El Financiero

Pablo López: 'En el litio, hay que tomar la iniciativa con la industria automotriz'

El doctor en Economía ve muchas similitudes entre Bolivia y México y propone un mayor acercamiento para generar alianzas estratégicas de mediano y largo plazo con base en  las materias primas bolivianas y las tecnologías mexicanas.

Calacoto. El economista mexicano dialogó con La Razón en La Paz. Foto: La Razón

Calacoto. El economista mexicano dialogó con La Razón en La Paz. Foto: La Razón

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Castel / La Paz

00:00 / 15 de noviembre de 2017

Pablo López llegó por primera vez a Bolivia para dar la conferencia magistral “La economía en Latinoamérica y Bolivia en la época de Trump”, que —con el apoyo de El Financiero de La Razón— se llevo a cabo el martes en la Sede de Eventos Infinity con la presencia de economistas, directores, gerentes, profesionales y empresarios del país. Durante la charla, que se efectuó en el marco de la plataforma “Distinguirse o extinguirse” impulsada por la Organización Latina de Eventos Empresariales (OLEE), el experto abordó temas relacionados con la economía global, los mercados financieros, las redes de contacto e innovación, y las finanzas personales.

— ¿Qué fue lo primero que pensó cuando vino a Bolivia?

— Algo interesante porque, generalmente, cuando uno piensa en Sudamérica piensa en las economías más grandes, la brasileña y la argentina. Pero Bolivia siempre está en el reflector de México, sobre todo porque ambos países son muy parecidos. Me sorprende el paralelismo entre ambas economías, la actividad agropecuaria y la minera han cobrado relevancia después de muchos años de déficit. También porque (en México) la parte petrolera está muy bien, pero la parte de la refinación y el gas muy mal, porque no hay la capacidad (suficiente instalada). Ahí es cuando volteamos a ver a Bolivia, que se ha convertido realmente en un referente en la producción del gas. Es el espejo. ¿Qué le pasó a México?, que en petróleo teníamos el segundo yacimiento más grande del mundo: Cantarell, que creímos no se iba a agotar, pero se agotó y no hicimos las inversiones desde la década de los 70 porque nos confiamos. Los bolivianos tienen el gas en Tarija, que es la parte icónica de la producción vista desde afuera, y es igual. Parece que las inversiones no han detonado y tienen el mismo riesgo. Para rematar, el litio. ¿Y qué tiene que ver ese elemento? Es que México es un productor automotriz por excelencia. La cadena de valor es muy importante y el sector está cambiando en el mundo. Los autos de combustión interna darán paso a los autos híbridos y a los eléctricos. Lo difícil es la eficiencia energética que tengan las baterías. Ahora, Bolivia tiene el litio y todos los estudios señalan que sirve para baterías que tengan duración. Lo que no se ha garantizado es que se pueda producir a una escala que sea rentable y ese, creo, es uno de los riesgos del país.

— ¿Qué debería hacer el país luego de haber pasado la época de “vacas gordas”?

— Ser cautelosos y prudentes es un camino. Cuando el mar está muy álgido —a lo que yo le llamo la volatilidad de los mercados— hay que tener cuidado con las acciones que tome el capitán y si éste toma una decisión equivocada puedes hacer que el barco vaya hacia la tormenta perfecta. Hay que tener mucho cuidado, las economías se están desacelerando en el mundo y Bolivia tiene problemas crecientes: el déficit gemelo, fiscal y comercial, y el endeudamiento (...). Las políticas contracíclicas que ha utilizado el Gobierno —que se basan en el gastar mucho— dan unos dos años de espacio, pero (el panorama) se vuelve complicado si no se cuenta con un flujo de efectivo que le permita al país mantener ese déficit (...). Si tú tienes un problema de ahorro, ¿con qué financias tu gasto?, necesitas (de créditos) del exterior, pero la relación de Bolivia con el exterior es muy limitada, muy proteccionista y eso genera un caldo de cultivo propicio para factores de riesgo.

— ¿Hay que apostar por la vuelta de los “precios buenos” de las materias primas?

— Los precios del petróleo no volverán a los $us 100 (el barril) como años atrás, es lo que llamamos la nueva normalidad. El consumo de combustibles fósiles va relacionado con el crecimiento de la población y de la capacidad productiva, pero la matriz energética está cambiando por energías limpias y renovables. Hago una analogía: “Te la pasaste genial, pero tu novia ya te dijo adiós”. Tú sigues recordando los viejos tiempos y esperas que vuelvan, pero lo más seguro es que no. Ahora, si te quedas pensando en eso pierdes la posibilidad de tener “otra novia” que generará nuevas experiencias, pierdes la oportunidad de ver el futuro. Esos precios no volverán y si vuelven que te encuentren en la mejor circunstancia. Busca una nueva pareja, no porque te sientas solo sino porque es la que te conviene, es lo ideal para Brasil, Bolivia, Ecuador, Argentina y México, todos jugadores que compiten el mismo mercado.

— ¿Cuál es su análisis sobre la relación comercial entre Estados Unidos (EEUU) y Bolivia?

