Escape

El mundo de Cece Delgado

La artista boliviana logra plasmar en el cómic sus percepciones desde el síndrome de Asperger.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

00:00 / 30 de octubre de 2019

La aspie que dibuja”, simplifica en su perfil de Facebook. En su trabajo, en cambio, la artista paceña Cece Delgado hace mucho más: diagnosticada con síndrome de Asperger, ha encontrado una gran forma de expresarse a través del cómic y exteriorizar un universo interno muy rico con el que sus entusiastas seguidores se han identificado.

“Siempre fue mi orientación al cómic. Yo quería hacer animación, pero no tenía las posibilidades de estudiar eso, así que entré a Comunicación Social. La ilustración me ayuda a complementarme; es como una muleta, me ayuda a conectarme con la gente que me rodea. Tengo algunas falencias comunicacionales que en la infancia aprendí a resolverlas por medio del cómic”.

Desde niña Cece creó amigos y mundos imaginarios que le han servido como intermediarios entre la realidad y su mundo interno, ese que siempre le ha seguido y se ha convertido hoy en el material de su obra gráfica.

“Vengo de una familia donde los dos integrantes, padre y madre, son sobrevivientes; para ellos es normal el sufrimiento. Era muy fuerte para mí, aparte de que no lo interpretaba desde una mente común, yo lo interpretaba desde un punto de vista autista”.

Cece fue diagnosticada con síndrome de Asperger, un trastorno del espectro autista (TEA) leve, que se caracteriza por una alteración en la forma de comunicarse con los demás, en el uso del lenguaje y en la interacción social. “Yo tengo una interacción de lenguaje que se puede interpretar como un habla muy metafórica, la metáfora para mí es muy real. Cuando era niña comentaba a todos que el sol me seguía y me distraía. Cuando despertaba, era como si hubiera alguien que me susurraba lo que seguía después del sueño. Para unas cosas como que le da su salsa a la vida, pero para otras se hacía muy raro”.

Con el tiempo fue entendiendo el uso del lenguaje metafórico gracias a su trabajo en el campo. Comprendió que no todos tenemos la misma percepción del tiempo. “La gente se basa en sus experiencias, como cuando dicen en el campo ‘nos encontramos cuando pasen los loros’. Me pasaba algo parecido; yo decía ‘te voy a ver cuando vea Tom y Jerry’, relacionando las cosas con aspectos históricos. Y comencé a usar la palabra ‘ratón’ como una analogía para todo”.

Estas diferencias le provocaron inseguridad. Desde niña se esforzaba en usar frases que puedan ser entendidas por todos para no parecer rara, pero se le salían expresiones como “el día está muy ratón”, algo que ella entendía perfectamente, pero que era extraño para el resto. “Algunas personas pensaban que quería llamar la atención. Cuando me empezaron a corregir, el cerebro ya había creado esa analogía con la palabra ‘ratón’ y me decían que no podía utilizarla así, que no era correcto.

Entonces, para hallar el punto específico yo hablaba y hablaba, pero nunca lograba comunicarme como los demás. Y ellos se cansaban de escucharme porque hablaba 10 minutos sin llegar al punto. Pero, finalmente encontré la forma de conectarme gracias al apoyo de mi familia, siempre les voy a agradecer”, agrega la artista.

Cece era muy inquieta, trepó árboles, se cayó por las gradas y del segundo piso, la atropellaron tres veces. Entonces su papá descubrió que con el dibujo ella se tranquilizaba y se sentía bien. “Era mala en matemáticas, pero en el dibujo era muy buena; empecé a los 10 años. Soy muy sensible al dolor ajeno, me angustia, pero me di cuenta que cuando dibujaba éste disminuía. Era como que le bajaba el volumen a la realidad, porque era muy fuerte”.

Así, la creatividad y esa necesidad de expresarse en un mundo tan ruidoso dio nacimiento a la artista.Y si bien hay excelente acogida a su trabajo —basta ver el alcance de su obra en las páginas www.faneo.es/comics/el-mundo-de-adentro y tapas.io/series/The-inside-Word—, las ferias del libro le resultan muy agobiantes. “Me agrada poder compartir con los demás las cosas que me suceden. En mi trabajo hablo de la psicología y la psicopedagogía, ahí entra el tema del autismo. También me interesa el humor negro urbano, la mitología y la fantasía. Para cada tema en especial hay un tipo de diseño, de imagen que yo veo. Tengo un proceso creativo súper intenso. La fantasía se conecta con el inconsciente, te da más libertad, y lo oscuro es parte de tu lado más misterioso, la muerte y esos otros temas”.

Cece está por finalizar dos libros. Uno sobre los inframundos en Bolivia, como buena apasionada de la mitología. El otro trabajo es de humor negro. “Básicamente, hablo sobre mi experiencia como una persona intentando entender la realidad. Yo creo que cada momento, la vida se va aclarando más todavía. Espero estar más conectada con esas partes que no entendía, siempre estar presente. Si no soy yo misma, sé que no voy a poder vivir bien. A veces la gente no sabe cómo tratarte, piensa que el autismo es una discapacidad y suponen que la personas con discapacidad no tienen un lugar. Quiero que la gente entienda que no hay nada que temer; hay cosas increíbles que han nacido de gente con autismo”. Y la mejor muestra de lo que Cece expresa se puede apreciar en su obra.

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