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La exportación de oro cayó 46% en 2015

Datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), que toman como base a los del Instituto Nacional de Estadística (INE), dan cuenta de que la comercialización del metal precioso fue en ascenso desde 2010 hasta 2012, pero en 2013 hubo un decrecimiento, con una recuperación favorable en 2014, reportando una nueva caída en la siguiente gestión.

La Razón (Edición Impresa)

14:00 / 11 de abril de 2016

La exportación de oro sufrió una caída de 46% el año pasado respecto a 2014, cuando las ventas al extranjero se habían recuperado. De acuerdo con datos oficiales, la comercialización del metal representó un monto de $us 747,6 millones en la gestión anterior, que es inferior en $us 636,5 millones con relación a los 1.384,2 millones negociados en 2014.

Entretanto, el volumen de la exportación también sufrió un descenso de 47,3 toneladas a 30,3 toneladas, es decir, se vendió 53% menos que el año anterior (más datos en la infografía de la siguiente página). Dionisio Garzón, exministro de Minería, explica que ello se debe a que en el país la producción es ilegal e informal, lo que resta ingresos a las arcas estatales, Por ello menciona que en los próximos años Bolivia seguirá experimentado descensos bruscos en la venta de ese mineral.

Datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), que toman como base a los del Instituto Nacional de Estadística (INE), dan cuenta de que la comercialización del metal precioso fue en ascenso desde 2010 hasta 2012, pero en 2013 hubo un decrecimiento, con una recuperación favorable en 2014, reportando una nueva caída en la siguiente gestión.

El volumen de producción también fue en ascenso desde 2009, alcanzando su pico más alto en 2012. También en 10 años, la cotización de ese mineral en el mercado internacional repuntó y logró su mejor precio en 2012, con $us 1.670 por onza troy. El IBCE detalla que en 2006, el costo del oro ascendía a $us 604 la onza troy. De ese año hasta 2012, el precio ascendió; no obstante, a partir de esa gestión comenzó un declive que sitúa el actual valor en los niveles de 2010 (más datos en la infografía de la siguiente página).

¿Pero qué pasó en esta época de bonanza? ¿Bolivia aprovechó los precios que ofrecía el mercado internacional? El analista en materia minera Rolando Jordán indica que el alza de cotizaciones de las materias primas vino acompañada de flujos de capitales, orientados hacia exploración y a la inversión en nueva tecnología, que el país no supo aprovechar.

MERCADO. “Esto ha ocurrido evidentemente en todos los países de Latinoamérica que están especializados en la producción de materias primas hacia el mercado externo, pero la única excepción de esto ha sido Bolivia; deplorablemente el boom externo de precios no vino acompañado de un flujo de inversión privado-extranjero”.

Según este experto, la razón se debe a que en Bolivia no hay condiciones de seguridad jurídica, pues hay una mala aplicación de las leyes y, sobre todo, del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que reconoce la consulta previa. Sostiene que este principio es bueno, pero fue mal ejecutado, se lo distorsionó. “Se usa como un arma de chantaje al inversionista y que sirve para el enriquecimiento de unos cuantos pseudolíderes locales y políticos, entonces se convierte en un obstáculo a la inversión”. Pero en su criterio ello no solamente ocurrió con la producción y exportación de oro, sino con otros minerales.

El exministro Garzón coincide en que el país no supo aprovechar los años de bonanza para la diversificación de la producción,  industrializar la actividad minera y desarrollar flamantes áreas. “En este momento no tenemos ni un proyecto nuevo, estamos dependiendo de lo que hace el Estado, que es muy poco. Son planes que apenas están empezando, no hay uno solo, por ejemplo como Amayapampa, donde ya hay un estudio de factibilidad. Vamos a tener una sequía de actividad minera en la próxima década antes de que podamos recuperarnos”.

Dice que a ello se suma el hecho de que, por ejemplo, la producción de oro se encuentra en manos de un sector informal, de pequeñas empresas o cooperativistas que dejan pocos réditos al Estado. Según sus datos, la normativa establece que éstos deben pagar 7% de regalías por la actividad minera; sin embargo, los cuentapropistas del sector cancelan solo el 60%, con lo que la contribución al erario nacional se reduce más.

En consonancia, Jordán advierte que el problema por el que atraviesa la minería boliviana, en los últimos ocho años, es que adquirió el rostro de la informalidad. “El peso de la minería informal, la cooperativa, la pequeña, hoy es creciente y es el sector más importante, por encima de grandes proyectos como San Cristóbal o San Bartolomé”. Manifiesta que ese tipo de actividad no es viable porque si bien es intensiva en mano de obra, reporta una baja productividad y, en contrapartida, sus costos son demasiado elevados.

No obstante, ambos analistas señalan que los precios de los minerales, incluido el oro, están aún en un buen nivel. ¿Pero qué pasará a futuro con esa cotización internacional? Jordán remarca que en cualquier momento puede haber un descenso brusco, como ocurrió con el petróleo, porque este precio alto es producto de actividades especulativas financieras que permitieron la construcción de burbujas especulativas, es decir, las cotizaciones del mercado están lejos de su valor real.

ESPECULACIÓN. En su criterio, no se puede explicar un auge en el precio de las materias primas cuando el mundo está en recesión, por lo que la única interpretación real es que hay especulación. “En el caso de los minerales la burbuja no ha estallado todavía, pero a partir de 2011 las tendencias en el alza de las cotizaciones, que son alimentadas por compras especulativas, han cambiado, o sea el precio ha empezado a caer”. Pero expresa que ese descenso ha sido suave, lo que demuestra que aún hay especulación en el mercado de minerales.

Y si bien ese globo de aire puede estallar en el futuro y hacer que la cotización de los minerales se derrumbe, Jordán añade que la excepción de una brusca caída puede presentarse en la plata y el oro porque cumplen una doble función, como materia prima y como moneda.

En el caso del metal, su precio igualmente depende de las inyecciones de dinero que hacen los bancos centrales para evitar la deflación. Así, según Jordán, cuando se inunda dinero a la economía, el oro baja; pero cuando el riesgo de deflación aparece, el oro vuelve a subir. Por ello es que ese mineral se constituye en un refugio cuando hay inflación o deflación.

Garzón opina que el oro y la plata no descenderán significativamente, sobre todo el metal precioso porque es un activo financiero. Considera que en el caso del oro, la cotización puede estar aproximadamente sobre los $us 1.000 y no menor a ese precio. “Tenemos cinco años, más o menos, entre subidas y bajadas, en ese nivel. El oro depende más de especulación que de demanda y oferta. Si es que hay un fortalecimiento del dólar, el oro baja; si hay debilitamiento de la economía que se maneja en dólares, este mineral sube; si hay stocks del metal en Europa y Estados Unidos, el costo se mantiene, si los intereses suben o bajan de acuerdo con la reserva federal. Son especulaciones en los mercados internacionales que no manejamos”.

Frente a este panorama, Jordán lanza una pregunta: ¿Qué capacidad de sobrevivencia puede tener este sector con un ambiente adverso de precios en el futuro? “Ése es el problema de la minería boliviana, ¿estamos peor que la crisis de 1985?”.

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