El Financiero

Grubb invita un helado de leche de insecto

Sudáfrica. Una solución al agotamiento del agro y los daños de la ganadería.

Postre. Porción del helado hecho a base de leche de insecto, de Gourmet Grubb. Foto. GOURMETGRUBB.COM

Postre. Porción del helado hecho a base de leche de insecto, de Gourmet Grubb. Foto. GOURMETGRUBB.COM

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Johannesburgo

00:00 / 20 de junio de 2018

Con una receta aún secreta, tres jóvenes desarrollaron una innovadora leche a base de insectos y buscan derribar aprensiones y descubrir al mundo las bondades de este nuevo “superalimento” convenciendo primero paladares en forma de helado.

La compañía se llama Gourmet Grubb, tiene base en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) y, por el momento, su presencia es pequeña: venden en un mercado ecológico local y buscan ampliar horizontes para el producto a través de cáterin para eventos y muestras nicho.

El helado se comercializa en sabores mantequilla de cacahuete, chocolate y chai, y es principalmente una excusa para que la gente le pierda el miedo a la leche de insecto, bautizada entomilk.

“Usamos el helado para animar a la gente a probarla, porque una vez que lo hagan y vean que sabe como un helado normal van a estar más abiertos a aceptarla como una opción láctea”, explicó Leah Bessa, cofundadora de la empresa y desarrolladora del producto.

Propuesta. El nombre entomilk surge de combinar el inglés milk (leche) y la entomofagia, es decir, la ingesta de insectos.

Junto a Bessa trabajan solo los otros dos cofundadores, Jean Louwrens (jefe de Operaciones) y Llewelyn de Beer (director de Mercadotecnia), y otras dos personas más. Aún están en proceso de registro de la patente de la receta y, por ello, guardan con celo los detalles de cómo se hace la entomilk, desde qué insectos se usan como base hasta cómo consiguen transformarlos en leche.

Es, según cuentan, algo completamente diferente a la “leche de cucaracha” que se volvió viral hace un par de años, ya que esta es literalmente extraída de un tipo de cucarachas que producen leche para sus crías y no hecha a partir de insectos. Lo que sí pueden contar es que es “cremosa” y que tiene un sabor “muy neutro”, parecido al de las almendras.

La venden como un “superalimento” por su alto valor nutritivo —mucho mayor que el de la leche de vaca tanto en minerales como calcio y hierro como en proteínas— y tiene ventajas para el medio ambiente. “Los insectos crecen muy rápido, no usan mucho espacio, no usan mucha agua y no generan tantos gases como la ganadería”, resaltó Bessa.

Asimismo, la entomilk puede ser una nueva alternativa para los intolerantes a la lactosa, cuyo número también crece tanto en el mundo. La entomilk nació un año y medio y empezó a ser comercializada en forma de helado este 2018. La empresa no descarta sumar poco a poco otros productos lácteos hechos con leche de insecto, como quesos.

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