El Financiero

Bolivia tiene una gran deuda con el turismo que causa sobresaltos

El país cuenta con sitios históricos ligados al dolor que no son plenamente aprovechados

La Razón (Edición Impresa) / Walter Vásquez / La Paz

00:00 / 07 de noviembre de 2018

El turismo es en general algo muy divertido y enriquecedor, por las experiencias vividas y culturas que se conocen. Muchos viajan en busca de aventura, conocimiento o contacto con la naturaleza, pero también hay quienes son atraídos por lo misterioso y lo tétrico.

Y para ellos Bolivia tiene también una abundante pero poco conocida oferta de sorprendentes sitios asociados a la muerte y la tragedia que son muy importantes, no por su ligazón con la aflicción, sino por su valor histórico.

Para Carlos Marín, gerente general de la Asociación Boliviana de Agencias de Viaje y Turismo, el turismo de terror, oscuro o de dolor, es una asignatura pendiente para el sector, porque no se aprovecha el carácter paranormal o místico de estos sitios en los que se tejen leyendas que encienden la imaginación de los visitantes, más aún en esta época del año, en la que se recuerda a los difuntos y se evoca a seres sobrenaturales.

“Solo algunos operadores le ponen atención a estas características que tienen algunos destinos del país”. Es así que “todavía no hemos sabido posicionar paquetes específicos para Todos Santos, como lo hacen en México, donde el Día de los Muertos es una fiesta grande que está enraizada en la costumbre del mexicano”, sostiene el experto en viajes.

Como país “deberíamos promocionar turísticamente más lo nuestro” y como sector “deberíamos tener una oferta especial para turistas nacionales y extranjeros”. Por eso lamenta que las llamadas “casas del terror” despierten en estos días más interés que las tradiciones y costumbres bolivianas.

La Paz

Paisajes, montañas  y valles misteriosos

Marcelo Padilla - Uno de los lugares más representativos del “turismo oscuro” en La Paz es el callejón Cabra-Cancha, hoy calle Jaén, que según la tradición es un lugar tenebroso desde tiempos de la colonia por el ruido de inexistentes carruajes tirados por caballos y cadenas arrastradas por el suelo, además de la aparición constante de fantasmas, duendes, almas en pena y una viuda condenada que seducía y se llevaba al más allá a los borrachos que pasaban por ese lugar en las horas más oscuras de la noche.

Los vecinos, herederos de una arraigada fe católica, colocaron allí una cruz verde con la idea de ahuyentar a las “criaturas malignas” que los atemorizan.

Bajo el resguardo de ese talismán los turistas ya pueden pasear parcialmente tranquilos por los comercios de artesanías, textiles de vicuña y alpaca, y otros productos tradicionales que hay en esa vía empedrada; y visitar agencias de viaje, espacios culturales, museos y la casa de Pedro Domingo Murillo, protomártir de la independencia paceña.

Víctor Segarrundo, que tiene su sastrería en esa callejuela, es una de las víctimas de las apariciones.

Hace unos tres años “me quedé a trabajar hasta tarde y más o menos a la una de la mañana, cuando salía al baño, vi un ser que estaba caminando por el patio. Esperé a que haga un movimiento, se paró frente a mí y desapareció. Me asusté y volví a mi taller caminando de espaldas. Ya no quise entrar más al baño, aseguré mi puerta y me puse a orar a nuestro Padre que es un Dios sobre todo mal”, relata el sastre.

Otros posibles sitios espeluznantes son el Valle de la Luna, por su semejanza con superficies extraterrestres, sobre todo de noche; el Valle de las Ánimas, que es recorrido por muchas “almas en pena”; y la Muela del Diablo, “donde se realizan ofrendas y rituales paganos”, explica Marín.

Cochabamba

El ‘Correvolando’ y la procesión de almas

Angélica Melgarejo - Un lugar ideal en Cochabamba para los amantes de la adrenalina que produce el miedo es “El pasaje del diablo”, que se cree fue un portal que conecta la tierra con el infierno y por el que rondaban al caer la oscuridad brujas, duendes, espíritus, un jinete con patas de cabra y el “correvolando”, un demonio identificado como el mismo Lucifer que volvía locos o condenaba a quienes tenían la desdicha de cruzarse en su camino.

El callejón maldito, ubicado actualmente entre las calles Colombia y Ecuador del centro de la ciudad, era en el Siglo XIX la ruta de salida al Chapare y desprendía alegría durante el día, por las chicherías establecidas en el lugar, y espanto por las noches.