— Por tradición, es un poco distante, por temas geográficos (...). Además, siempre Latinoamérica ha estado distanciada de Estados Unidos porque muchas veces no ha habido reciprocidad y ha buscado cercanías con otros mercados como Europa y Asia. Pero, dependiendo del mercado, la relación (entre bolivianos y estadounidenses) puede ser más cercana de la que se imaginan. Cuando allá se necesita un producto que hay aquí, siempre habrá un capital de riesgo que quiera venir al país. Y si hay alguna restricción que le impida al estadounidense venir, la ingeniería financiera es tan sorprendente que ellos tomarán un socio europeo pero con capital de Estados Unidos. ¡Claro! Negocios son negocios y en ese sentido no nos debería preocupar mucho si en algún momento sale la foto de Evo Morales (mandatario de Bolivia) con Donald Trump (presidente de EEUU). NdE. Las ventas externas al mercado estadounidense representaron el año pasado el 13,4% del total de las exportaciones nacionales, lo que pone a Estados Unidos como el segundo mayor socio comercial del país, luego de Brasil (18,9%) y antes de Argentina (11,2%).

— ¿Qué de la política económica que implementa Trump?, ¿afecta a otros países pero no tiene un impacto en Bolivia?

— Es interesante, porque otra vez las políticas de Trump afectarán en primera instancia a México, donde hay muchas empresas americanas. Si se recortan los impuestos en EEUU (una política que es parte del plan de gobierno de Washington), éstas se moverán hacia ese mercado. Por tanto, la pregunta es: ¿México tendrá la capacidad para competir? Tenemos un problema, nuestro nivel de endeudamiento está muy alto —otra vez la analogía con Bolivia—. La calificación (de riesgo) del país se ha mantenido, pero tarde o temprano la realidad nos alcanzará. México tiene que diversificar mercados tanto de venta como de proveedores y es ahí cuando tiene que voltear hacia América Latina. Somos muy amigos, pero en cuestión de flujos comerciales nos hemos concentrado en EEUU para hacer negocios. Debemos romper esa inercia de hermanos distantes y juntarnos para hacer realmente negocios. Bolivia puede ayudar mucho a México, porque nos hemos vuelto dependientes de algunos productos agropecuarios. La industria automotriz mexicana podría ser la punta de lanza para establecer las primeras alianzas estratégicas de mediano y largo plazo (con Bolivia), suponiendo que esta transición a los autos eléctricos (que necesitarán de litio) tome fuerza.

— ¿Qué oportunidades debe aprovechar Bolivia para hacer llegar su oferta al mercado estadounidense?

— La que está complicada es la parte petrolífera, tampoco le interesa (a EEUU) los productos agropecuarios porque su productividad en el sector es muy alta. Les queda a los bolivianos la minería tradicional, pero ahora en Estados Unidos se requiere de la minería de tierras raras para teléfonos y tabletas, esa minería en suelo boliviano tiene que ir creciendo. No importa el producto, importa la experiencia y Bolivia la tiene. Pero debe tener mucho cuidado. Si, por ejemplo, se tardan demasiado con el proyecto del litio la revolución tecnológica puede cambiar. Hago una analogía: “Cuando piensas demasiado en casarte, nunca te casas. Si ves tanto los pros como los contras, generas desincentivos”. Así que hay que tener los riesgos medidos y ese es el punto de tomar la iniciativa con los empresarios del sector automotriz como Tesla, la empresa ícono en producción de autos eléctricos en el mundo, que tiene sobredemanda (de sus coches). Imagínate que de pronto Bolivia logre un contrato con esa compañía estadounidense y genere un hub de innovación para baterías teniendo el insumo garantizado en Bolivia. Esa sería una cadena de valor, una inversión híbrida entre bolivianos y americanos, y el producto final lo desarrollarían los estadounidenses. NdE. Bolivia envía al momento su oferta al mercado estadounidense bajo el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) arancelarias, que permite el ingreso a ese mercado de unos 3.500 productos, de los que la Cámara Americana de Comercio calcula que se exportan solo 35. Este convenio deberá renovarse en esta gestión.

— En otro tema, ¿qué opinión tiene sobre el Ranking nacional de las 250 Empresas más Grandes de Bolivia?

— Me gusta mucho. Yo tengo una frase: “Lo que no es medible no es corregible”. Si no tienes información, empiezas a crear castillos. A veces dices: “Este sector va bien, éste tiene problemas”, ¿porque lo escuchaste, porque alguien lo digo, porque tienes evidencia? Estos materiales ayudan a que los inversionistas, los tomadores de decisiones puedan tener cifras de, por ejemplo, ¿cómo están las empresas?, ¿quiénes solicitan crédito?, ¿en qué sectores se están financiando proyectos?, eso es oro molido. Estos trabajos tienen que ser sistemáticos y consistentes para que tengamos los puntos de comparación, la métrica del pasado: eso ayuda mucho. Aplaudo el esfuerzo. En América Latina y Estados Unidos los competidores o jugadores concluyen que la información es poder, si no la tienes estás fuera de las tomas de decisiones relevantes. Estos ejercicios son aplaudibles, porque no son fáciles y la gente debe valorarlos. NdE. Desde el miércoles, La Razón puso el Ranking a disposición de la población en puestos de periódicos y puntos de venta del país, a Bs 20.

Pérfil:

Nombre: Pablo López Saravia

Profesión: Economista

Economista para la educación

Obtuvo su título en Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México y su doctorado en la misma rama en el Instituto Politécnico Nacional. También cuenta con una especialidad en Estadísticas Aplicadas y diplomados en Econometría Financiera y en Aplicaciones de la Minería de Datos en los Negocios. Trabajó para el Banamex-Citigroup y el Gobierno de México DF, entre otros. Es docente en varias universidades e institutos especializados de su país.

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