Escape

Un mecanismo hecho en Bolivia

Yuri Valeriano creó un sistema para minibuses con puertas automáticas.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos / La Paz

00:00 / 28 de febrero de 2018

Yuri Valeriano (43 años) parece no darse cuenta del frío ni del agua que moja su chaleco y su camisa albinegra, en una tarde paceña en que no ha parado de llover. Es que está a punto de terminar su trabajo y quiere hacerlo lo mejor posible, porque es el inventor de puertas automáticas para vehículos de servicio público.

En una ciudad con incontables subidas y bajadas es difícil para el pasajero abrir o cerrar la puerta de los minibuses, pues el peso lleva, en muchos casos, a arriesgarse a hacerse morder los dedos o dejar que el portón de acero se salga de su carril.

Carlos Endara, chofer asalariado de un minibús Toyota Búfalo, aprieta un interruptor a la izquierda del volante y de manera automática se abre la puerta del lado derecho, con el acompañamiento del sonido de advertencia. “Es sencillo, un botón dice arriba para abrir y otro que señala abajo para cerrar”, explica el conductor que tiene este sistema desde hace tres años.

“A veces, la necesidad obliga a pensar más”, dice Yuri cuando termina su trabajo, quien tiene los dedos manchados de grasa como tatuaje de su lucha en la vida.

En una familia de siete hermanos, al profesor Pedro Valeriano se le hacía complicado mantener a su esposa e hijos. “Cuando se jubiló, en la olla faltaban ingredientes, porque éramos una familia numerosa”, recuerda Yuri, quien al ser uno de los hijos mayores debía intercalar sus clases en el colegio con el trabajo como ayudante en un taller de mecánica.

De esa manera se interesó por los fierros, en especial para copiar la forma de las piezas que hacían falta en un vehículo, lo que le llevó a estudiar tornería en FOMO (Servicio de Formación de Mano de Obra), que años después se convirtió en Infocal (Instituto de Formación y Capacitación Laboral). “La tornería te abre esos campos, de innovar, de copiar las piezas que no había para vender en esos tiempos”, cuando la urbe contaba con el servicio de micros para transportar a la gente.

Desde su punto de vista, uno de los efectos positivos del Decreto 21060  —que, entre otras determinaciones, decidía el despido de miles de mineros asalariados en el país— fue que varios desempleados importaron minibuses Toyota o Nissan para trabajar en el servicio público, que además “dio trabajo a mecánicos, rectificadores, balateros y chapistas”.

En ese tiempo, Yuri se lastimó la vista cuando intentaba soldar partes metálicas, así es que decidió trabajar como minibusero. “He sido el primer ‘maletero’ —quien trabaja de únicamente de noche— del Sindicato Simón Bolívar”, matiza.

“Ser conductor de minibús no se trata de sentarse y manejar, no es tan fácil, porque para conducir un vehículo se necesitan los cinco sentidos”, explica. No obstante, lo que más agobiaba a Yuri era la falta de jóvenes que le ayudaran a abrir la puerta. “Te fallaban cuando más los necesitabas, en las horas pico. Me decían que tenían un asunto importante y se iban sin decir más”.

Sus dolencias visuales, el trabajo durante las noches y la falta de ayudante hicieron que Yuri determinara volver a la mecánica, aunque con un objetivo claro: crear una puerta automática en los minibuses para prescindir de los cada vez menos ayudantes, y facilitar el ingreso y salida de pasajeros.

Comenzó con un sistema de palancas similar a los que tienen los micros, que no satisfizo al inventor porque “es como un paraguas, que cuando fuerzas el mecanismo se desprenden las palancas”.

El tornero probó con el sistema de aire que emplean los buses, pero el resultado fue negativo debido al desgaste prematuro del equipo, ya que estas puertas deben abrir y cerrar más de 350 veces al día.

El tercer intento fue con el sistema de cable, “similar al freno de mano”, aunque la fricción continua ocasionaba el desprendimiento de las hebras metálicas. Después de casi ocho meses de estudios y pruebas, Yuri se sentía agobiado y estaba a punto de desistir en su proyecto, en especial por las deudas que había contraído con las entidades financieras para poder concretarlo.

“Hay que llevar el sustento mínimo a la casa, y cuando mis hijos me preguntaban si podía comprarles una bicicleta, tenía que decirles que no porque debía dedicarme más a la deuda”. La voz de Yuri suena entrecortada hasta que al final deja de hablar y mira a la pared, como si ahí estuviera el resumen de todo lo que pasó durante aquellos años.

“A veces, la necesidad obliga a pensar más”, reflexiona el torneador, a quien se le ocurrió otra alternativa: un sistema electromecánico que trabaja con un motor y siete poleas, parecido al teleférico. “Fue un éxito total porque la cadena soporta todas las inclemencias del tiempo, desde la lluvia, días con mucho sol y con polvareda”.

Para llegar a esta meta tuvo que trabajar varios días casi sin dormir, con mareos incluidos —confiesa—, pues una persona le dio su confianza al entregarle su minibús para que probara el nuevo sistema.

Por esa razón no olvida a Ernesto Aliaga —su primer cliente—, ni aquel 22 de octubre de 2011, cuando abrió la puerta automática por primera vez en un minibús de servicio público. De cuatro días que utilizaba para hacer el cambio, Yuri acortó el tiempo a siete horas, y del sistema mecánico pasó al electrónico, con miras a pasar al digital, “y con eso estaremos servidos”.

Desde su taller Sólo Puertas —ubicado en la avenida Kollasuyo esquina Madidi, en Bajo Mariscal Santa Cruz—, hasta el momento ha modificado 425 vehículos en La Paz, 15 en El Alto, cuatro en Cochabamba y dos en Potosí, con un costo de Bs 4.900 ($us 700) por sistema.

A pesar del éxito que ha obtenido, todavía manda cartas a autoridades locales y nacionales, no para que buscar préstamos, sino para que se fomente a las personas que tengan alguna iniciativa. “Un invento es una necesidad, no es algo que te va a salir tan fácil, es una necesidad que puede hacer feliz a mucha gente”, afirma antes de seguir mejorando su invento.

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