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El ministerio de educación y las artes

El ministerio de educación y las artes.

El ministerio de educación y las artes.

La Razón (Edición Impresa) / Manuel Monroy Chazarreta / La Paz

00:00 / 06 de diciembre de 2017

Para qué sirve el arte? ¿Y los artistas? ¿Dónde estamos en el actual momento histórico los que nos dedicamos al arte? ¿Es importante formar artistas? ¿Hay que gastar plata en el arte? ¿Para qué? ¿Es gasto o inversión? El asunto es que siguen naciendo artistas en Bolivia. Es inevitable. Miles de jóvenes bolivianos estudian arte, quieren ser profesionales en diferentes especialidades, cada vez hay más guitarristas, directores de cine, literatos, pintores, fotógrafos, bailarines clásicos y folklóricos, coreógrafos. Siguen naciendo directores de teatro, novelistas, cellistas, editores, camarógrafos profesionales, guionistas. Un ideólogo indigenista me decía que la palabra artista no existe en las cosmovisiones originarias, “todos somos artistas en nuestras comunidades”, decía;  “todos tocamos tarkas, bailamos kullawada y cocinamos también”. “No hacen falta artistas”, me decía esta autoridad originaria. Es posible que esta filosofía mande ahora en el Ministerio de Culturas, cada vez más lejano de los artistas.

Es el Ministerio de Educación el ámbito donde actualmente se valora esta profesión de fenómenos, de raros, de artistas, de rebeldes, allí fueron a parar el Conservatorio de Música y sus notables docentes, las escuelas de bellas artes y sus pintores, las escuelas de ballet con sus diferentes tendencias, las pocas escuelas de teatro. Menos mal que el ministro de Educación Roberto Aguilar tiene sensibilidad artística, sabe que el arte es memoria, identidad, imagen/país, historia, ética, espiritualidad, estética, patrimonio; valores que el desarrollismo no considera. En la gestión de Aguilar se ha creado un equipo reducido de tres técnicos de formación artística, comandado por Verónica Armaza, que con gran esfuerzo logró consolidar algunas licenciaturas y técnicos superiores en el país. Yo estudié aaaños  en el Conservatorio, horas de horas dándole al instrumento, tratando de entender sinfonías y corales; aquellos directores formados en el eurocentrismo siempre cambiaban el pénsum y volvíamos a empezar, querían que todos seamos como Segovia, al final nunca nos reconocieron nada académicamente, pese a tantos años de estudio. Luego pasé a ser docente de la misma institución dictando clases por 13 años, tengo exalumnos que ahora son célebres artistas del escenario, la Sinfónica, la composición y la docencia. Sin embargo, tampoco se reconoció este silencioso trabajo, realizado mediante contratos temporales de febrero a diciembre que no aportan jubilación alguna. A muchos artistas y docentes bolivianos de arte nos pasó esto.

Es verdad. Los grandes artistas no fueron formados en academias, más bien en talleres que coordinan maestros de arte con una gran dosis de trabajo autodidacta guiado. Pero en este mundo de títulos, diplomados y maestrías es importante un reconocimiento aunque sea simbólico de este trabajo simbólico con el que debemos mantener simbólicamente nuestros hogares. Nosotros no tenemos tierras ni otros negocios, minibuses, autos, radios, nos dedicamos al arte nomás…

Por todo esto deseo resaltar el compromiso del Ministerio de Educación y de este equipo de técnicos que han logrado ocuparse del arte en estos años, mediante la Ley 070 de Educación Avelino Siñani/ Elizardo Pérez, para reconocer, jerarquizar y promover la formación superior artística en todo el país. Gracias a este trabajo sabemos que hay cerca de 5.000 jóvenes bolivianos estudiando arte a nivel profesional (pese a la oposición de los padres, en la mayoría de los casos) en 29 instituciones públicas de formación artística y que ahora sí les darán un título, el 49% de estas entidades están dedicadas a la música, el 26% a las artes plásticas, el 15% a la danza, el 2% a las artes visuales y el 8% al teatro. No todos los jóvenes quieren ser ingeñeros o abogados pues.

Deseamos también agradecer a este ministerio la institución del Título de Maestro de las Artes, mediante la Resolución Ministerial 427/2014 del 12 de junio de 2014, que reconoce a personalidades bolivianas de las artes y las letras por su trayectoria artística y de docencia. Unos 100 bolivianos fueron honrados con este diploma, maestros de las artes plásticas como Enrique Arnal, Gil Imaná, Gustavo Lara, Lorgio Vaca; cineastas como Jorge Sanjinés, Antonio Eguino, Alfonso Gumucio; maestros de la danza como Manuel Acosta, Melo Tomsich; maestros de la música como Atiliano Auza, Matilde Casazola, Ernesto Cavour, Alberto Villalpando, Luis Rico, Fernando Arduz, Hugo Monzón; directores de teatro como David Mondacca, David Santalla, Hugo Pozo, Guido Arce, artistas de corazón y oficio que se las juegan día a día en esta dura realidad que subraya otras prioridades o sencillamente niega esta profesión.

El martes 21 de noviembre de 2017 recibimos del viceministro de Educación Superior, Eduardo Cortez, el Título de Maestro de la Artes: la bailarina y coreógrafa Mónica Camacho, el gran director de orquesta y coros Ramiro Soriano, el arreglista, docente y pianista Eynar Guillén, el quenista Marcelo Peña y este servidor que atónito y con emoción escolar obtuvo su diploma. Luego, el equipo del ministerio se va por el país a entregar este título a artistas cruceños, benianos, cochabambinos y tarijeños incluidos en esta nominación 2017. Mil gracias al Ministerio de Educación por el reconocimiento a los artistas bolivianos, por el solemne acto y la medalla labrada en nuestros corazones.

  • El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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