El Financiero

Indígenas son más capaces de mitigar ataques climáticos

Un proyecto generó o mejoró la resiliencia de 20 comunidades. La iniciativa es parte de un sistema de alerta temprana local que a través de llamadas por radio y teléfono busca reducir el impacto de los desastres en 69 comunidades.

Ingresos. Los plantines de naranja son la esperanza de mejores días para los comunarios de Altamarani.

Ingresos. Los plantines de naranja son la esperanza de mejores días para los comunarios de Altamarani. Foto: Jorge Castel

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Castel / Rurrenabaque y San Buenaventura (Beni y La Paz)

10:32 / 27 de diciembre de 2016

Veinte comunidades indígenas ya están preparadas para superar las constantes emergencias y desastres que ocurren en Beni y La Paz por causa de inundaciones y deslizamientos, fenómenos que afectan la producción, ingresos y salud de las poblaciones de esas regiones.

El proyecto “Incremento de la preparación y resiliencia en las cuencas de los ríos Beni y Mamoré”, que comenzó en abril de 2015 y concluyó este mes, permitió el desarrollo de cultivos de variedades resistentes al agua y de viveros multipropósito. También impulsó la instalación de refugios comunales contra riadas, así como de cocinas solares, paneles fotovoltaicos para extracción de agua y sistemas de alerta temprana y cosecha de agua de lluvia, entre otros.

Los objetivos principales del plan fueron: generar y fortalecer las capacidades de resiliencia de comunidades vulnerables ante inundaciones recurrentes y promover la adaptación de éstas al cambio climático, detalla, Mónica Cuba, jefa de Comunicaciones de Soluciones Prácticas, una de las instituciones ejecutoras del proyecto multilateral que con su trabajo particular benefició a 3.369 personas de 681 familias.

Se potenció también, agregó, los medios de vida de las familias tacanas, tsimanes y mosetenes, capacitándolas en temas de riesgo, en el manejo de sistemas agroforestales y en la instalación de servicios básicos como baños ecológicos.

“Se han implementado algunas parcelas de cítricos y cacao resistentes a las riadas”, afirma Rafael Calamari, quien es responsable de promover el cultivo de ambos alimentos en la comunidad de Altamarani, situada con sus 75 habitantes en el municipio de San Buenaventura, en la provincia Abel Iturralde, en el norte del departamento de La Paz.

“Aprendimos cosas que no practicábamos en la primera fase” de desarrollo del cultivo, como la poda y el injerto. “En unos años buscaremos mercados. Ya se interesaron en (la fábrica de chocolate) El Ceibo”, dice.

“Si llueve más de tres horas debo alertar” a las comunidades de toda la región de una posible riada; además “puedo recibir” los avisos de alarma de otras poblaciones, afirma Norberto Buchati, hombre de unos 50 años que está a cargo de la Unidad de Gestión de Riesgos de Altamarani.

La iniciativa es parte de un sistema de alerta temprana local que a través de llamadas por radio y teléfono busca reducir el impacto de los desastres en 69 comunidades ubicadas en los municipios de Ixiamas, San Buenaventura, Palos Blancos y Guanay (La Paz); y Rurrenabaque, San Borja, Reyes, San Ignacio de Moxos, Riberalta, Santa Ana, San Joaquín y San Ramón (Beni).

  • Puerto Yumán. El albergue servirá para que niños, mujeres y ancianos se resguarden en las riadas. Foto: Jorge Castel

“Me han capacitado sobre las riadas y también sobre planes de contingencia para las familias”, sostiene el vigía, antes de recordar que 2014 fue el año más complicado para su comunidad. “La mitad somos collas y la otra, cambas”, dice el responsable de dirigir las acciones cuando el río Beni amenace con sus crecidas y vela por el bienestar de la población, lo que sucede en especial en época de lluvias, más precisamente en enero y febrero.

Los planes de contingencia para afrontar las crisis son diseñados por cada comunidad, aunque lo esencial es poner a la gente a buen resguardo (en los refugios), organizar el salvataje y tener alimentos asegurados. Cada comunidad tiene delegados para cumplir con estas tareas y para velar por el buen uso de los equipos proporcionados por el proyecto.

Luz Marchani, tesorera de Altamarani, relata que el mayor problema para las mujeres era conseguir agua para consumo, porque el pozo del que sacaban el líquido se volvía inservible cuando las riadas impedían el transporte del diésel que alimenta el extractor. “El agua volvió con la tecnología. Se instaló un panel que hace funcionar la bomba que lleva el agua desde el pozo de 32 metros” de profundidad “hasta el tanque elevado”, el cual “tiene una reserva para tres días. Ahora no nos falla” el abastecimiento, “tenemos agua todo el día”, cuenta con una sonrisa de alivio.

