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El niño que quiere ascender el Huayna Potosí

A sus siete años, Roberto Churqui coronó cuatro cerros de más de 5.000 msnm y ahora va por más.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 05 de junio de 2019

A sus siete años, Roberto Churqui Pañuni está preparado para subir a las montañas. Tiene puestos un pantalón térmico, una chamarra gruesa para mantenerse caliente, botas de huella profunda y crampones. Cuando está parado en las faldas del Huayna Potosí se enciende su mirada, ya que le apasiona el andinismo.

Hasta el momento ha subido cuatro cerros de más de 5.000 metros sobre el nivel del mar (msnm). Y ahora va por más.

“Me gustan las matemáticas porque me encanta sumar y restar”. Nacido el 7 de mayo de 2012, Roberto estudia en el 2° B del nivel primario de la Unidad Educativa 6 de Junio, en la zona Magisterio, en el distrito 7 del municipio de Viacha. En comparación con sus compañeros de curso, no le gusta el fútbol, sino el andinismo, una disciplina deportiva que consiste en ascender y descender montañas.

Este gusto nació gracias a su padre, Jaime Churqui, quien conoció la escalada en 2006, cuando cumplió su servicio militar en el Regimiento y Escuela de Andinismo 25 Tocopilla, en el municipio de Curahuara de Carangas, en Oruro. “Me fue bien, pero me florecieron las huellas digitales por escalar en roca durante dos meses”, cuenta. Después de su licenciamiento volvió a recorrer las laderas escarpadas, aunque luego de un tiempo se quedó sin ningún acompañante para disfrutar la experiencia. Hasta que nació Roberto.

Cuando su hijo cumplió seis años, su padre le llevó a la cancha para que jugara fútbol, pero notó que no le gustaba. Después lo inscribió a clases del arte marcial muay thai, pero tampoco le interesaba.

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Para recordar viejos tiempos, Jaime aceptó subir el Chacaltaya junto a Roberto y un primo. Lo hicieron en un vehículo, que quedó varado en medio camino, después de que fallara el disco de embrague.

Faltaba mucho para llegar a lo más alto (5.435 msnm), pero Roberto insistía en seguir ascendiendo. Aquel sábado 16 de junio de 2018 tardaron un día completo en completar el recorrido, pero fue inolvidable para padre e hijo: Jaime encontró a la persona con quien iba a compartir el andinismo, mientras que Roberto ascendió, por primera vez, una montaña.

Para fomentar la afición de su primogénito, Jaime buscó agencias de viaje y clubes de escalada. Fue así como subieron los cerros Warawarani (5.542 msnm), Pico Austria (5.340) y Charquini (5.405 msnm). “Cuando subí el Chacaltaya no me he cansado, tampoco en Warawarani. En el Pico Austria no hay nieve, solo roca. Mientras que en Charquini me he mareado al ver la bajada”, comenta Roberto.

Desde la ventana de su habitación se observa el Huayna Potosí y el Illimani. Por eso, desde que despierta, Roberto desea coronar ambas montañas. “Voy a subir el Huayna en 2020, cuando cumpla ocho años”, expresa con determinación este andinista de 1,10 metros de estatura.

Con el apoyo de su padre y del andinista Juan Carlos Calle, Roberto ha cumplido parte de su deseo, pues ha caminado hasta las faldas del nevado, que tiene su punta a 6.088 msnm. “Tiene resistencia y elasticidad. Pero hacer montaña implica mucho desgaste físico, que puede ser mayor cuando un cuerpo está en desarrollo. En este caso puede afectar las rodillas y los pulmones del niño”, advierte Calle después de ver el desempeño del menor.

Al respecto, la fisioterapeuta Natalia Mancilla asegura que si sus articulaciones están bien y no siente molestias, no hay problema que lo haga, aunque para proteger y prevenir molestias en las rodillas tiene que ponerse unos soportes.

“No recomiendo que un niño tan pequeñito haga estas cosas porque su musculatura no está desarrollada al 100%”, opina el pediatra Óscar Parada. Además añade que en esas incursiones existe el riesgo de sufrir caídas, golpes o fracturas que después pueden dejar secuelas.

“Los europeos dicen que está bien que lo hagan; los estadounidenses, en cambio, sostienen que la altura es mala para los niños. Lo más importante es que si quiere ir tiene que estar acompañado por un guía que lo lleve con cuidado y que sepa cómo actuar en caso de emergencia”, explica el andinista Daniel Aramayo.

En noviembre de 2008, David Flores coronó el Illimani (6.460 msnm) a sus 13 años. En julio de 2015, Annie Rose Beisly hizo lo mismo cuando tenía 11 años. “Quiero que al año mi hijo vaya al Huayna Potosí y posterior a eso veré cómo le va. Tal vez, después, suba al Mururata y al Illimani”, comenta Jaime, mientras su hijo duerme en sus rodillas, tal vez soñando que algún día hará realidad su deseo de seguir subiendo las montañas.

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