René Machado, guía del Museo Arqueológico, recuerda que los ruidos aterradores y las manifestaciones de seres sobrenaturales desaparecieron después de que se exorcizó el lugar con la presencia del arcángel San Rafael, patrono que prestó su nombre a la estrecha calle —hoy espacio patrimonial y cultural de la ciudad— y que cada 24 de octubre recorre el angostillo en hombros de los vecinos del lugar, para alejar a lo maligno.

El museo es en sí mismo uno de los sitios que impulsa el “turismo negro” desde lo científico, ya que guarda entre sus tesoros 10.000 piezas de restos humanos, momias y chullpas que datan de la época de los señoríos aymaras, según el cronista Ramón Rocha.

La visita al lugar en estas fechas cobra mayor relevancia porque los guías no solo explican por qué se conservaron los restos precolombinos, sino también el sincretismo entre la vida y la muerte, el armado del mast’aku (mesa para muertos) y el ritual de Todos Santos.

El museo, que tiene los cupos llenos hasta diciembre, es visitado el año entero por decenas de delegaciones de estudiantes y universitarios, y por cientos de norteamericanos y europeos que llegan especialmente en marzo para disfrutar de la fiesta de Urcupiña.

Sucre

San Francisco muestra sus huesos

Yuvert Donoso - Sucre muestra en época de Todos Santos otra de sus facetas turísticas ligadas a cuentos e historias que a más de uno le ponen los pelos de punta. Este “turismo del sufrimiento” genera movimiento económico con emprendimientos aislados, pero que puede ser ofertado a los eventuales visitantes a la capital del país.

El primer paso por este viaje hacia enigmáticos mundos es, sin duda alguna, el cementerio de Sucre, declarado en 2004 por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad y fuente de historias de descabezados (mujeres vestidas de blanco, curas y otros) que pasean entre los mausoleos del milenario camposanto.Saúl, un joven que trabaja en el lugar desde hace 12 años, en los que fue “escalerita”, rezador, limpiador de lápidas y por último guía, cuenta que las personas que llegan a toparse con estos espectros son atormentadas junto a sus familias, más aún si tienen imágenes de ellos en sus casas.

Ignacio, propietario de una florería ubicada frente al cementerio, fue una de las personas que llegó a fotografiar a estas ánimas y que despertaba por las noches gritando hasta que —por consejo del párroco de San Roque— fue al mismo lugar donde tomó la imagen, rezó y la destruyó.

Ésta y otras historias son relatadas por los guías del lugar, quienes por Bs 35 dirigen a grupos de hasta seis personas por la necrópolis de carácter monumental.

En este recorrido es infaltable la cripta de San Francisco, cuyo origen se remonta a 1581 y que fue el último lugar de descanso de Juan José Segovia Liendo, primer presidente de la Real Audiencia de Charcas y primer rector civil de la Universidad San Francisco Xavier, cuyos restos óseos yacen junto a los de otros de grandes personalidades de la ciudad.

El sepulcro, que recibió a su último privilegiado en 1825 —año en el que se cerró junto con el cementerio de la Iglesia—, fue restaurado y abrió sus puertas a los turistas el 14 de marzo de 2016. Para ingresar al museo, el visitante boliviano paga Bs 10 y el extranjero Bs 15. La guía Claudia Subieta asegura que el movimiento económico generado por la catacumba es importante, porque muestra restos óseos y es la única en el país abierta al público.

Oruro

Subterráneos hacia mundos oscuros

Juan Mejía - Los túneles sobre los cuales fue erigida Oruro pueden ser el punto de partida para desarrollar junto a las leyendas y tradiciones existentes en la ciudad una ruta turística del terror que atraiga a visitantes de todos los países, afirma Marcel Lara, secretario de Culturas y Turismo de la Gobernación orureña.

“Hemos visitado el sector de la hemeroteca” de la Alcaldía. “Allí hay sótanos muy antiguos y una lúgubre puerta gruesa con rejas que conducen hacia los túneles que hay debajo de la ciudad, que sabemos que se conectaban con iglesias y diferentes edificios antiguos. Eso de hecho ya es una historia de terror en sí misma”, comenta.

Sin embargo, aún hay que indagar mucho más sobre estos pasadizos subterráneos antes de organizar visitas guiadas.