“Cobramos por el agua que se utiliza y ese fondo lo ahorramos en el banco para cualquier emergencia o repuestos”, indica Marchani. “Otra ventaja es que el panel fotovoltaico es fácil de desarmar si es que surgiera una emergencia”, añade.

DESARROLLO. Con estas mismas bases Soluciones Prácticas capacitó a la población de Puerto Yumán, ubicada en el municipio de Rurrenabaque, en la provincia Ballivián de Beni, comenta Felicia Yumani, secretaria de Hacienda de la comunidad.

“Aquí, con la inundación, el agua llega a un metro y medio, ese es el problema. Ahora tenemos un albergue —porque lo necesitábamos— que nos servirá para subir a los niños, a las embarazadas y a los ancianos. La ONG dio una parte del dinero para la construcción de la cabaña “y la comunidad puso la contraparte con la mano de obra”, asevera.

Otro de los avances, agrega, fue la cosecha de lluvia. “Próximamente perforaremos un pozo para replicar la experiencia de Altamarani”. Jafed Porko, secretario de Agricultura de la comunidad, afirma que ya tienen 5.800 plantines de naranja tardía, mandarina y cacao, “para que ayuden a los ingresos de la comunidad en los próximos cuatro años”.

Los agentes de cambio

Recursos

El proyecto de incremento de resiliencia fue financiado por la Unión Europea e implementado por el consorcio Victoria Regia, integrado por el PNUD, Unicef, Soluciones Prácticas, Ayuda en Acción, OIM, Christian Aid y la Fundación Salud Río Beni, liderada por la FAO.

Beneficios

El trabajo conjunto redujo la vulnerabilidad a los riesgos de desastres de más de 7.000 familias de 69 comunidades indígenas en el departamento de Beni y el norte de La Paz.

Llegar o salir de la comunidad, todo un reto

El viaje a las poblaciones que se encuentran a lo largo de los ríos Beni y Mamoré es una verdadera aventura. Los habitantes no cuentan con las comodidades para dirigirse desde las ciudades hasta sus comunidades, por lo que optan por largos recorridos en botes y caminatas extenuantes.

Para llegar a Altamarani desde La Paz hay que hacer un viaje en avión de 40 minutos hasta Rurrenabaque (Beni), pasar el río en cinco minutos en un bote a motor hasta San Buenaventura (La Paz) y recorrer en auto un camino de tierra por al menos 50 minutos.

Sin embargo, los pobladores no tienen la posibilidad de viajar en esas condiciones. Solo para llegar a Rurrenabaque desde sus comunidades deben recorrer el río en un bote a motor por al menos una hora y media, llevando lo que necesitan para sus familias.

Pese a las distancias, Luz Marchani, tesorera de Altamarani, asegura que allí “se vive bien” porque la comunidad se mantiene ajena al estrés que causa el ritmo frenético de las ciudades; además tienen alimentos frescos y un clima cálido, pero no extenuante.

No tienen luz, ni radio, ni televisión, ni celulares, pero existe el respeto a la naturaleza. “Queremos superar el tema de la salud y energía”, dice Roxana Áñez.

  • Energía. El panel solar hace funcionar la bomba extractora de agua. Foto: Jorge Castel

Aluviones dañaron a 81 mil familias en 5 años

En el periodo 2010-2014, los eventos climatológicos afectaron al menos a 81.000 familias en las cuencas hidrográficas de la Amazonía, de acuerdo con datos del Viceministerio de Defensa Civil que maneja Soluciones Prácticas.

“De 2010 a 2013 se registraron 118 eventos, el 70% fueron inundaciones que afectaron a más de 60.000 personas. En 2014, más de 21.000 familias en 400 comunidades en las cuencas de los ríos Beni y Mamoré fueron afectadas con las inundaciones en temas productivos, de saneamiento y servicios básicos y de estructura familiar y comunal”, cita el reporte.

Debido a las intensas lluvias estacionales que caracterizan a la región del trópico húmedo, agrega, las cuencas hidrográficas de la Amazonía suelen registrar severas inundaciones que, a su vez, provocan efectos adversos en la salud y en la seguridad alimentaria de la población, y afectan la estabilidad social, ambiental y económica de la región, atentando incluso contra la vida del ser humano.

“La mayor parte de esa población vive por debajo de la línea de pobreza, con servicios básicos inseguros o inexistentes”, indica la ONG, una de las ejecutoras del proyecto “Incremento de la preparación y resiliencia en las cuencas de los ríos Beni y Mamoré.

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