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Los misterios del Ancohuma

Visita al tercer nevado más alto de Bolivia y uno de los más difíciles de coronar.

Revancha. Cinco miembros de K-Oz observan la montaña que están a punto de ascender. El clima es templado en Sorata (2.647 msnm) hasta la cima del Ancohuma (6.427 msnm). Foto: Gobierno Autónomo Municipal de Sorata, Club K-Oz

Revancha. Cinco miembros de K-Oz observan la montaña que están a punto de ascender. El clima es templado en Sorata (2.647 msnm) hasta la cima del Ancohuma (6.427 msnm). Foto: Gobierno Autónomo Municipal de Sorata, Club K-Oz

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R.

00:00 / 01 de noviembre de 2017

Al mediodía, cuando el agua se queda completamente quieta en la laguna Chilata, se puede observar, en el reflejo de las montañas, rostros de ancianos ocultos entre las rocas. Eso forma parte de la mitología andina y de lo que cuentan los escaladores que subieron el Ancohuma, el tercer nevado más alto del país.

El Gobierno Autónomo Municipal de Sorata (mediante la Unidad de Turismo y Cultura) está organizando diversas actividades como parte de la promoción de este pueblo paceño. El Jach’a Avalancha —descenso en bicicleta desde la cumbre— y Sky Running Sorata —maratón que se desarrolla en el amanecer— son algunos ejemplos del trabajo para atraer visitantes nacionales y extranjeros. Como parte de esta agenda, miembros del Club de Sky y Andinismo K-Oz fueron designados para trajinar las rocas y nieve del cerro.

Reto. Reynaldo practica escalada en un muro de roca al frente del Ancohuma, el tercero más alto de Bolivia y uno de los más dificultosos para llegar a la cúspide. Foto: Gobierno Autónomo Municipal de Sorata, Club K-Oz

“Para hacer este tipo de montañas, ya sea el Illimani, Sajama, Illampu o Ancohuma, debes tener un poco de experiencia, buena resistencia, haber hecho caminata y saber la manipulación de equipos, ya que tienen más dificultad que las rutas clásicas, como el Huayna Potosí”, explica Reynaldo Choque, líder del colectivo de andinistas paceños.

Tiene razón, porque el Ancohuma es una de las montañas más difíciles de subir. Según la mitología andina, los dioses construyeron en ese lugar una muralla gigante con el fin de que sea infranqueable para los mortales. En 1919, los alemanes Rudolf Dienst y Adolf Schulze fueron los primeros en subir esta montaña, después de luchar varias semanas por encontrar el paso adecuado entre los glaciares.

  Sentado a la orilla de la laguna Chilata, Carlos está a punto de sacar melodías con una quena.

Anteriormente hubo otro intento, en 1898, del inglés Martin Conway, quien no pudo alcanzar su objetivo a 150 metros de llegar al culmen. Al igual que el extranjero, los integrantes de K-Oz sucumbieron el año pasado en su primer intento, por lo que no iban a dejar pasar la oportunidad de subir el Ancohuma (del aymara janq’u uma, que significa agua cristalina).

“La primera vez fue una expedición fallida por cuestiones de clima. Hemos intentado llegar a la cima en un clima muy frío y con mucha nevada, condiciones en las que no se deber escalar una montaña”, comenta Wiler Gutiérrez, otro de los que tienen la revancha en Sorata.

El cambio de clima se nota en los cerros.

Después de que el vehículo que lleva a la comitiva llega al final del sendero en la comunidad Chilata, los jóvenes aventureros caminan más de una hora y media hasta llegar a la laguna Chilata. En ese trayecto, de a poco se pierde el verdor del valle sorateño hasta convertirse en terreno rocoso y frío. En esta revancha —en la que además de Reynaldo y Wiler participan Janeth Titirico, Flor Antiñapa, Carlos Calle y Goyo Lazo, responsable de Turismo de Sorata—, el grupo se detiene a descansar en la laguna y, como parte de las costumbres de K-Oz, entran al agua gélida. “Cuando hice el clavado estoy seguro de que aguanté entre seis y siete segundos dentro del agua, pero al ver las grabaciones de video, simplemente entro y salgo”, comenta Carlos sobre la variación de tiempo y su sensación sobre esta extraña experiencia.

Si bien en el grado de dificultad de escalada el nevado está clasificado como AD (algo difícil), en los hechos se aleja de la realidad, ya que son más de seis horas de marcha solo hasta llegar a la laguna glaciar (5.100 msnm), desde donde espera una ruta con trechos de mucha pendiente antes de coronar la cúspide.

Las nubes parecen unirse con la nieve.

En ese trayecto se quedaron tres miembros de la comitiva. Los primeros fueron Wiler y Janeth, a 5.800 msnm. “Janeth se sentía mal y, en la montaña, no se debe dejar a un compañero. La cordada (cuando los andinistas están sujetos por una misma cuerda) es una especie de pacto, porque los que están atados deben ayudarse a subir”, explica el también guía de turismo.

Cuando faltaban menos de 500 metros para culminar la odisea, Goyo fue el siguiente en quedarse. “Me afectó el cambio de la oscuridad a la amanecida porque no me puse los lentes adecuados. Por eso me dolía el ojo derecho”. De manera coincidente, los tres fueron quienes no entraron a las aguas mágicas de Chilata.

Después de tanto esfuerzo, cuando no existía ruta para continuar y con inclinaciones de hasta 60 grados, una neblina densa impedía ver. Fue en ese momento que el trío de montañistas terminó de subir el pico. Gritaron de alegría y estaban a punto de abrazarse, cuando el ambiente se despejó y observaron que faltaba un pico más para llegar a lo más alto.

Sin hablarse, con las miradas se preguntaban qué iban a hacer, “no porque nos iba a costar llegar, sino porque nos iba a costar volver”, explica Reynaldo, ya que la mayor cantidad de accidentes en montañismo sucede durante la bajada.

Con la vista cansada, las mejillas rojas y frías por el viento fuerte, los tres determinaron desde aquella cima falsa que debían culminar la aventura, es decir, seguir escalando durante hora y media. En ese trajín, Carlos veía un poco del lago Titicaca, los glaciares, montañas, por lo que cuando se encontraba a 10 metros del pico comenzó a grabar el video que inmortalizaría el momento; pero así como los dioses construyeron un muro gigante para evitar la llegada de los mortales, también cubrieron de nubes todo el panorama, lo que les impidió ver desde los 6.427 msnm, que fue el recibimiento del nevado encantado de Sorata.

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