiendo algún paciente, su mamá lo suele llamar. La última vez fue porque quería que él saliera a media consulta para acompañarla a ponerse una inyección; como él no podía, entonces la madre empezó con el chantaje diciéndole a su hijo que, como ella no importa, que al final ella no es importante para nadie, mejor no se haría colocar la inyección. Pero esa inyección era muy importante para la salud de la mamá. Entonces, algunas madres son expertas en cuanto al chantaje emocional”, cuenta Ayo.

Espere…

Un craso error como progenitora, dice, es “convertir en un proyecto de vida a su propio hijo y pensar que estará con ella toda la vida, porque ella se ha sacrificado por él. Suena razonable y abnegado, sin embargo eso está mal, porque antes que ser madre eres mujer y como cualquier mujer debes tener sueños, metas y objetivos. Pero cuando su único proyecto de vida es su hijo, entonces ella cree que él no tiene derecho a excluirla de su vida”.

El consejo que Vargas da a las suegras es dejar que los hijos con “mamitis” aprendan por sí mismos para que ellos transmitan también seguridad a los propios hijos. Y a las esposas sugiere que “desde un inicio deben rayar la cancha y negociar reglas, porque después es complicado hacerlo”.

A la pareja de un hombre con “mamitis”, Ayo recomienda: “es mejor que se alejen, porque deben tener en claro que ellas nunca van a competir con la mamá, menos esperar ser la reina en la vida de su pareja, porque ese cargo no está vacante ni aunque la mamá muera”.

Cuando la mamá de este hombre con “mamitis” fallece, advierte Ayo, uno podría pensar que se acaban los problemas; pero no es así, “porque lo que este hombre hará es buscar a su nueva mamá en su esposa. Y las mujeres cometen el error de ver esto con gracia y decir el comentario: ‘mi esposo es otro hijo más’. Y es ahí cuando se puede decir que ese hombre solo ha cambiado de mamá”.

Con datos de: Rodrigo Ayo (psicólogo,

Tel: 77286622) y Juan José Vargas

(psicólogo, Tel: 72505966)

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