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Campesinos son obligados a la ‘migración climática’

Se estima que para 2050 el cambio climático será la causa de desplazamiento de una  persona por cada 45 en el planeta

La migración de los jóvenes repercute en la carencia de estudiantes. En Chiripa había 220 alumnos hace tres años y ahora, solamente 135.

Una comunaria de Collana, en la provincia Aroma (La Paz), traslada sus productos desde su vivienda en el altiplano paceño. Fotos: Wara Vargas, Archivo La Razón

La Razón (Edición Impresa) / Marilyn Choque / La Paz

00:00 / 24 de agosto de 2015

Son las 06.00, el termómetro marca 0 grados centígrados, un viento gélido cala los huesos y en las calles no existen vestigios de un ser vivo. Una hora más tarde salen los primeros rayos de sol, pero Taraco —cerca al Lago Titicaca— da la impresión de ser un pueblo fantasma. A las 08.00, en la plaza, el rugido del motor de un minibús que sale a La Paz rompe el silencio de la aldea. Justo, en ese momento, aparecen una mujer cargando  un saco de chuño y una niña tapada hasta la cabeza con un aguayo multicolor para soportar el intenso frío.

Media hora después, Flora Mamani abre su kiosco en una de las esquinas de la plaza donde, además de los jardines descuidados, resalta imponente la estatua de un moreno. “Este pueblo es la cuna de la morenada”, afirma orgullosa la mujer de 75 años mientras sirve tres tazas de café caliente con marraquetas y queso fresco al equipo de Informe La Razón. Recien a las 09.30 se abren las puertas del edificio de la Alcaldía. Y a pesar de ello, las calles siguen desoladas.

¿Por qué el pueblo está tan vacío? “En los últimos años se han registrado muchas pérdidas económicas en las pequeñas familias que se dedican a la agricultura y pesca debido a los cambios repentinos del clima. En cualquier momento llegan la granizada y la helada y destruyen los cultivos. Por eso también hay carencia de estudiantes en las escuelas;  ya no hay niños en el municipio”, responde Sebastián Mamani, presidente del Concejo Municipal de Taraco, municipalidad que aglutina a 16 comunidades.

Las casas lucen desoladas, en las calles apenas aparecen dos o tres personas cada 15 minutos. “Hay mucha migración de los jóvenes a la ciudad, éstos salen bachilleres y se van porque no hay trabajo. A qué se pueden dedicar en un pueblo, si no es más que a la agricultura, la pesca y la lechería. Aquí solo quedan los ancianos. Ellos vienen solos”, cuenta por su lado Rosemary Quispe, enfermera del Centro de Salud de Taraco.

Según un reporte del Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA), enviado a Informe La Razón, la migración campo-ciudad es un fenómeno que depende de muchas variables sociales, económicas y climáticas. Una de ellas es el cambio climático (CC), pues los efectos se traducen en la reducción de la disponibilidad de agua para consumo humano, la amenaza a la producción agropecuaria, sequías, inundaciones, granizadas, entre otros eventos meteorológicos que se presentan en el país.

Se trata de una estrategia global de bienestar (o de supervivencia) para la familia: mientras unos van a trabajar a la ciudad para diversificar las fuentes de ingreso, los demás permanecen en su pueblo de origen asegurando una continuidad agrícola, social y cultural, señala el texto Migración y Cambio Climático, el caso de Bolivia y Colombia (del Centro de Estudios Amazónicos-Ceam).   

Otra prueba de ello, por ejemplo, es que muchos Uru Chipayas hayan emigrado, dejando atrás una población de menos de 2.000 habitantes en la aldea de Santa Ana, ubicada a 280 km al suroeste de la ciudad Oruro, que era su asentamiento principal, porque en los últimos 50 años el río Lauca ha pasado a ser un riachuelo, cuando antes era caudaloso.

Estos movimientos de pobladores rurales hacia las urbes están en la categoría de “migrantes climáticos”. Se conoce como migrante por causas ambientales a las personas o grupos que por culpa de cambios medioambientales ineludibles, súbitos o progresivos, que afectan de forma negativa sus condiciones de vida, se ven obligados a dejar sus hogares habituales, o deciden hacerlo voluntariamente. El desplazamiento puede ser temporal o permanente, en el interior de su país o al extranjero, señala la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en el texto Migración y Cambio Climático.

En los últimos 15 años, muchas personas jóvenes y adultas se fueron de Taraco, porque las granizadas y heladas tempranas arrasaron con sus cultivos. “El año pasado la nevada se lo llevó todo. Perdimos la cosecha de papa y haba”, testimonia apenado el agricultor Víctor Llusco de 48 años, pero aún tiene la esperanza de que dentro de tres años las autoridades locales puedan construir un coliseo, una universidad de agronomía y una piscina para que “todos lo que se fueron vean que el pueblo progresó y regresen”.

