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No solo Hay Pan

Un local en la calle Murillo ofrece de día desayunos y por la noche, vinos nacionales.

Las marraquetas son el elemento común en los platillos de los comensales extranjeros. Foto: Pedro Laguna

Las marraquetas son el elemento común en los platillos de los comensales extranjeros. Foto: Pedro Laguna

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R. / La Paz

00:00 / 08 de noviembre de 2017

La marraqueta es uno de los mejores panes que he comido en toda mi vida”, sostiene Sukko Stach, uno de los socios de Hay Pan, un local que además de desayunos caseros y tradicionales —que incluyen la infaltable marraqueta— ofrece vinos nacionales en un espacio ubicado en el centro turístico de La Paz.

Entre las 09.00 y 10.00, la calle Murillo es casi intransitable. “Obelisco, Camacho, estadio”, grita un casi extinto voceador de minibús, en tanto que otros choferes prefieren convocar a sus potenciales clientes con anuncios que tapan el lado derecho de los vidrios de los vehículos. En esa vía, entre las calles Santa Cruz y Graneros, conocida por ser el sector donde abundan las peluquerías y algunas discotecas, el caminante se topa con una puerta corrediza de vidrio con el anuncio infaltable de las populares tiendas de barrio: “Hay Pan”.

“Cuando se lo lee en los negocios significa que están ofreciendo pan, un alimento que es bastante importante para la mesa boliviana”, dice Sukko, quien viajó a Canadá para especializarse en gastronomía y que ahora siente preferencia por la comida boliviana.

Una marraqueta crocante y fresca es el atractivo visual que acompaña a un asado jugoso y un huevo frito complementado por tomate y lechuga, además de un café orgánico producido en los Yungas. “Hay ensaladas, fruta fresca, pan, chorizo y huevos. Son desayunos tradicionales con precios accesibles”, ya que se pueden sentir estos sabores pagando desde Bs 15.

Camila Zerda, socia de Hay Pan, se da una pausa del trabajo ajetreado de  atender a los comensales para recordar que Sukko no sufrió mucho para convencerla de que formara parte del proyecto. “Intentamos que sea lo más auténtico posible, con comida fresca”. Por eso es que no se hace problema en despertar de madrugada, ir al mercado Rodríguez y adquirir los alimentos que proveerán la cocina del negocio que comparten Sukko, Camila y Alfredo Montecinos, quien en mayo dispuso que ese espacio se convirtiera en una alternativa en la zona turística.

“Dicen que Nueva York (EEUU) es una ciudad que no descansa; la Murillo, tampoco”, asegura Sukko, un especialista en preparar un buen café de los Yungas. La zona Rosario tiene algo especial, entre nostálgico, turístico y de fiesta, que por más que se camine todos los días continúa mostrando algo nuevo, como Hay Pan durante las noches, cuando se convierte en una vinoteca.

Sukko prepara una chorrellana con huevo.

A las 19.00, la procesión de micros y minibuses es más caótica que en la mañana, con tiendas de camisas, sacos y buzos deportivos, negocios de comida y peluqueros que llaman a los transeúntes para que se hagan cortar el cabello. En esa maraña que da vida a la sede de gobierno es que las luces multicolores de Hay Pan se encienden para atender al público.

“Es un vino Marqués de la Viña, una casa que está produciendo en el valle de Cochabamba. Se caracteriza por tener bacterias lácticas, como de la leche, que da una textura como sedosa en la boca, característica que es muy interesante encontrar en una bebida como ésta. En general es un vino muy rico”. Camila se ha convertido en una experta enóloga, en especial de los 25 diferentes tipos de vinos nacionales que nutren su bar.

Ambientes. Un tocadiscos que funciona, radios antiguas, cientos de corchos de vinos nacionales y tullmas multicolores forman parte del decorado de Hay Pan.

En comparación con otros restaurantes que tienen su tocadiscos como artilugio inservible y decorativo, en Hay Pan el equipo de sonido funciona a la perfección, pues de ahí salen boleros, tangos, cumbia, salsa, ska, pop o música brasileña, como parte de una colección de casi 200 discos. “La calidad de sonido es totalmente diferente”, afirma Sukko, a pesar de que debe volver al tocadiscos cada 10 minutos para cambiar de lado al vinilo.

Tullmas multicolores, vainas de ají colgadas en la pared, obras de la fotógrafa francesa Delphine Blast, asientos tapizados con aguayos y cientos de corchos guardados en envases de vidrio completan el ambiente acogedor de la calle Murillo donde, además de minibuses, micros y peluqueros, no solo hay pan.

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