El Financiero

En Japón piden no tener hijos en simultáneo

Empresas. Las órdenes que se dan en algunas compañías son ilegales, pero no se castiga.

Japón. El país sufre una disminución en su tasa de natalidad desde hace décadas. Foto: latinamoms.com

Japón. El país sufre una disminución en su tasa de natalidad desde hace décadas. Foto: latinamoms.com

La Razón (Edición Impresa) / AFP / Tokio

00:00 / 04 de julio de 2018

En Japón, donde la disminución de la natalidad es cada vez más preocupante, algunas empresas imponen a sus empleadas con deseos de ser madres una orden de prioridad para evitar que queden embarazadas al mismo tiempo.

Sayako (seudónimo), que trabaja desde hace 16 años en guarderías, recuerda su sorpresa cuando sus jefes intentaron disuadirla de tener un segundo hijo, después de que hubiera visto a un médico por un problema de infertilidad.

“¿Por qué no se toma un descanso puesto que ya tiene uno?”, le preguntaron, añadiendo que otra mujer de su servicio, mayor que ella y recién casada, era prioritaria para quedarse embarazada.

“Me quedé boquiabierta”, cuenta esta japonesa de 35 años, que decidió cambiar de trabajo y acaba de tener una hija.

El marido de otra puericultora, que se había “atrevido” a quedar embarazada antes que una de sus compañeras que tenía prioridad, denunció esta práctica en una carta enviada al diario Mainichi Shimbun. La pareja tuvo que pedir disculpas a la directora de la guardería. “¿Cómo se han atrevido a infringir el reglamento sin pedir permiso?”, les preguntó ésta.

“No es tan raro, es una práctica corriente en los lugares donde trabajan mujeres jóvenes. No les parece injusto, más bien se sienten culpables ante la idea de ausentarse a causa de la maternidad”, explica Kanako Amano, del instituto de investigación NLI.

Empleo. Muchas mujeres deciden por tanto renunciar a su deseo de formar una familia o simplemente dejar el trabajo cuando quedan embarazadas. “Tanto las mujeres como los hombres consideran que el lugar de trabajo pertenece a los hombres y que es normal que las mujeres lo abandonen durante su embarazo”, asegura.

Amano afirma que esto ha tenido un papel en la disminución de la natalidad que sufre Japón desde hace décadas. Según encuestas recientes, un 40% de los japoneses creen que el papel de las mujeres consiste en “administrar la casa”, y el de los hombres, en “trabajar fuera”.

Las opiniones contrarias aumentan, pero lentamente. La escasez de mano de obra en varios sectores, entre ellos el del cuidado de los niños y las personas mayores, hace “inevitable” el hecho de que las mujeres esperen su turno para quedarse embarazadas, dice Naoki Sakasai, del Instituto de Investigación sobre la Primera Infancia y la Educación.

Esas medidas impuestas por las empresas son ilegales, pero quedan siempre impunes, ya que no suelen ser denunciadas y no hay pruebas porque se formulan oralmente. A menudo las víctimas no se atreven a hablar de ello, ni siquiera con los sindicatos. La situación no mejora cuando las mujeres regresan al trabajo después de su embarazo. La mitad de ellas acaban renunciando.

“Cuando pedí una formación para un futuro ascenso, mi superior me dijo: ha tomado una baja por maternidad, trabaja con horarios reducidos y además quiere una formación. ¿Qué será lo próximo?”, recuerda Mayu (seudónimo). “Oí eso tres veces en cinco años, por parte de distintos jefes”, añade.

Ella cree que el hecho de trabajar menos tiempo para poder ocuparse de su niño “arruinó la carrera a la que aspiraba”, y recuerda que las mujeres que tienen puestos directivos renunciaron a menudo a procrear. En 2017 se registraron menos de 1 millón de nacimientos en Japón, la mitad de la cifra de hace 50 años.

Se necesita un verdadero cambio de cultura para revertir esta tendencia. Existe una expresión, messhi hoko, que significa “sacrificar su vida privada por el bien común”. El hecho de aplicarla al trabajo es, según Amano, la causa de todos esos males.

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