“Los jóvenes se están yendo del pueblo”, dice con tono de preocupación el profesor de Ciencias Sociales de la Unidad Educativa Chiripa Franz Halcón, y atribuye este fenómeno a la falta de trabajo y alimentos, porque los cultivos de subsistencia están siendo afectados cada año por las granizadas, heladas y lluvias repentinas. “No podemos negar que hay migración del campo a la ciudad”, remarca y recuerda que hace tres años esa escuela tenía 220 estudiantes entre Primaria y Secundaria, ahora solo quedan 135 en sus aulas.

Esta tendencia de abandono de los pueblos es también confirmada por Celia Condori, directora de esta unidad educativa del pueblo, quien trabajó en más de cinco municipios del departamento de La Paz y asegura que en sus 22 años de experiencia encontró un factor en común: “la migración de los jóvenes”, lo que repercute en la carencia de estudiantes. Considera que hay decenas de unidades educativas que están siendo afectadas por la migración de los jóvenes.

“En los últimos años hemos visto que están disminuyendo bastante los alumnos en las comunidades. Muchos jóvenes están migrando a las ciudades, una vez que salen del colegio se van y quedan solo los ancianos, por eso tenemos escasez de estudiantes en la mayoría de las unidades educativas, en especial en Primaria”, indica con tono de preocupación el director distrital de Tiwanaku, Gregorio Loza.

Considera que hoy, en los pueblos, “la gente no sabe de qué vivir”, porque ya no encuentran peces en el lago Titicaca y tienen miedo cultivar porque en cualquier momento llueve, graniza o llega la helada y afecta la cosecha.

“Los hermanos ya no quieren cultivar por temor al tiempo”, manifiesta, por su lado, la concejala de Tiwanaku, Claudina Choque, de 43 años.

“Los agricultores se olvidaron de las técnicas de los suka-kollos (camellones para el sembrado de sus productos que desarrollaron los Incas)”, indica Reynaldo Gómez, encargado de la biblioteca de la Unidad Académica Campesina Tiwanaku, dependiente de la Universidad Católica Boliviana (UAC).

En este municipio, la UAC está funcionando desde hace 27 años, el propósito de sus carreras, Ingeniera Zootécnica y Agropecuaria, desde un principio, fue que los jóvenes estudien en su misma comunidad sin dejar el pueblo, pese a ello muchos deciden irse a la ciudad, indica Víctor Gonzales, director de la carrera de Zootecnia. 

“Hay migración campo-ciudad a consecuencia del cambio climático, no hay duda”, asegura el director regional de la UAC, Paulino Huanca, e indica que esta unidad busca capacitar a los estudiantes en nuevas formas para aprovechar las tierras, en vista de que el CC también da oportunidades porque, ahora en el altiplano, se puede cultivar incluso maíz.

Ante esta realidad, el Estado busca mitigar los impactos del CC. El MMyA asegura que este fenómeno está dando lugar al incremento de las temperaturas medias, mínimas y máximas. Estima que para fin de siglo la temperatura llegue de 3 °C (grados centígrados) a 5 °C, con mayores aumentos en el sur del altiplano y el norte de Bolivia.

Los programas para paliar estos eventos son Mi Agua y Mi Riego. A fin de reducir la vulnerabilidad al CC, se está incrementando la disponibilidad de agua para satisfacer la demanda futura y fortalecer los sistemas productivos. Con esa finalidad, la inversión en 2006 fue de Bs 131 millones; y en 2015, de Bs 227 millones. Para la dotación de agua potable se invirtió Bs 121 millones en 2006 y más de Bs 1.000 millones en 2015, detalla el MMyA en un informe.

Además, indica que “sin agua no hay agricultura. Por esta razón el acceso seguro a agua a través de sistemas de riego es fundamental para un sistema productivo robusto”. Se estima que el 80% de las aguas aprovechadas en el país son para riego y 20% para otros usos (agua potable, ganado, uso minero, uso industrial).

Pese a los esfuerzos de los gobiernos, la migración es una realidad en todo el mundo. Para 2050 se estima que el CC habrá sido la causa del desplazamiento de una persona por cada 45 en el planeta. Éstos llegarán a 200 millones de personas, según la OIM. Todo por la elevación del nivel del mar, la salinización del suelo de uso agrícola, la desertificación y la creciente escasez de agua. 

Entretanto, los pocos pobladores de Taraco guardan la esperanza de que el pueblo sobrevivirá a esta situación, sobre todo con los ingresos generados cada 16 de julio, el aniversario del municipio, cuando los migrantes del cambio climático vuelvan para aplacar las penas con la música y fiesta haciendo honor a la “cuna de la morenada”.

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