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La sabrosa lucha por el veganismo

Un perro mestizo fue la inspiración para que Luisa y Paola abrieran un restaurante vegano en Sopocachi.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

16:00 / 23 de enero de 2019

La casa de paredes blancas, con la caricatura de un perro mestizo encima del ingreso principal, ofrece algo más que deliciosa comida vegana. Paola Banegas y Luisa España son artífices del restaurante Lupito, una aventura que surgió hace casi cinco años, cuando un animal callejero y herido apareció en sus vidas. “El proyecto representa mucho porque no solo es una marca, representa una historia”, afirma Luisa, a quien amigos y clientes del restaurante conocen como Lupita.

Al ver el sufrimiento de los animales cuando eran sacrificados para saciar el hambre humana, el lado racional de Lupita le decía que no podía ser cómplice. Por ello se hizo vegetariana durante 12 años y desde hace dos años que es vegana. En cambio, Paola lo intentó tres veces. Primero fue a sus 15 años, luego a sus 21. “No me fue bien porque, primero, no es fácil conseguir dónde comer; segundo, cuando eres joven solo consumes tofu y leche de soya, y no tienes una alimentación balanceada”, argumenta. Cuando conoció a Lupita, recién tomó conciencia sobre la importancia de hacerse vegano. “No necesitas un animal muerto en tu plato para alimentarte bien y disfrutar de un buen sabor”.

En esta decisión influyó mucho un perro callejero que —hace más de cinco años— quería ingresar a un restaurante y que, a pesar de que los empleados lo echaban una y otra vez, insistía en querer pasar. Cuando Lupita se le acercó descubrió que el can estaba desnutrido y con una fractura en el hocico, tal vez por un golpe de fierro o palo.

Lo rescató con la idea de darlo en adopción, pero se dio cuenta de que su caso era grave, pues la lesión ocasionó que acumulara un líquido en la cabeza que le obstruía la visión. Fue sometido a 10 intervenciones quirúrgicas, que representaban la penosa lucha de un pequeño animal que no podía comer y que demostraba su agradecimiento y cariño con el movimiento débil de su cola.

En poco tiempo, el perro se convirtió en su “hijo”, ya que incluso lo llevaba a sus clases de la universidad. Por esa razón lo llamó Lupito, porque era como su gemelo. Sus cuatro años fueron intensos, porque había vivido y batallado mucho pero, al final, no pudo ganarle al cáncer. “Murió en mis brazos, murió como mi hijito. Murió con mucho amor”.

El perro mestizo con la fractura en la nariz fue la inspiración para que Lupita y Paola siguieran su lucha por veganizar La Paz.

“Nos han criado con la idea de que la carne lo es todo en el plato, que si no hay carne no te alimentas; pero lo importante de la cocina es cómo condimentas, qué especias usas y qué técnicas empleas”, explica Paola.

Después de experimentar y mezclar ingredientes, Lupita ofreció al público, en septiembre de 2016, una salchicha hecha con tofu, remolacha y seitán (carne vegetal de trigo). Fue un éxito.

Animadas por las buenas críticas, Paola y Lupita veían como una posibilidad lejana abrir un restaurante vegano. Pero un pequeño local para tres mesas aceleró sus planes. De esa manera nació el restaurante Lupito, en febrero de 2017, con una oferta de anticuchos y sándwiches de champiñón.

Sushi, albóndigas, chicharrón cochabambino, falso conejo, sándwich de chola o ranga. Cada plato es un reto para que guste a los comensales. Y lo han logrado.

Después de estar un tiempo en la zona Sur, las dueñas de Lupito hallaron la casa perfecta en Sopocachi, en la empinada calle José Cardón, donde se destaca la vivienda de pared blanca, que tiene una fuente de los deseos que no solo cumple los anhelos de los visitantes, sino que ayuda a pagar vacunas y esterilizaciones de perros y gatos.

Ya sea el famoso sándwich o la ranga con papa  khati, los sabores son tan agradables, que por un momento el comensal olvida que carece de carne. “Queremos seguir veganizando, dar variedad y romper el mito de que comer vegetales es aburrido”, asevera Lupita. Ella y Paola lo están logrando gracias a un perro mestizo que se convirtió en el símbolo de este emprendimiento.

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