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El mundo de arcilla de Sandra Boulanger

Fotógrafa y gestora cultural, halló un nuevo universo por explorar.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

00:00 / 24 de abril de 2019

Un ejército de personajes, recuerdos y evocaciones ha significado la cerámica para la vida de la artista, fotógrafa y gestora cultural Sandra Boulanger. Mientras su trabajo se ha desarrollado con el vértigo y la prisa de los tiempos que corren, es con esta disciplina que ha tenido que enfrentar un desafío mayor, pues la tierra y el fuego tienen —y exigen— sus propios tiempos. Más de una vez se ha quedado ante el horno con el corazón destrozado porque una pieza se ha roto o no ha prosperado. No hay forma de abordar este arte desde el estrés: la serenidad es un ingrediente muy importante para moldear la arcilla.

“Hace 14 años que mi madre —la reconocida pintora Graciela Rodo Boulanger— asiste al taller del maestro Mario Sarabia. En 2015, ella iba a estar de viaje durante un mes, así que me pidió que vaya en su lugar por ese tiempo. Fui con curiosidad, pero no tenía la menor intención de hacer cerámica. Así llegué al taller de Mario; él tiene un encanto muy particular, te da la arcilla en la mano y la verdad es que desde ese momento me encantó y no he dejado de asistir todos los viernes”, cuenta Sandra, que ha preparado con sus piezas la muestra Sortilegios en la galería Puro (Enrique Peñaranda 1034, San Miguel) que se abrirá el 1 de mayo y que permanecerá abierta hasta el 30.

La exposición incluye más de 100 piezas creadas por la artista desde 2015. Si bien continúa como alumna regular de Sarabia todos los viernes, aprovechando de tener ese espacio creativo junto a su madre, Sandra ha instalado su propio taller en casa, donde ha ido desarrollando su trabajo; un día a la semana no le era suficiente.

“La cerámica me equilibra mucho gracias al contacto con la tierra y a la disciplina que tengo que tener para usar el torno. Una empieza con el pellizco, luego pasa a los platos y las vajillas... Es algo que exige calma y concentración. Si llegas hasta el torno alterada o de mal humor, éste no te permitirá avanzar: debes estar muy tranquila para trabajar la arcilla. Es como un cable a tierra. Además a mí me dio una libertad absoluta, con la arcilla estoy recreando figuras del pasado, mis recuerdos y sus personajes: bailarinas —Boulanger fue bailarina de ballet—, flores, aves, trajes del teatro, la niñez, los amigos del barrio, todo vuelve a través de la cerámica, una magia que requiere de paciencia. Siempre he estado acostumbrada a manejar mis tiempos, toda la vida estoy apurada; pero con la arcilla no funciona así: me he dado cuenta de que ya no es mi tiempo, es de ella”.

Cada pieza es única, contiene un recuerdo único y está bautizada en honor a personas o personajes importantes para Boulanger: los nombres de sus hijos, amigos de infancia, personajes y momentos que han marcado su vida. Así, este ejército de figuras —acompañadas por una serie de fotografías, piezas en técnica mixta y poemas de Jorge del Río P.— estarán a la disposición del público en Sortilegios, una forma de compartir este universo mágico y personal. “Yo un poco torpe, a veces no sé por qué he elegido la cerámica que más bien es frágil, delicada... quizá sea por eso mismo: porque como dice mi maestro Mario, una de estas piezas puede durar un segundo o puede ser eterna”.

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