“Son más de 400 años de explotación de la minería en estas tierras. Entonces, es seguro que se han generado temas vinculados al terror, fantasmas y otros sitios tenebrosos”, afirma Lara.

La nueva ruta del espanto incluiría también el Cementerio General, un sitio simbólico que describe la historia social de Oruro; la zona del socavón; las minas de San José; casas embrujadas y otros escenarios de leyendas urbanas y fantasmas.

Un circuito turístico sombrío debería “incorporar las leyendas y los cementerios Chapicollo, Central e Iroco”, afirma el historiador Mauricio Cazorla, quien ve un gran potencial económico en esta idea. La ciudad, detalla, tiene sitios oscuros muy interesantes como la antigua Fuente de Chorrillo y la casa de los Petencoffer, además de apariciones como la novia que se lleva infieles al cerro Pie de Gallo, la carreta de fuego, el espectro siniestro de la Ranchería, el espíritu del Cine Palé, el duende de la maleta, el fantasma del antiguo Hospital San Juan de Dios y el negrito de la Casa Patiño.

Pero “en Oruro, lamentablemente, se está destruyendo el patrimonio arquitectónico de siglos pasados y, por ende, se están destruyendo las leyendas e historias misteriosas” vinculadas a esos sitios, advierte Cazorla.

Santa Cruz

Tragedias y el Santuario del Che

Marco Curi- Uno de los sitios históricos en Santa Cruz en los que la muerte despierta cada vez más interés es la pequeña escuela en la que fue asesinado Ernesto Che Guevara, en la localidad de La Higuera.

En el centro educativo convertido en santuario, ubicado a 304 km de la capital cruceña, se encuentra intacta la silla donde fue ejecutado el guerrillero, además de fotografías, manuscritos y el uniforme con el que estaba el revolucionario al momento de ser aprehendido por miembros del Ejército boliviano.

Para ingresar a ese espacio y observar sus detalles el visitante paga Bs 10, luego de lo cual puede apreciar también los tres monumentos del argentino-cubano que hay en el pueblo y en los que —al igual que en el santuario— los visitantes encienden velas a “San Ernesto”, que de vez en cuando ronda por las calles del lugar de su muerte.

La alcaldesa de Pucará, Carmen Ruth Calzadilla, recuerda que La Higuera forma parte de la Ruta del Che, itinerario que es recorrido por argentinos, cubanos, uruguayos, peruanos y chilenos, en especial cerca del 14 de junio, en el cumpleaños de Guevara, y el 8 de octubre, en la víspera del ajusticiamiento.

Otro sitio en el que las historias trágicas despiertan el interés de bolivianos y extranjeros son las comunidades de Chochís y El Portón, en las que en 1979 murieron 16 personas y 92 casas fueron sepultadas por el derrumbe de parte de un cerro monumental, La Torre de David.

“Un diluvio ocasionó que el tren de carga que venía de Brasil hacia Santa Cruz se detuviera. Entonces, las mujeres empezaron a rezar a la Virgen de La Asunta; los hombres retiraban las piedras y rocas que caían sobre la línea férrea”. Así se fueron alejando de los vagones que “minutos más fueron aplastados por el cerro”, cuenta Iván Quezada, alcalde de Roboré.

En agradecimiento a la virgen, los pasajeros construyeron un santuario en esa población, que vio fortalecida su fe por la desgracia y que realiza cada 15 de agosto una romería entre El Portón y Chochís, recibiendo más de 20.000 visitantes al año que pueden ver la cronología de la tragedia tallada en madera.

Otro escenario vinculado con el dolor es el Fuerte de Samaipata, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1998 y escenario de sangrientas batallas de conquista entre las culturas incaica, chané y guaraní, relata Milton Cuevas, jefe de la Unidad de Turismo y Cultura de la Alcaldía samaipateña.

“Un guardarruinas nos contó que de noche se escucha el galope de caballos y pasos de personas y se ve una gran fogata. Eso científicamente no se ha podido verificar, pero sin lugar a dudas hay un aire místico en el fuerte, por eso se le han hecho limpias con ch’allas”, dice.

Al lugar llegan cada año más de 75.000 visitantes, en su mayoría europeos, siendo la época de mayor concurrencia el Día del Estado Plurinacional (22 de enero), el solsticio (21 de junio), Todos Santos (2 de noviembre) y las fiestas de fin de año.

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